Por Edgar Vidaurre
La colina es oscura en el cielo claro.
Allí se enmarca tu cabeza, que mueves apenas
y acompaña ese cielo. Eres como una nube
vislumbrada entre ramas. En los ojos te ríe
la extrañeza de un cielo que no es tuyo.
La colina de tierra y de hojas encierra
con su masa negra tu vivo mirar;
tu boca tiene el pliegue de una dulce hondonada
entre costas lejanas. Pareces jugar
bajo la gran colina y el claror del cielo:
para agradarme repites el paisaje antiguo
y lo vuelves más puro
Pero vives en otra parte.
Tu tierna sangre se hizo en otra parte.
Las palabras que dices no se avienen
con la áspera tristeza de este cielo.
No eres más que una nube dulcísima, blanca,
enredada una noche entre ramas antiguas.
Cesare Pavese.
La lengua italiana, tal vez la última de las lenguas románticas en constituirse (siglo XIII), ha estado sometida al intenso ciclo de cambio y revolución sensible, místico e intelectual que ha caracterizado a los hombres y mujeres de esa parte del mediterráneo. Más allá del culto y clásico Latín y mucho después de la trova Provenzal irrumpe esta lengua, cuya primera manifestación literaria y poética es casi sin duda aquellas Fioretti de San Francisco de Asís, y los cantos amorosos de los santos juglares de Dios. Poco después de la revolución mística de Francisco, y a través de esta lengua recién nacida, surge uno de los paradigmas humanos en su máxima expresión de potencia creadora: Dante Aligheri con su magnífico viaje de purificación redentora hacia la contemplación inefable de Dios. Nuevamente la revolución humana que constituyó el Renacimiento, tiene su máxima expresión poético-literaria en El Cancionero del Petrarca y buena parte de los artistas Florentinos incluyendo a Miguel Angel quien compuso sonetos de la belleza extraordinaria. Ya en el Cinquecento, empiezan a surgir mujeres con una voz poética inspirada y apasionada como Vittoria Colonna, Gaspara Stampa, Tullia D´Aragón y Verónica Gambara. Aún bajo la influencia de Petrarca, la literatura italiana sigue provocando movimientos novedosos como el Marinismo que se mantuvo vigente en el barroco y neoclasicismo hasta la llegada del romanticismo y Giacomo Leopardi quien con sus Canti, no sólo se convirtió en la voz más pura del romanticismo italiano, sino del romanticismo universal a través de una voz poética que nos impone una profunda y desesperada visión del mundo determinado por la soledad, el dolor, y la muerte.
Como siempre, ha sido el impulso renovador y purificador del alma italiana, lo que dará la pauta a las manifestaciones literarias. El gran movimiento que se denominó II Resorgimento guiará a los pensadores y poetas italianos, hacia el Novecento, que verá nacer a Giuseppe Ungaretti, Eugenio Montale, Salvatore Quasimodo, y a Cesare Pavese. Es aquí, en este punto del transcurrir literario de la península donde hace su aparición la voz poética, encarnada en la muchacha que fue Antonia Pozzi. Nacida en Milán en 1912, a los veinticinco años había sido tal vez la única mujer de su generación en culminar estudios superiores y postgrado en letras en la universidad de Milán, siendo por lo demás, la alumna más destacada. Mujer de una belleza física y espiritual extraordinaria, a los veintiséis años ha escrito la totalidad de su obra poética (el poemario Palabras -Parole- Pozzi, Milán 1938) bajo la premisa de una ética-poética de vida que no le permitió concesiones ni amparos a su incesante e intensa visión de la existencia, como un tránsito apasionado, amoroso, pero determinado por la profunda soledad y el desarraigo, en un mundo no menos amado que ajeno, desde donde vislumbra la otra orilla infinita. Así, esta mujer que nos ofrendó su canto y su amor, nos ofrenda también su vida el 3 de Diciembre de 1938, envuelta en los crepúsculos de la campiña lombarda.

FUNERAL SIN TRISTEZA
Esto no es estar muertos.
Esto es volver al pueblo, a la cama.
Claro está el día
como la sonrisa de una madre que había esperado
Campos de escarcha
árboles de plata
crisantemos rubios
las niñas vestidas de blanco con velos color de aljófar
voz del color del agua aún viva entre de tierra.
Las llamas de las velas desmayadas en la luz matutina
dicen lo que es este desvanecer de las cosas terrenas.
Dulces, este volver de los humanos por puentes aéreos de cielo
por cándidas crestas de montes soñados
a la otra orilla
a los prados del sol.
Ese desarraigo del mundo, esa soledad impuesta por un espíritu de potencia sensible desbordante, no podía permitirse el amparo ni el consuelo de nada que no fuera el propio latido esencial de su interior. Es verdad que ella ama profundamente las colinas leopardianas, que su mirada retorna hacia el mundo de Virgilio, de Cátulo, que su alma es hermana de la de Safo, que sobre sus dulces hombros pesan todas las circunstancias históricas y sociales que su entorno le impone. Pero esa mujer ha decidido que el camino a seguir no acepta descanso ni apoyo. Ella se aparta de todos los movimientos de vanguardia en cierne. Más allá del surrealismo recién proclamado, del hermetismo cuyas determinaciones estéticas serán superadas más tarde por sus contemporáneos, en especial por Cesare Pavese (1908-1950), está vibrando, está existiendo esta mujer que se interroga así misma por esa existencia que le empuja inexorablemente a la soledad.
