Por LIDIA SALAS
Esta novela recrea la historia mítica de las fundadoras de la aldea de inmigrantes alemanes, en las altas montañas de Aragua, conocida como La Colonia Tovar.
Inés Onferdingen de Tovar cierra el periplo de quienes la precedieron. Pioneras que llegaron a estas tierras, para partir a Europa, huyendo del estigma de sus propias pasiones. Retornan de nuevo atraídas por la magia de un paisaje que conforma parte esencial de la estructura del relato y de las casas que habían abandonado, en cuyas paredes se reflejan, como en mágicos espejos, la belleza de sus cuerpos y de sus cabelleras.
Las voces de Lotte, de sus hijas: Kina y María Manuela, de su nieta Eugenia, se escuchan detrás del relato de Inés, la última descendiente de una estirpe de mujeres apasionadas, artistas, pero sobre todo, trágicas. Trama donde interactúan personas históricas, como la baronesa Von Keller y el escritor Juan Liscano, junto con los personajes de ficción.
Páginas que seducen al lector, por la propuesta de una nueva realidad, donde verdad y leyenda se confunden, en un lenguaje pleno de belleza, de poesía y de imágenes oníricas.
LIDIA SALAS
Poeta, ensayista
En el marco del Día Internacional de la Mujer, fue presentado en el Despacho Rectoral de la Universidad Central de Venezuela, el libro La Mujer: Ciudadano de Segundo Orden.
Sonia Sgambatti, escribió el libro La Mujer: Ciudadano de Segundo Orden, donde plasma todos los hechos que enmarcan la discriminación social y sexual hacia la mujer en el plano constitucional y legal en Venezuela.
Hoy día, nadie podría creer que la mujer en la sociedad venezolana, era considerada un ser humano de segundo orden supeditada a leyes anacrónicas que la trataban poco más que un objeto.
Con este libro Sonia Sgambatti persigue dar una versión objetiva de la situación de la mujer con respecto a la legislación venezolana y estimular la necesidad de colocarla en un rango de igualdad que redunde en la armonía entre los sexos y en beneficio de una sociedad justa.
El libro ha sido comentado por figuras señeras de nuestra patria.
Sofía Imber, opina que el resultado es un libro de erudición y doctrina jurídicas que tomará sin duda un puesto importante en las bibliotecas especializadas y en las cátedras de derecho; y que es a la vez un texto viviente, donde el no especialista puede por fin encontrar compendiadas, y razonada su injusticia, las desigualdades que sufre la mujer en la legislación venezolana.
Virginia Betancourt, destaca que el libro de Sonia Sgambatti es testimonio de los logros alcanzados por la mujer en su lucha por lograr la igualdad ante la Ley, especialmente al perfeccionar instrumentos jurídicos que no se corresponden con el espíritu y la letra de la Constitución.
Ernestina Salcedo Pizani, dice que el libro la Mujer, Ciudadano de Segundo Orden es un libro que confieso leí con insólito asombro, porque no son los curricula ni el trato mismo, suficientes para conocer a los seres humanos; son las palabras que sentimos vienen del trasfondo del corazón las que nos convencen. Les reitero, a partir de la lectura de estas páginas, Sonia ha pasado a ser para mí -y estoy segura de que esto le ocurrirá a cualquiera que lo lea- una venezolana cuyo nombre merece inscribirse en las páginas más puras de nuestra historia.
Evangelina García Prince, expresa que la obra de Sonia Sgambatti, pionera en este tipo de lucha nos honra como parte de la bibliografía más sería que pueda tenerse como referencia en la gesta colectiva por ganar la equivalencia humana y la igualdad ciudadana de las y los venezolanos.
Cecilia García Arocha, manifiesta la Universidad Central de Venezuela, al frente de cuya gestión rectoral nos desempeñamos se complace en difundir esta obra, al tiempo que se honra en tener dentro de su planta profesoral, una figura de los méritos de la autora.
La Mujer Ciudadano de Segundo Orden, de Sonia Sgambatti, es una obra que demuestra la discriminación sexual llevada hasta los extremos de sobrepasar usos, costumbres y tradiciones para convertirlas en ley.
Consecuente con su lucha por la igualdad jurídica de la mujer, Sonia Sgambatti, nos presenta su obra La Mujer Ciudadano de Segundo Orden, en donde plantea y examina la desigualdad de la mujer ante la ley, los problemas sociales que ello conlleva y la necesidad de un cambio radical de esa situación.