SOLEDAD
Aunque el olor de las hojas nuevas te despierte a un deseo de humanos sol
y el ocaso aún no transfigurado en noche
te empuja por caminos de tierra,
lejanos los umbrales apagados del cielo,
inútilmente buscas a quien pueda en esta hora
llegar a través de tu deseo junto a tu corazón.
Verdad es que nadie llega a tu corazón inaccesible.
El está hecho solo.
Réprobo a los gritos de sus golondrinas.
VOZ
Tenía voz en ti el universo de las cosas mudas
las esperanza que está sin alas en los nidos
que está bajo tierra no florecida.
Tenía voz en ti el misterio de la tarde
lo que junto a una muerte quiere tornarse vida.
El hilo de hierba bajo hojas podridas.
La risa primera de un niño salvado
al lado de una agonía
en un corredor de hospital.
Ahora, cuando de las altas ramas de los campanarios
cae un repique
y en el corazón se hunde
como un fruto en el campo arado
entonces,
tiene voz tú en mí
con esa nota amplia y sola
que dice los sueños sepultados del mundo
y la oprimida nostalgia de la luz.
Oprimida nostalgia de la luz. Como una flor amanecida en los sueños sepultados del mundo, esta mujer clama desde una isla de luz donde la muerte quiere tornarse en vida, con una voz y un canto sereno, abarcante, como el de una campana. Canto que nos hunde de nuevo en la tierra como los frutos. Ella ha decidido desprenderse del mundo. Ella ha entrado en el camino del morir. Pero no por que odie a ese mundo; muy por el contrario, ella ha amado demasiado. Aún desde su interrogada existencia, ella ha amado a todas las cosas de este mundo y sobre todo, a las cosas mudas, a la hierba que se levanta sobre las hojas podridas, a la risa de un niño resucitado, con un deseo, una esperanza ya sin alas, hundida en la tierra, lejos de la flor decidida a dejar constancia de ese amor que se irá también inexorablemente como ese mismo niño perdido entre sus manos. Un alma que ya no acepta la existencia en este mundo. Un cuerpo que tampoco se la otorga más allá de ella misma, porque Dios ya no nos mira, porque no pudimos ser liberados en él.
HUBIERA SIDO
Anuncio hubiera sido de lo que no fuimos.
De lo que no fuimos y ya no somos más.
La poesía amada por nosotros y nunca del corazón separada
Tú la habrías cantado con tus gritos de niño.
La única espiga eras tú
el tallo de nuestra inocencia bajo el sol..
Mas te quedaste allá con los muertos
con aquellos que no nacieron
con las aguas sepultadas
apagado amanecer a la lumbre de las últimas estrellas.
No ocupa ahora tierra sino sólo corazón
tu invisible ataúd
alma
y tú has entrado en el camino del morir.
MATERNIDAD
Pensaba tenerlo en mí antes que naciera
mirando el cielo, la hierba, los vuelos de las cosas livianas,
el sol, para que todo el sol bajara en él.
Pensaba tenerlo en mí tratando de ser buena,
buena para que toda la bondad vuelta sonrisa creciera en él.
Pensaba tenerlo en mí hablando a menudo con Dios
para que Dios lo mirara y nosotros fuéramos libertados en él.
La muerte, la vida, la muerte: el amor, una sola estancia, único lugar para esta mujer en flor, para esta mujer-flor, para esta muchacha enamorada. Nunca hubo un antes, no existe después, sólo el instante, breve y apasionado, apasionado al extremo de abrirse en una sonrisa de pudor, sonrisa santa, que dice las grandes entregas. Ella, como una gran amante, lo sabe. Ella se fragmenta, esparce su aroma como si fuera su hijo, que le sobrevive y se queda con nosotros para iluminar la tierra.
PUDOR
Si alguna de mis palabras
te deleita
y tú me lo dices
aunque sea sólo con tus ojos
Yo me abro
en una sonrisa santa
mas tiemblo
como una madre pequeña, joven
que empieza a sonrojarse
si un pasante le dice
que su hijo es bello.
REFLEJOS
Palabras – vidrio
que infielmente
reflejas mi sueño –
en vosotras pienso después del ocaso
en una oscura calle
cuando sobre los cuencos cae una lluvia de vidrios
fragmentados a lo largo
esparcida en la tierra iluminada.
Breve instante, como una mirada, como la lluvia, como los sueños tal vez, nacidos en el reflejo de un cielo que no es, ni será suyo. Breve instante apasionado del que sólo queda el llanto y una áspera nostalgia de enamorada.
AMOR DE LONTANANZA
Recuerdo en la casa de mi madre
en medio de la llanura
una ventana que se abría
a los prados; al fondo, la orilla boscosa
escondía al río Ticino, aún más al fondo
Había una líneas sombría de colinas.
Yo había visto el mar
tan solo una vez, mas le guardaba
una áspera nostalgia de enamorada.
Hacia la tarde fijaba el horizonte
entornando un poco los ojos, acariciando
contornos y colores en las pestañas
y la línea de colinas se suavizaba
trémula, azulada: a mí me parecía el mar
y me gustaba más que el mar verdadero.
LA VIDA SOÑADA
Quien habla conmigo
no sabe que yo he vivido otra vida
como aquel que te dice un cuento o una parábola santa.
Porque tú eras la pureza mía,
tú cuyas lágrimas dulces corrían en la profundidad de los ojos
si mirabas hacia arriba y así te parecía más hermosa.
Oh velo tú de mi juventud
mi vestidura clara, verdad desvanecida
Oh mundo luminoso de toda una vida que fue sueño tal vez.
Por haberte soñado mi vida querida
bendigo los días que me quedan
que sirven para llorarte.
Desde su interrogada existencia, ella nos dice que nuestro destino es la imposible pureza, la soledad del desierto, la soledad infinita del desierto, nosotros tan fugaces como aquella Retama o flor del desierto que nos diera Leopardi. Pero esa mujer, como flor del desierto, sigue sin hacerse concesiones, sigue amando, pero sin concesiones. Tal vez y únicamente la de la oración, la de la plegaria, pero aún así, sin ritual: una plegaria despojada.
PLEGARIA A LA POESIA
Oh tú bien me pesas
el alma Poesía:
Tú sabes si fallo y me pierdo
Tú que entonces te me niegas
y callas.
Poesía, contigo me confieso,
pues eres mi voz más profunda.
Camine por un prado de oro que era mi corazón
roto la grama, pisoteado la tierra
esa tierra donde me diste el m{as suave de tus cantos
donde al amanecer por primera vez
vi volar una alondra en el sereno
y con los ojos traté de subir.
Poesía, poesía que eres mi remordimiento más profundo
ayúdame tú para que vuelvas ha encontrar
mi alta comarca abandonada.
Poesía que sólo te entregas
a quien con ojos de llantos te busca
hazme digna de ti nuevamente.
Poesía que me miras.
Ah! volver. Volver aunque sea sólo un instante, para dejar constancia de ese amor, soñado amor que sale de las sombras para volver. Fugaz pero intensa evidencia de la existencia, transfigurada en un inmenso cielo de verano al amanecer, breve y profundo como el trino de una alondra que mide la dorada y abarcante eternidad.
Por Carmen Cristina Wolf
Escribo para que la muerte no tenga
la última palabra.
Odysseo Elytis
Luego de cinco novelas y numerosos ensayos publicados, el escritor Álvaro Pérez Capiello ofrece a los lectores El desván de lo oculto, que plantea a través de atrayentes acontecimientos el eterno enigma del destino. No voy a adelantar nada de lo que vamos a escuchar, para que la vida nos sorprenda y nos conduzca por extraños senderos.
Álvaro Pérez Capiello es venezolano, economista egresado de la Universidad Católica Andrés Bello con postgrado en Barcelona, España. Sus novelas son: Guardatinajas, Sombras bajo el Sol, Laberinto de Ilusiones y El Bar de Luso, que recibió la Mención de Honor del Premio de Novela Enrique Bernardo Núñez. Su obra aparece en numerosas antologías locales y foráneas. Su último libro de cuentos, Entre la verdad y el engaño, fue editado en el 2007. Es columnista de importantes diarios y revistas en Venezuela y el exterior.
A continuación transcribo un párrafo que revela la incesante curiosidad de Pérez Capiello por indagar y describir a los individuos y la movilísima forma que rodea sus vidas:
“Reinventarse implica reconocerse, extraer señales de ese caos aparente del quehacer cotidiano, contemplar sin prejuicios el entorno como un niño que se asombra ante la poesía de las formas sin juzgarlas.”
Se descubre en su escritura la influencia de las interminables lecturas e investigaciones acerca del pasado, para descubrir en él claves de la causalidad presente y emprender caminos de cambio. Pérez Capiello señala en un libro anterior, Entre la verdad y el engaño: “Durante el medioevo, cuando el valor supremo, el centro de las artes y de la cultura era Dios mismo, alzaron vuelo las catedrales, los retablos, la más pura expresión de una sociedad que elevaba sus ojos al cielo. Posteriormente el hombre se convierte en el principio y fin de la obra creadora y ocurre así un Renacimiento, un deseo de descubrir los misterios e imponderables del mundo…. la alternativa es apelar a la vida como un don precioso capaz de estallar y reconstruirse eternamente. (…) Aceptar nuestra herencia divina para así poder crear, indagar y ser libres. “
Finalizo con esta frase de Alvaro: “Somos aquello que hemos sido y también aquello que seremos … En definitiva, sólo quienes creen en la muerte pueden desaparecer.”
Amigos, a continuación entraremos en El Desván de lo Oculto. No está de más llevar en el pecho una cruz de San Andrés, por si tenemos que abrir algún portal desconocido.