Este Libro está dirigido al hombre y a la mujer venezolana. A él, para que conozca los derechos que le son negados a su pareja. A ella, víctima principal de esa marginalidad, para que conociéndolos pueda alcanzar participación efectiva, así como también a estudiantes, profesionales y a todo aquel que se preocupe por nuestra situación jurídico-social.
Es una obra que actualmente es referencia de género en el mundo y sirve de texto de consulta para los profesionales y estudiosos del Derecho, logra hacer más participativa y sensible a la población en la suerte jurídica de la familia.
Sonia Sgambatti dijo en la presentación de su libro: tengo fe, que el porvenir será de primer orden y de todos los órdenes de alta graduación para la mujer venezolana, justamente y en la medida del avance inteligente de la mujer en la conquista de nuestro primer lugar en el mundo, de la primera fila del progreso cultural, económico, científico, espiritual y político.
Hoy el libro esta aquí. Sale a la calle a continuar lo iniciado, para luchar hasta el final. Hasta que se agote la última gota de tinta y la mujer obtenga el respeto que merece en todos los órdenes de la existencia, en los cuatro confines del mundo. No esperamos menos. Si queremos más.
Gracias a Sonia Sgambatti, Miembro del Consejo Consultivo del Círculo de Escritores de Venezuela, por este valioso aporte a la Mesa del Editor de esta Revista.
Será bautizado el libro “Extraña Sonoridad”, Poemas de Helena Sassone,
Editorial ANGHEL, el sábado 21 de abril a las 11 am, en la Librería Alejandría I. El evento es organizado por el Círculo de Escritores de Venezuela y la Librería Alejandría I.
El libro será presentado por el escritor venezolano Luis Beltrán Mago
(Librería Alejandría, Av. Principal de Las Mercedes, frente al Instituto Venezolano Americano)
* Helena Sassone, nacida en Madrid, reside en Caracas desde hace muchos años, ejerció la crítica literaria en el “Índice literario” de El Universal y en el “Papel Literario” de El Nacional. En el campo del ensayo tiene publicadas cinco obras, tres en narrativa y catorce poemarios. Como dramaturgo, recibió Mención de Honor en el Premio de Teatro “José Ignacio Cabrujas” del Círculo de Escritores de Venezuela por la obra “El parto”. La obra fue presentada en la Sala Mozart del Colegio Emil Friedman, dirigida por Frank Ziccarelli.
Posee la Medalla Internacional “Lucila Palacios” otorgada por el Círculo de Escritores de Venezuela, la Orden “Francisco de Miranda”y la Orden Ändrés Bello”.
Durante años tuvo a su cargo la crítica de teatro, ballet y música de la Revista Imagen del Consejo Nacional de la Cultura. Colaboró con la Revista Nacional de Cultura y en los Cuadernos Hispanoamericanos de Madrid, en Punta Europa, etc. Fue columnista del diario Panorama en Maracaibo durante 30 años. Impartió conferencias-talleres en la Universidad del Zulia.
Estuvo a cargo de la crítica de teatro de la Revista Resumen y en diferentes revistas de poesía de Bélgica, sus poemas han sido traducidos al francés. Figura en Antologías nacionales e internacionales, en francés, portugués e inglés.
Invitada a congresos internacionales, se ha destacado en temas como la crítica semiológica aplicada al treatro y a la poesía, y a la paz en el mundo. Ha sido invitada a participar en numerosos foros y conferencias en Venezuela.
¿Qué sería de Occidente si Aristóteles hubiese dicho que el Ser era relativo?
Por EMETERIO GOMEZ
Mis Amigos Contradictadores vuelven a la carga. Arremeten contra la Muerte de la Filosofía, mi próximo taller en la Fundación Valle de San Francisco… que, por cierto, se inicia este martes. En este round, sus baterías apuntan a negar que las ideas filosóficas tengan que ser absolutas. ¡O sea, que puede haber una Filosofía Relativa! Cito: “Emeterio se circunscribe al pensamiento que asume a ‘la verdad’ como absoluta, cuyo momento estelar es Platón. ¿Acaso TODOS los pensadores se encerraron en esa obsesión por la verdad absoluta? Y, los que no lo hicieron ¿no tienen derecho a llamarse filósofos?”.
Por supuesto que tienen derecho a llamarse filósofos. Pero si al derecho vamos, los que nos burlamos de los “Fundamentos Relativos”, tenemos todo el derecho a llamarlos… ¡Filósofos Relativos! Es decir, endebles, cuestionables, zonzos. Imaginemos tan solo qué habría sido de la Filosofía Occidental si Platón le hubiese llegado a la noción de Verdad, pero… relativa. O sea que con las mismas Razones que se funda el Bien se podía fundar el Mal. O que Justicia e Injusticia eran más o menos lo mismo.
O, preguntemos, para lacerarnos mejor, ¿qué sería de Occidente si Aristóteles hubiese dicho que el Ser era relativo, que todo Ente podía tener o no un Ser? Que su esencia podía ser equis o exactamente la opuesta. Que la Lógica no se refería a la Realidad, al Ontos, al Ser del mundo, sino que consistía en una serie de hipótesis que -dependiendo de las premisas- podían ser válidas o no. En otras palabras, que la diferencia entre Ser un perro o un gato, un hígado o un páncreas, no era absoluta sino relativa.
No panita, el rollo de lo Absoluto y lo Relativo no va por allí. Cualquiera que haga “Filosofía Relativa”, está simplemente hablando pendejadas. Igual que las de Platón, las verdades de Aristóteles sólo pueden ser Absolutas. Porque en la Naturaleza ¡hay verdades absolutas! En el Espíritu NO; por lo menos hasta un cierto nivel de profundidad. Un perro, por más que aprenda a maullar ¡no ES un gato! Ni un codo ES una rodilla; los ángulos internos de un triángulo suman 180 y eso no se discute. En el plano del Espíritu, al contrario -y repito, hasta cierta profundidad- la “Realidad” es Relativa. El odio más profundo y el amor más excelso pueden mezclarse en un mismo Ser. Es precisamente, por eso por lo que la Filosofía fracasa. No puedo sino reiterarlo hasta el hastío: ¡porque el Espíritu es incognoscible… y la Filosofía es en lo esencial un Conocimiento!
Y es allí cuando El Yoda -la Religión- contraataca. En el Espíritu todo es relativo. Por eso la filosofía fracasa ante Él, porque una Filosofía Relativa es una simple tontería. Puedo tener todas las razones del mundo para no perdonar una ofensa… ¡y decidir perdonarla! O al revés. En Él todo puede “Ser” su contrario y la Noción de Identidad carece de sentido. ¡Pero Él puede imponerse Absolutos! Puede imponerse el respeto a los demás de manera férrea. Así como puede libremente decidir amar… cuando del Amor al Prójimo se trate; cosa que no ocurre con el Amor Pasional, porque éste atañe a la Naturaleza y no al Espíritu.
La Religión alude a lo Absoluto por eso, porque nos permite otear que el Amor al Prójimo no es una dimensión relativa; o al menos tiene la posibilidad de no serlo. No son verdades hipotéticas o condicionales: no es que yo te respeto si tú me respetas o para que tú me respetes. Es que te respeto ¡porque SÍ! Porque me da la gana. Esa dimensión absoluta del Espíritu que no tiene nada que ver con este mundo -que es absoluta y trascendente- esa es la noción de Dios.
Fuente: EL UNIVERSAL, 8 de abril de 2012, Opinión
Por Carmen Cristina Wolf
El Círculo de Escritores de Venezuela celebra la aparición de la novela de Helena Sassone, No siempre el olvido, quien ha publicado 21 obras. Nacida en Madrid en 1938, poeta, dramaturga y autora de numerosos ensayos de crítica literaria. Desde 1955 reside en Venezuela y sus lectores han disfrutado de una escritura lúcida y de vanguardia, de sus obras de teatro y participación en foros, conferencias y lecturas de poesía.
No siempre el olvido (Monte Ávila Editores Latinoamericana), es el título de la novela, ambientada en la Europa comunista. La protagonista vive el drama de la lucha de clases y la consolidación del socialismo con miras a una irrealizable utopía, y narra el desencanto y la fatiga de unos seres humanos perseguidos por el régimen que ven sus existencias destruidas. Andreína Guenni Bravo, en una reseña publicada en el Papel Literario de El Nacional el 23 de febrero de 2008, escribe:
“El personaje central de este nuevo regalo de palabras parece materializar, sin saberlo, la lucha de quienes viven con las huellas de los años de opresión. La tragedia y la gloria del renacer de las sombras de una vigilancia sin medida, la confianza sobre la idea de que entre la tormenta de incertidumbre, soledad, miedo y desilusión, es posible hacer camino.”