Por José Tomás Angola Heredia
El arte teatral en Venezuela es un continuo, una serpiente que se muerde la cola (Guillermo Meneses dixit). El que no lo crea o es un soberbio o un ignorante. En este principio de siglo los dramaturgos que cargamos el ataúd del teatro (no vayan a dudar que el teatro en Venezuela parece más un cadáver que un saludable hombre) somos los herederos de lo que escribieron Otazo, Ayala Michelena, Rafael Guinand, Leo, Luis Peraza, Rengifo, Aquiles Nazoa, Ida Gramcko, Pedro Berroeta, Uslar, Ricardo Acosta o José Ignacio Cabrujas. Negar eso sería como negar la influencia que hoy tienen, directa o indirectamente, Isaac Chocrón, José Antonio Rial, Gilberto Pinto, José Simón Escalona, Alejandro Lasser o Levy Rossell. En los últimos años se puede sentir ese nudo gentil que ata a los nuevos escritores con los que ya se han consagrado: De otra manera cómo se entendería el acompañamiento de Rodolfo Santana a la obra de Gustavo Ott o a Gerardo Blanco lanzando al ruedo a Mónica Montañés o incluso la estimulante presencia de Xiomara Moreno al lado de León Febres Cordero. Somos una silenciosa cofradía, sin escuelas formales para los dramaturgos, sin grandilocuentes gestos de filiación, pero con la certeza de que nada habría escrito Marcos Purroy, Gennys Pérez o Ana Teresa Sosa sin la lejana dramaturgia de Eduardo Calcaño o Aquiles Certad.
Pero si los dramaturgos reconocemos nuestra herencia, los directores son otra cosa. Existe un divorcio generacional y egomaníaco entre ellos. Al hablar con cualquier puestista nativo destacarán siempre las influencias de Peter Brook, Giorgio Strehler o Ronconi. Pueden analizar con admirado conocimiento la obra de Clurman o Kazan e incluso de Tomaz Pandur pero ¿y no son estos directores los mismos compatriotas de Ibrahim Guerra o de Carlos Giménez? Si bien el ascendiente internacional es saludable, el no valorar el origen, el olvidar tanto sendero recorrido por creadores que no tienen nada que envidiarle a los extranjeros es un acto de miopía. ¿Cómo un joven director con ánimos experimentales podrá obviar el trabajo de Orlando Arocha, Javier Vidal o Antonio Constante? ¿Cómo un director que le interese desarrollar el trabajo con los actores podría desconocer la labor de Horacio Peterson o Enrique Porte? No hace falta mirar a tantos kilómetros de distancia, todavía tenemos la posibilidad de hablar con verdaderos maestros, leyendas nuestras que son gratuitas linternas para los más jóvenes. Fernando Yvorsky es una de esas figuras o Kiddio España o Miguel Torrence. Nada más gratificante que una charla modesta e iluminadora con el Maestro Romeo Costea para entender la maravillosa experiencia que lo une a la evolución del teatro mundial. Pero el orgullo es una novia cruel y antojadiza. Mientras nuestros regidores sigan mirándose el ombligo, jamás entenderán que en cada nuevo montaje están repitiendo lo que alguien hizo dos o tres décadas atrás, que cada recurso que supongan nuevo no es más que la reedición de uno que usó alguien antes. Avanzar no significa partir de cero. Arrancar donde Alberto de Paz y Mateos, Juana Sujo o Juan Carlos Gené nos dejaron, es caminar con pies ajenos muchas horas de desvelo, de pasión creadora, de ensayo y error, de triunfo y fracaso.
Pero si pareciera que la soberbia se apropia de los responsables de montar en los escenarios lo escrito en un papel, también hay que mencionar el desprecio que estos tienen por la dramaturgia nacional. A Rodolfo Santana le oí decir que el problema era que nuestros directores no entendían lo que hacíamos los escritores venezolanos. Si nuestros coterráneos, con quienes compartimos imaginería, lengua y afectos, no nos entienden como sí lo han hecho españoles, alemanes, franceses, estadounidenses o gentes de otras latitudes donde se reponen las obras de Ott, Chocrón, Uslar y Santana, entonces estamos perdidos. A lo mejor es que nuestra dramaturgia no posee el reconocimiento necesario, sin embargo allí están Edilio Peña y Gustavo Ott ganando el Premio Tirso de Molina, quizá el galardón teatral más relevante para los hispanoparlantes, o las universidades norteamericanas estudiando a Chocrón y Rengifo o el cine filmando las obras de Mariela Romero o Chalbaud. Algún complejo nos embarga, el mismo que hace que al ir a una librería compremos una novela de Vargas Llosa o Sandor Marai antes que un libro de Garmendia o Adriano González León. ¿Qué misterio habrá para que nos deslumbremos por otras literaturas y desechemos lo que en realidad somos? Quizá en la propia pregunta está la respuesta. Quizá no queremos vernos como somos. Quizá nos da vergüenza reconocernos en esos espejos desgarradores que son “Lo que dejó la tempestad”, “El General Piar”, “La Revolución”, “El Juego”, “La Empresa perdona un momento de locura”, “Fotomatón”, “Acto Cultural” o “El día que me quieras”.

El teatro no puede ser un acto únicamente estético, de serlo sería vacío y fatuo. Algo hay que decir, algo hay que revelarle a los auditorios, algo hay que reflexionar en un tiempo de irreflexión.