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Iniciamos una entrevista con esta mujer madrileña, vivaz, inteligente y de gran sentido del humor, residenciada desde muy joven en Caracas. Es una de las fundadoras del Círculo de Críticos de Teatro de Venezuela y de la Asociación Internacional de Críticos de Teatro de Venezuela. Forma parte del Consejo Consultivo del Círculo de Escritores de Venezuela. Tiene una extensa obra publicada, tanto en poesía como en teatro y novela, y ha colaborado durante muchos años con el diario Panorama de Maracaibo. Parte de su obra ha sido traducida al francés.
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—Me gustaría que hablaras de tu segunda novela, No siempre el olvido
—Se trata de mi obra número 21. En narrativa primero fue un libro de cuentos, Entre cuatro paredes, del cual Benito Milla, entonces director de Monte Avila, tuvo que retirar los ejemplares enviados a España, vetados a causa de la censura franquista. Años después aparecería mi primera novela Toquemos Bach. Ésta se agotó rápidamente, y a pesar de que fue muy leída y comentada, nadie advirtió su estructura musical: claro que estas innovaciones suelen sorprender.
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—¿Y el resto de tu obra?
—Estuve muy enfrascada en la crítica literaria, en el ensayo. Para mí junto a la poesía era lo más esencial en el campo de las letras. Por el análisis crítico entraba en el mundo de los otros; por la poesía entregaba mi mundo a los demás. Ha sido mi manera de vivir. En poesía mi primer título fue Entre nubes, entre piedras, editado por Lírica Hispana en Caracas; el primero de mis ensayos, también publicado por Monte Avila, fue Buho de papel.
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—De los géneros que cultivas, la narrativa, el ensayo, el teatro, la poesía ¿cuál prefieres?
—Todos los géneros literarios me interesan, pues al representar diversas formas de expresión se relacional con los diferentes que han de buscar la forma del mensaje: el tema que suscita el género. Diríamos que el asunto determina la estructura. La vieja antinomia entre fondo y forma que Croce creyó resolver.
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—Si nos circunscribimos al campo del relato, de la novela, Ortega y Gasset dio inicio en la España de su tiempo a una polémica acerca de esto en sus ideas sobre la novela; creo que alguna vez lo has referido.
Sí, el filósofo sostenía, primero, que la novela era un género muy exigente: “Siempre ha sido muy difícil producir una buena novela … es un error representarse la novela – y me refiero sobre todo a la moderna- como un orbe infinito del cual pueden extraerse siempre nuevas formas … Es prácticamente imposible hallar nuevos temas.” Segundo, “la falta de nuevos temas produce en el lector embotamiento de la facultad de impresionarse.” Tercero, “al padecer el escritor la penuria de temas posibles, necesita compensarla con la exquisita calidad de los demás ingredientes”.
—Evidentemente, Ortega pensó que la decadencia de la novela podía salvarse por
la forma. Yo estoy absolutamente convencida de que las técnicas del lenguaje , la estructura formal, ha acudido en ayuda de su supervivencia. La sobrevaloración de los elementos formales es consecuencia del desarrollo del género narrativo: una dialéctica estructural que empieza por contar, imitar, sigue por interpretar el mundo, continúa por crearlo. De la epopeya, género épico-heroico que se refería a grandes hechos, a la novela documento, el realismo, la novela mimética, el naturalismo, la novela psicológica, se ha llegado a la novela formal, el noveau roman francés de Robbe-Grillet o a la novela Mobil de Butor.
Los estructuralistas por su lado, influyeron definitivamente con su crítica formalista en el cuerpo del relato. Gerard Genette expresó que si nos circunscribimos al campo de la creación literaria, definiremos sin discusión el relato como la representación de un sucedido o de una serie de acontecimientos, reales o fantásticos, por medio del lenguaje escrito. Combinar un conjunto de acciones en un mito, un cuento, una epopeya, una novela.
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—En esa vastedad del relato, como narradora y como crítico, ¿qué destino crees asumen los diferentes modos del relato en la narrativa contemporánea?
—La epopeya como género épico heroico juega un papel preponderante en el estudio histórico de las diversas literatura. No leeríamos El cantar de Roldan, la más perfecta epopeya del ciclo carolingio, traducido al español por Benjamín Jarnés, o la famosa epopeya renacentista La Araucana, de Alonso de Ercilla, son joyas de la narrativa. Actualmente “lo heroico” se asume de otro modo, basta recordar La Guerra y la paz de León Tolstoi, y contemporáneamente, el Don apacible de Mijail Scholojov. Sabemos que tanto la epopeya como la novela se caracterizan por su considerable extensión, no obstante, la epopeya propiamente dicha decayó por su infantilidad emotiva normativa.
En cuanto al mito para mí es algo muy serio: un valor cultural universal, cuya denominación griega deslumbra. En Homero, mito quería decir discurso, palabra. Más adelante, mito es fábula o narración maravillosa. Se trata también de una ficción alegórica por medio de la cual se ofrece una enseñanza moral. Recordemos los fablieaux de la literatura francesa o la fábula milesia, cuento o novela inmoral, que actualemte conforman un seudo-género narrativo.
Mas sería incompleta mi respuesta si dejara de referirme a la novela-mito, muy estudiada por Albéres, quien ve en Joice “el último novelista de la Edad Media”, o como escribe Michel Butor, de la novela-mito, que no sería otra cosa que la expresión narrativa oponible a la novela popular.
No obstante, hay una vigencia en la clasificación no tan reciente, de Edwin Muir sobre la novela, que cataloga en tres tipos: la Dramatic Novel, la Novel of Charácter y la Chronicle Novel. Raro es la novela que no pertenece a uno de estros tres tipos.
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—Dentro de este polifacetismo de la novela ¿dónde te situarías? ¿Qué ha sucedido en un silencio narrativo de aproximadamente veinte años?
—El perfeccionamiento del oficio en cuanto al género novela, la creación en otras áreas, como la crítica y el ejercicio de la autocrítica, que en aras de la exigencia a veces te paraliza. La poesía era mi afirmación; sin embargo, mis cuentos de Entre cuatro paredes conformaron un Ser que no quise repetir. El cuento es tema único, expuesto en tiempo breve. No me ha tentado sino como un aporte al sentido general de una novela.
De tu exposición acerca de las diversas estructuras de la novela, y tu identificación con algunas de las ideas orteguianas, podría deducirse tu preferencia por la técnica, es decir la forma el lenguaje, perdiendo relieve el tema o asunto. Si esto es cierto, háblanos de la estructura de No siempre el olvido.
Comenzaré por observar que, en principio, sin tema no hay forma –aunque puede no haber argumento en el sentido antiguo corriente- porque el tema o “fondo” determina la forma. Pero ésta es el arte del artista, el estilo del escritor, el modo como expone el novelista. A mí me tienta siempre prescindir de lo cronológico, usar el tiempo sin fechas del recuerdo como evocación significante. El tiempo sería la medida de los hechos en el instante de revivirlos, como las notas de una partitura musical que cobran vida al interpretarlas. No siempre el olvido está pensada como estructura musical. Esto es de vieja data: las investigaciones que precedieron. Al estudio semiológico de la crítica de teatro, sobe la que tengo obra publicada, me llevaron a buscar nuevas formas de la novela, cuya lectura siempre terminaba aburriéndome. Pero he aquí que un día, leyendo un análisis narrativo de Frederick Kart, hallo que éste califica de gran sinfonía el Cuarteto de Alejandría, a la vez que exalta otras composiciones como estructuras musicales de la actual novelística, entre çestas la suite, el tema con variaciones, la fuga y el contrapunto.
En impromptu, cuatro partes y un finale se divide el material narrativo de la obra No siempre el olvido, que tiene un fin crítico-social, no moralizante, entiéndase. Su estructura sería el tema con variaciones.
Estas estructuras musicales no son fácilmente detectables, por otro lado se sabe que el lector de novelas va a la búsqueda del tema o del argumento, es lo que vende, y sólo la crítica avanzada descubre la arquitectura invisible. De la fiebre estructuralista me quedaron algunos hallazgos. De la música, el pensamiento del antropólogo belga Claude Lévi-Strauss toma la dialéctica de los temas y de las variaciones, cuyos análisis aparecen en obras como El arte de la fuga, de Juan Sebastián Bach; en el estudio dedicado a la tetralogía de Wagner, El anillo de los Nibelungos y en las obras sobre Schoenberg, Webern y Alban Serg. A la vista de todo esto y tras las palabras de Lévi-Strauss, de que “estamos a punto de presenciar la desaparición de la novela, cuando la denominada música serial sustituye a la novela como género”. Te diré: desde hace muchos años el cine y, ahora, las series televisivas argumentales, son causa de la decadencia de la novela. Las novelas premiadas se comienzan a leer y se abandonan. ¡Es urgente la transformación literaria de la novela!