Permítanme ahora una digresión, que me interne en el espacio de la dignidad de los artistas. Los creadores somos menos que viento sin los mecenas. Nadie habría oído jamás de Miguelángel sino hubiese tenido un Médicis apoyándolo. El trabajo del creador no es para producir riqueza material, al menos no como objetivo principal. Lo que él genera no tiene ninguna forma de ser tasado o cuantificado económicamente. ¿Alguien se atrevería a ponerle precio al “Ricardo III” de Shakespeare, alguien responsablemente me podría decir cuánto vale “Fuenteovejuna”? Lo confieso, este grito de rabia es para los burócratas gubernamentales que día a día atienden un horario rutinario de trabajo, que día a día se tropiezan con las solicitudes de grupos y artistas y que día a día sonríen con burla ante esas peticiones. En Venezuela, los creadores somos menos que recogelatas culturales. Gentes miserables que nos arrastramos por cuanto pasillo existe para pedir la limosna con la cual poder crear en un país cada vez más insensible y hueco.
Culpa tenemos, culpa de permitir el irrespeto. Dejar que del gobierno, ese ineficiente y podrido organismo, que de esa masa amorfa de esquinas inmundas provengan todos los dineros para hacer arte, es volvernos cómplices de la indolencia, la parsimonia y el estancamiento que se come a la revolución por dentro. Hay que matar al gobierno subsidiador, hay que asesinar con el puñal de Otelo los miles de escritorios frente a los que ahora se paran muchos a mendigar la sobrevevivencia. La consigna es buscar nuevas fuentes, buscar otros mecenas que nos respeten, para los que no seamos unos “sin oficio que viven a costa del gobierno”.
Nosotros somos los que hacemos el país. Y no lo digo demagógicamente. La invención del país nos pertenece. En cada sala de teatro, en cada texto teatral nace la patria, la visión universal, el retrato perenne. Abjurar de esa responsabilidad es aceptar el desprecio de esa ignorante clase gobernante que nada sabe del parto artístico. La historia se invierte: ellos son nada sin nosotros. ¿De qué vale un Ministerio de Cultura en un país sin autores?, ¿de qué valdría ser nación sin hombres y mujeres que la crearan todos los días? Por años, ni en la cuarta ni en la quinta república (división por demás maniquea y estúpida) los artistas hemos obtenido el respeto que nos merecemos. Ya es tiempo de que nos levantemos. Escribir de rodillas es muy penoso. Hacer teatro cuidando lo que decimos es vergonzoso. Con estas líneas quisiera decretar la muerte del gobierno narciso y paternal. Rompo esa prisión ignominiosa en la que nos humillan y proclamo abiertamente mi desprecio por la burocracia ruinosa. El que se respete que le escupa la cara a la revolución y me siga.

Por Alfonso Ortega*
La vez primera que, en una lengua europea, la griega, recurre la hermosa palabra prólogo, fue en el teatro griego, en sus representaciones dramáticas, según testimonio fiable de Aristóteles en su Poética (12, 1) y Retórica (3,14, 1). Antes de iniciarse la primera acción escénica, en su forma más antigua, tragedia o comedia, un solo actor abría el espectáculo para dar noticia escueta, pero esencial, de la trama general de la obra, sin ofrecer claves reveladoras, dando siempre opción y derecho a la tensión requerida, además de suplicar agradecidas disculpas para las deficiencias y errores de autores y actores. Como para sí mismo deseaba, por vez primera en la lengua de Castilla, Gonzalo de Berceo en su principal obra Vida de Santos, con su cuaderna vía.
La pretensión de todo prólogo, supuestas adelantadas disculpas, consiste, según los componentes del vocablo pró-logo, razonamiento previo para la comprensión del texto, del principal pensamiento e ideas conductoras de la trama, del hilo o tejido, como indica esta preciosa metáfora. Recuperando el número diez, que Virgilio hizo clásico para la Historia de la Literatura Latina en sus diez Églogas, diez son también, como en las Tablas de la Ley Mosaica, lo que bien podría denominarse estampas vivas del alma de un poeta, de Alfredo Pérez Alencart.
Cada una de ellas, con su inicial apelación imperativa a ÉL -a quien se nombra, sin nombrarlo en parte alguna del texto, como se muestra en el interior del texto: II 5, nútreme; condéname, Ábreme; III 2, 7; Aparta de mis mañanas; IV 6; Despiértame, y abrígame; V 12, 13; rebélate; VI 2; y átame, VII 1; Enlístame, devora, y regálame, VIII 10, 13; Ayúdame, ayúdame, X 12, 13. EN NOMBRE DEL HIJO es el dramático monólogo, con esperada y urgente respuesta necesitada, abierto en infatigables imperativos, con la impetuosidad de ritmos yámbicos, acentualmente ascendentes, podríamos decir al gusto de un clásico latino, sin excepción alguna al comienzo de cada una de estas intensas y clamorosas efusiones del alma, como infrenables torrentes del corazón creyente, en los que apenas hallan reposo estilístico dentro de las sobrias puntuaciones mayores, cual revelan ellas en sus reiteradas ausencias. Porque aquí no caben artificios. También el corazón tiene sus propias normas y estilo. Pues todo es aquí alma en vilo, fe profunda y desazón creante, esencias culminantes y tajantes sorpresas. Con los acumulativos gerundios, delatando tensiones y acciones incesantes.