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—Hablemos de diferencias entre tus dos novelas. Técnicas, elementos autobiográficos en Toquemos Bach y No siempre el olvido.
—Creo necesario registrar el tiempo que media entre una y otra; veinte años suponen cambios en el mundo, en la sociedad inmediata al escritor y cambios en quien escribe. Toquemos Bach es una obra más lírica. El encanto inédito de pasar una breve temporada en la ciudad de Telemannn, Magdeburgo, en una Alemania organizada y llena de eventos culturales, como las excelentes orquestas de cámara, el teatro de Brecht y los certámenes literarios, detrás de “la cortina de hierro”, como decía la sinopsis de la contraportada, exaltaron mi inventiva. La historia no es autobiográfica. Los personajes tal vez fueron reales, pero desde mi perspectiva. Su estructura también es musical: un trío de cámara cuyos tres instrumentos son los personajes.
Esta estructura pasó inadvertida para ls críticos, entonces como ahora. Aunque en el caso de No siempre el olvido, la clasificación del material podría presumirla. Creo que la narración es fugada, con reiteraciones y temas repetidos, para alimentar cualquier soledad. Como en mi novela anterior, lo autobiográfico es la descripción de las ciudades, la narración de sucesos y circunstancias desde el mirar afectivo del autor. En los relatos, lo argumental no suele ser personal. El punto de vista y la sensibilidad con que se asume y se expone, sí.
En estas dos novelas yo me propuse la crítica social de sistemas que ahogan al ciudadano de nuestra contemporaneidad. La libertad es un duelo entre sendas.
El lenguaje, una visión del mundo
Por Carmen Cristina Wolf
Un pueblo sin conciencia de la lengua termina repitiendo los slogans de los embaucadores, es decir, muere como pueblo.
Rafael Cadenas
LA PALABRA Y SU ESENCIA
Los seres humanos no tenemos otro apoyo ni refugio más que el lenguaje y el amor. Nos vamos haciendo, crecemos y nos construimos a través de lo que pensamos, decimos y creamos. O nos conformarnos con un molde ya hecho, lo que significa repetir patrones, o nos damos a la tarea de construir nuestro propio mundo. Ahondar en el ser del lenguaje permite encontrar caminos y avizorar horizontes para encarar el peor de los males de este mundo: la pérdida de sentido de nuestra propia existencia.
Uno de los libros más interesantes que me acompañan en el viaje por estos rumbos, es Ontología del Lenguaje de Rafael Echeverría (Dolmen ediciones). Parece una exageración, pero identificar y ahondar en los actos lingüísticos básicos, tales como decir sí o no, las declaraciones, afirmaciones, juicios, ofrecimientos, peticiones y promesas, en fin, todo lo que expresamos y callamos a cada instante, puede ser vital para entender un poco más nuestro universo personal y desplazarnos del desconcierto a la comprensión.
No hay palabras que caigan en saco roto. Toda frase construye un mundo de significados y genera acciones constructivas, respetuosas, adorables o perversas. El lingüista Mortara Garavelli acota que uno de los secretos del buen empleo de la teoría de la argumentación es saber guardar silencio cuando es menester. Es preferible hablar menos y reflexionar más sobre lo que pensamos y decimos. Este ejercicio puede convertirse en un juego fascinante, en un arte placentero. Ya la vida está muy enredada últimamente para pretender algo que vaya más allá de pensar apasionadamente en las cosas.
El desarrollo o la decadencia de los pueblos se reflejan en la riqueza o en la pobreza de su lenguaje, porque el lenguaje implica una visión del mundo. Somos de acuerdo a como hablamos. Todo fenómeno social es siempre un fenómeno lingüístico. Nosotros cortamos en pedazos el mundo, lo organizamos, lo conceptualizamos. Por ejemplo, cuando se habla de esencia y substancia, del ser y el ente, estas palabras están impregnadas de una visión que propusieron los griegos. Cuando nombramos los vocablos alma y cuerpo, nos enmarcamos en una concepción cristiana, estamos dejando sentado que existe una clara delimitación entre dos componentes del ser humano, uno visible, tangible, transitorio, el otro intangible e inmortal. Otra manera de entender la naturaleza humana, diría que no existe esta división entre alma y cuerpo, simplemente son estados distintos de energía y de conciencia. Sólo mencionar estas palabras representa la adopción de un sistema de pensamiento religioso, filosófico, científico y social.