Casa en Bedar, España
Importa proceder con orden, como avisaba Ortega y Gasset en su visita a El Escorial. Porque también aquí nos desafían sustancias objetivas. Es recordación veraz y legítima, cuando se pretende introducir método, abrir camino a la contemplación de estos ciento treinta y tres versos de EN NOMBRE DEL HIJO. Si la forma ha de ser exigencia del contenido y el contenido a su vez interioridad de la forma, son manifestación sensible de estas diez revelaciones del alma, como es palpable, las ardorosas e imperativas apelaciones del poeta en busca de auxilio apremiante, en estas estancias, que exceden, en número y sílabas, prescripciones tradicionales, y realmente representan cauces nuevos para tantas incontenibles emociones del espíritu. Materialmente impresionan las veintitres formas gerundivas, insinuadoras de actividad y eficacia permanentes, interminables, que desafían categorías temporales, aun a costa de las catorce sílabas tradicionales del esquema literario, pero abriendo más ancho cauce a los desbordantes anhelos del alma, ahora en predominantes diecisiete sílabas en cada uno de sus versos; los extensos períodos o frases con estructuras sintácticas extensas, de un solo aliento, gracias a esos insistentes gerundios en un solo período: yendo y viniendo, recibiendo, haciéndose, desbautizando. O los clamorosos imperativos, frente a la desolación y el desamparo al principio de cada estancia: Descorázame, I, 1; Adviérteme, II, 1; Señoréate, III, 1; Desclávate, IV, 1; Respóndeme, V, 1; Rebélate, VI, 1; Enmiélate y átame, VII,1; Enlístame, VIII, 1; Compréndeme, IX,1; Ayúdame, X, 1.
Si el análisis gramatical y de técnicas literarias se hallan al alcance de todo entendido lector de poesía, de mayor y más esforzada tarea sería la exposición debida al impresionante contenido religioso, de ascesis y de mística, en estos textos palpitando. Casi con sacrificio de sí mismo el poeta, que tan intensamente siente y piensa, desearía -aunque no parece sea posible-, dejar de sentir: Descorázame el corazón (I, 1), quitarse la coraza de hierro del corazón, que de tantas lamentables experiencias inmuniza. ¿Será esta súplica el reconocimiento cabal de irrealizables tareas? Porque, ¿quién posee poder tan alto como para levantar en vilo al mundo o apaciguar barbaries? Dicho todo ello de modo infatigable, sin puntual reposo sintáctico, desde la primera a la última palabra (I, 1-13).
Con menor urgencia sintáctica, con puntuación mayor en el cuarto verso, el poeta conocedor de las contrarias razones del corazón, suplica advertencias, cuando no sepa acudir a la defensa de Él, con toda tu realidad posible, del Dios rogado sin nombrarlo, suplicando tras el balbucir de palabras extinguiéndose, aunque no aparezca el nombre del Invocado (II, 1-4). Para ello sería necesario nutrirse, de lo que no es estrella ciega, de cuya luz se ilumina la larga petición, que parece insaciable en el poder, sin fatiga, de los nueve versos siguientes (5-13).
El poeta conoce fronteras y límites y, sin embargo, solicita apertura al silencio del ateniense -y paulino-, Desconocido e innombrado en estos versos, aunque Él se halle presente a toda acción del hombre. Mas no sin antes haber solicitado el ser aherrojado a cadena perpetua, cuando los ojos, la lengua y el oído se hacen venables; renuncien a delatar el delito demoníaco, la soberbia, la venta de sí mismo, y el lujo que adormece y embota. De estas redes sólo cabe libertad con la súplica apremiante: Ábreme tu silencio (III, 7), en un ruego incansable, sin puntos de reposo, hasta el final de esta parte segunda (8-13). Porque tiempo es entonces para cantar un salmo desconocido, que recuerde la obligación solidaria a favor del vientre de los necesitados, de gargantas destinadas a tragar restos del festín / de quienes delictuosamente -se dice aquí en este insólito adverbio heptasílabo (¿recién creado?)-, ignoran tus hechos.
En este tono intenso y energía representativa, alguna orientación sugieren las impresiones de una primera lectura para aumentar la urgencia por soluciones divinas. Así lo proclama el poeta con intenso y creciente desasosiego, con un profundo lamento interior aflorando a los dedos, al encuentro de deseables soluciones, una y otra vez abriéndose en la primera palabra que da el tono al pensamiento: Respóndeme (V), Rebélate (VI), Enmiélame (VII), con sus infatigables estructuras de un solo período literario, anhelantes, que fluyen como torrentes incontenibles, desde el comienzo hasta el final desbordando el centro. O desde éste, anafóricamente, hasta casi su reposo en el último verso: Enlístame (VIIII, 1 y 10). Y en esta desazón interna, que casi podría generar, no se diga pesimismo, pero acaso tristeza profunda, nostalgia, que vale tanto, como indica esta palabra, dolor y desazón porque retorne el bien gozado o deseado ¿Quién ha dicho jamás algo parecido? (IX, 13): Un viento sedoso zarpa y cabecea el manzano del alma mía. O esto otro (VII, 1): Enmiélame angélicamente y átame a tu senda polvorienta. O en la última estancia (X): Ayúdame a ayudar todas las jornadas puertas afuera (v.1), con su anhelante conclusión: Ayúdame, hermano, que hablo a solas en tus aurículas./ Ayúdame, hijo de las esencias: cumplo horas de guardia.
Ayúdame a ayudar, aun a costa de poner mesura a lo que de sí mismo parece ingobernable, como es la magnitud del entusiasmo, algo paradójico, puesto que entusiasmo, como palabra griega, vale tanto como vivir en los dioses, en Dios, en trascendencia divina para entender bien y tomar parte en el dolor de todos los hombres.
He aquí al poeta que conoce su compromiso sin relevo. Porque es para él revelación inalterable, con el tradicional aleteo de inspiración divina y poética. Bien vale rememorar aquí al abderita Demócrito: Lo que un poeta escribe, lo escribe con arrobo y con un soplo divino, que es ciertamente hermoso (Fr. 18).
* Alfonso Ortega
Friburgo de Brisgovia, Alemania
*Prólogo al libro ESTOS SON LOS NOMBRES, inédito de Alfredo Pérez Alencart
Luis Alberto Machado será reconocido como uno de los latinoamericanos más relevantes del siglo XX. Entre sus libros publicados se encuentran: “Afirmación Frente al Marxismo” (1964); “La Revolución de la Inteligencia” (1975), reeditada recientemente, con mas de 600.000 ejemplares vendidos; “El Derecho de Ser Inteligente” (1978); “Canto a la Mujer” (1996); “Canto a Dios” (1998). Candidato a la Presidencia de la República en las elecciones de 1993; Ministro de Estado para el Desarrollo de la Inteligencia, durante el Gobierno del Presidente Luis Herrera (1979-1984); Secretario General de la Presidencia de la República, durante el primer Gobierno del Presidente Rafael Caldera (1969-1974); Diputado al Congreso Nacional (1964-1969);Ministro Encargado de Agricultura y Cría, durante el Gobierno de Rómulo Betancourt (1959-1964).
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Del aporte de Luis Alberto Machado por el desarrollo de la inteligencia de todos los pueblos del mundo, entre muchas otras se han expresado opiniones como las siguientes:
“El Ministro venezolano puede estar ofreciendo el regalo más importante de los países del sur al resto del mundo, desde cuando los árabes los árabes crearon el cero y en la India inventaron el ajedrez.”
Varindra Tarzie Vittachi, en la revista Newsweek
“Podríamos casi sostener que estamos asistiendo aquí, a nivel mundial, a una revolución aun más importante que desencadenó EL MÉTODO de Descartes en la Europa del siglo XVII.”
Revista Lumiere, París
“China Popular apoyará la candidatura del Luis Alberto Machado al Premio Nobel de la Paz.”
Jian Nan-Xiang, Ministro de educación de la República Popular de China.
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A continuación, dos poemas de Machado:
Tú estabas allí
al principio,
cuando Dios creó
los cielos
y la tierra.
Y la Tierra sin forma y vacía.
Y la oscuridad en el abismo.
Y el caos.
Y entonces,
Dios miró en tus ojos.
Con amor.
Y dijo Dios:
“Hágase la luz”.
Y Dios hizo la luz como tus ojos.
* Poema 1 de Canto a la Mujer, 5ª. Edición Cármina Editores
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Dios mío,
Tú sabes
que los pobres son pobres
porque no han aprendido
a dejar de ser pobres.
Y no ha habido el querer
de que lo aprendan.
Y desde Grecia
sabemos los secretos.
Y hoy podemos llevárselos a todos.
Dios mío,
la primera justicia es enseñar
al que no sabe.
Qué miserables
son los gobiernos,
los dirigentes,
los líderes,
que no les enseñan
a los pobres
a dejar de ser pobres.
*Poema 24 de Canto a Dios, 2ª edición, Cármina editores
Luis Alberto Machado, uno de los venezolanos más importantes del siglo XX.
Cuadernos de Poesía, selección de Carmen Cristina Wolf
Parques de Venezuela
Que la Luz del Bien nos guíe hacia los predios de Libertad, Tolerancia y Respeto y nos prodigue el sosiego que tanto necesitamos. Dentro de poco llegará la Navidad y la esperanza en un porvenir de Bienestar y Bendiciones en el Año 2009. ¡Salud!
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El mes de marzo de 2008 se inició con un Ciclo de lecturas dramatizadas dedicadas al nuevo teatro español, una programación del Círculo de Escritores de Venezuela y La Máquina Teatro con el auspicio de la Embajada de España en Venezuela. El proyecto fue coordinado por el escritor y director de teatro José Tomás Angola. Se presentó con gran afluencia de público y excelente crítica La llamada de Laureen de Paloma Pedrero; Barcelona, mapa de sombras de Lluisa Cunillé; ¡Excusas! de Joel Juan y Jordi Sanchez en el Trasnocho Cultural.
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El 21 de abril de este año el Círculo de Escritores presentó en el Auditorio de la Asociación Cultural Humboldt el libro “Poemas de ida y vuelta, España en la poesía de Venezuela”, con prólogo y selección de Harry Almela. El libro coeditado entre el CEV y la Embajada de España reúne una visión de la Madre Patria en nuestra poética. Es la última publicación que recogió en vida la obra de Eugenio Montejo, quien falleció unos meses después. En el evento Marcos Moreno hizo lectura de algunos de los poemas incluidos en el libro.