Un gobernante o líder que posea un lenguaje constreñido a una ideología excluyente y pretenda ignorar las otras visiones del mundo, es un peligro para su pueblo, porque pretenderá encasillar a la sociedad en su visión, despreciando al resto de los ciudadanos que no piensan como él.
Hablar sobre la importancia del lenguaje es como constatar que el sol sale todos los días, pero con frecuencia es necesario insistir sobre lo evidente. Leer, escribir, es algo tan común que se pierde la percepción del carácter extraordinario del lenguaje.
¿No es sorprendente que las grandes transformaciones de las sociedades se inicien con palabras? El poeta alemán Hölderlin escribió: “al hombre se le ha dado el más peligroso de todos los bienes, el lenguaje, para que atestigüe lo que es”. Y yo agregaría: lo que es y también lo que no es, porque el lenguaje está al servicio del albedrío del ser humano, para manifestar lo mejor de nosotros mismos y también para generar confusión, guerras y sufrimiento.
Ha llegado el tiempo de que en Venezuela los maestros y los estudiantes aprendan teoría de la argumentación. La nueva lingüística reivindica la Retórica, expresarse con eficacia y con ética. Retórica no consiste en adornar las frases con floripondios y vocablos extraños, no es un simple artificio literario y mucho menos pretender engañar a los otros mediante la persuasión.
La retórica es una disciplina indispensable para transformar a la sociedad. Así como un cuchillo se utiliza para partir el pan y mondar una naranja, también puede ser empleada para herir. Es por eso que saber retórica debe ir indisolublemente unido a la ética. Es un daño irreparable privar a los maestros de su arma principal: la teoría de la argumentación, el arte de la expresión persuasiva.
¿Cómo vamos a inflamar los corazones de los jóvenes de valores éticos, de ideales, cómo vamos a convencerlos de tener fe en ellos mismos y orgullo de hacer las cosas bien, si los maestros no conocen el arte de convencer porque carecen de los recursos de la Retórica?
La debilidad de nuestra nación se inicia en las aulas de clase.
APROXIMACIÓN AL POEMA
Todo lo que pensamos y sentimos, lo imaginario y lo real, puede ser transformado en poema. Una vez escrito, el poema es propiedad de quien lo haga suyo, no de quien lo escribió. Berkeley decía que el sabor de la manzana no está en la manzana, sino en el encuentro de la manzana con el paladar, así el ser del poema está en el encuentro entre el poema y el ser humano que lo lee o lo escucha. El poema sólo existe a medias cuando no es leído. Y cuando el poeta dice que a él no le importa si lo leen o no, me permito dudar de su sinceridad, porque no hay nada más gratificante que encontrar a alguien conmovido con un verso escrito por nosotros.
Sin pretender ponernos a buscar imposibles definiciones, recuerdo a Octavio Paz cuando dice que el poema es una obra única, irrepetible, insustituible, es una unidad autosuficiente. El poema empieza y termina en sí mismo. No tiene valor de cambio ni utilidad tangible. No es fácil poner a las palabras a decir lo que el poeta quiere que digan. Él libera las palabras de la conversación, y vuelve a reunirlas en su condición de amigas, gracias a las frases: sonido-silencio, sonido-silencio y así.
Un poema que es un verdadero poema nos acelera el pulso. Puede hacernos sentir asombro, admiración, ternura, rabia, espanto, alegría, dolor, nostalgia. Pero jamás nos dejará indiferentes.
El poema es una confesión de fe: el poeta puede o no creer en Dios, puede amar la vida o aborrecerla, creer que el ser humano es bueno, o malo, o ambas cosas, no creer absolutamente en nada. Aun así, el poema es una confesión de fe.
El auténtico poema no es fruto de la inspiración. Se aprende a escribir, y es el fruto de una larga paciencia y de un intenso trabajo. Dice García Lorca: “Si es que soy poeta por la gracia de Dios, o del demonio, también lo es que lo soy gracias a la técnica y al esfuerzo, y a saber de una manera absoluta, lo que es un poema.”
Concluyo con una anotación de Rafael Cadenas: “un pueblo sin conciencia de la lengua termina repitiendo los slogans de los embaucadores, es decir, muere como pueblo.”