En el mes de junio realizamos una lectura en homenaje al inolvidable Eugenio Montejo, en el acto Poemasen Círculo, con la participación de veinte poetas, en la Sala Cabrujas de Cultura Chacao.
La Asamblea de la Organización eligió en abril de 2008 nueva Junta Directiva y Consejo Consultivo. Manifestamos nuestra gratitud a José Tomás Angola, quien se desempeñó como Presidente del CEV, por continuar apoyándonos de de una manera inteligente y generosa. La Asociación Pro Círculo de Escritores de Venezuela se convirtió en una realidad, gracias a la creatividad e iniciativa de Heberto Gamero Contín, Mecenas de la Asociación, y de José Tomás Angola, su Gerente General. . A través de su gestión se podrán cristalizar los proyectos literarios con apoyo en la investigación y la tecnología.
Con la cuota anual que generosamente aportan los escritores asociados, a partir de septiembre iniciamos nuestro espacio en la web, con la Revista. El Consejo Editorial trabajó en la definición de la Misión, Visión y Objetivos del espacio, y el escritor y editor Héctor Torres, de Ficción Breve Venezolana, con el apoyo de Jorge Gómez Jiménez de Letralia, trabajaron con eficiencia para que la página se hiciera realidad.
En el mes de octubre se realizó la presentación del libro de ensayos Ciudades y Escritores del escritor Venezolano Enrique Viloria Vera, editado por el Círculo de Escritores de Venezuela con el patrocinio de Del Sur Banco Universal, dirigido por su Presidente César Navarrete, un gran promotor de la cultura en Venezuela. El prólogo del libro es de Guillermo Morón.
En noviembre la Embajada de Chile, en alianza con el CEV rindió un hermoso homenaje a los escritores Pablo Neruda y Gabriela Mistral. Se presentó una exposición de fotografías y las Damas Panamericanas donaron un óleo de Gabriela Mistral a la Embajada. Los escritores Alejo Urdaneta, Raquel Moreno de Rojo y Alvaro Pérez Capiello leyeron ensayos sobre los autores y Carmen Cristina Wolf dio lectura a algunos poemas de Neruda y Mistral.
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Mención especial merecen las personas que trabajan generosamente para que el Círculo de Escritores de Venezuela alcance su Misión y despliegue sus actividades:
Luis Beltrán Mago, su Director General, siempre creativo y lleno de buenas ideas; Carlos Alarico Gómez, Consultor de la Junta, un hombre de iniciativas brillantes que colabora permanentemente. Enrique Viloria Vera, quien ha propiciado alianzas con importantes organizaciones culturales y con escritores relevantes de otras latitudes. Gracias a Atanasio Alegre, Eduardo Casanova, Alejo Urdaneta, Álvaro Pérez Capiello, Raquel Moreno de Rojo, Magaly Salazar, Marisol Marrero, Lidia Salas, Ligia Colmenares, Edgar Vidaurre y Carmen América Oropeza, Anabelle Aguilar, Garam Mattar, Heraclio Atencio, Isabel Cecilia González, Astrid Lander, Frank Ziccarelli y Sergio Pascual; Rosa Melo, Laura Febres, Nora Bustamente, Silene Sanabria y Maribel Proietti.. A todos los Miembros de la Junta Directiva y del Consejo Consultivo que con su actitud constructiva, se han convertido en multiplicadores de la gestión de nuestra Asociación. A los músicos Saúl Vera y Enrique Bravo, quien es también escritor de nuestra Asociación
Agradecemos especialmente a José Antonio Blasco y Diana López de Cultura Chacao, por su colaboración con la literatura venezolana, cediendo la sede de la Sala Cabrujas durante todo el presente año. A las Embajadas de España, Chile, Colombia y México, a sus Embajadores y muy especialmente a sus Agregados Culturales Juan Antonio Córdova y Juan Manuel Ramírez Pérez. A los directivos del Colegio Emil Friedman, en las personas de Pablo Argüello y Gilberto Filgueira. Gracias a los Directivos de la organización UNESCO-Iesalc por su alianza con el CEV.
Es indispensable referirnos a Alfa Editorial, con quien establecimos alianza para interesantes Foros y presentación de nuevos libros. A Ficción Breve Venezolana, siempre atentos y solidarios en la reseña de nuestros eventos. A Letralia Tierra de Letras, Prometeo Digital, Palabras Diversas, PublicARTE, a la revista Literanova de Eduardo Casanova; a las revistas de Enrique Gracia Trinidad; a los Directivos del Trasnocho Cultural.
Finalmente, a todos ustedes, nuestros consecuentes Amigos que apoyan la labor de los escritores, muchísimas gracias y un Feliz Año Nuevo.
Foto: www.venezuelatuya.com
Una asociación civil sin fines de lucro creada con la misión de reunir a los escritores para conocer, estudiar, investigar, promover y divulgar sus obras, ideas y proyectos; propiciar la investigación y creación de una base de datos de los autores y libros publicados; promover la incorporación de escritores de otros países y en líneas generales, proyectar la literatura venezolana e hispanoamericana.