LA SEDUCCIÓN DEL RITMO
El lenguaje cobra su mayor fuerza expresiva cuando está sustentado en el ritmo. El universo está inmerso en el ritmo. El ritmo rige el crecimiento de todo cuanto existe, de los hombres y de los imperios, de las cosechas y de las instituciones.
El ritmo nos atrae porque desde el vientre materno vivimos en los latidos del corazón de nuestra madre. Al nacer nos mecen y nos cantan tonadas que repiten sus estribillos una y otra vez: “Aserrín, aserrán, los maderos de san Juan… los de rique, alfeñique, los de roque, alfondoque, riqui, rique, riqui ran”…
El ritmo produce el placer de la espera, el placer de la realización y del recuerdo. El poeta siente el ritmo de sus pensamientos, de los sucesos, de los sentimientos. Se ha hablado mucho del ritmo interior del poema. Ese ritmo interior tiene que revelarse en intensidades, acentos, entonaciones, pausas, ritmo.
LA VOCACIÓN DE NOMBRAR
Infancia significa confiar. Los niños confían en el mundo que los rodea. Creen en lo que les decimos. Y si no les ha sucedido algún hecho lamentable que les genere temor, los niños no sienten miedo.
Pero el tiempo pasa por nosotros y sobrevienen los temores, las dudas. A unos kilómetros de distancia nos aguarda el desgaste, la vejez y la muerte. El mundo es contradictorio y las personas también.
Somos justos a veces, otras veces somos injustos. Somos generosos y egoístas. Llevados por corrientes encontradas, a través de un río entre luz y sombras que no elegimos. Ello produce un desasosiego, y quisiéramos navegar siempre por el lado luminoso de las aguas.
Se puede abordar la existencia de diversas formas, tantas como personas hay en este mundo. Pero en esencia, podría decirse que una manera es el descreimiento de todo, la amargura, el desaliento absoluto. Nos convertimos en seres quejumbrosos, perdemos la capacidad de admirar el misterio que es la Vida.
La otra consiste en plantarse en este mundo con admiración y asombro, amarlo, imaginarlo diferente, buscar aquello que ES en nosotros, el Ser que sostiene todo cuanto existe. La poesía en una visión del mundo y un lenguaje que lo transforma. Es un cordel lanzado al caminante para que se siente un rato a conversar.
El lenguaje es el don más grande que se le ha dado al ser humano. La poesía es perfectamente inútil, no tiene precio en el mercado, no puede cambiarse por monedas ni venderse en la bolsa de valores. La poesía es un encuentro con el ser más íntimo, es un puente tendido al otro, una invitación al dialogo y a la comunión.
Nombrar significa en un primer momento, intentar la representación de las cosas con exactitud. En un comienzo, las palabras tienen el poder de recrear los objetos con verdadera eficacia.
La vida de los pueblos y su evolución se refleja y revela en el lenguaje. Aquello que no puede ser nombrado es como si no existiera. Por ello los hombres que han alcanzado cierto grado de sabiduría le dan tanta importancia al lenguaje. Octavio Paz en su libro El arco y la lira reseña que en el Libro XIII de los Anales, le preguntaron a Confucio: “Si el Duque de Wei te llamase para administrar su país, ¿cuál sería tu primera medida? El Maestro dijo: La reforma del lenguaje. No sabemos donde empieza el mal, si en las palabras o en las cosas, pero cuando las palabras se corrompen y los significados se vuelven inciertos, el sentido de nuestros actos y de nuestras obras también es inseguro.”
Imaginemos que los vocablos “libertad, verdad, justicia, paz”, valores sobre los cuales se asienta nuestra existencia, cambiasen sustancialmente de significado, bien sea por un desgaste en su significación, por el mal uso que se haga de ellos, bien sea porque un régimen autoritario pretenda alterar se esencia para sus propios fines. Los fundamentos de la sociedad se ven afectados en lo más profundo.
Verbigracia, la palabra amor en algunas épocas se agota. Un gobernante que constantemente dice “amar” a su pueblo, y su conducta avergüenza a los gobernados, por estar reñida con la ética y el bien común, producirá en la gente desconfianza e indiferencia. La palabra amor irá siendo cada vez menos utilizada.
El término igualdad ha sido invocado como bandera por los sistemas comunistas y socialistas. Es una aberración pretender que todos los seres humanos seamos iguales. Seríamos copias al carbón unos de otros y perderíamos lo más valioso y sagrado, aquello que es esencial a la naturaleza humana: la libertad. Otra cosa muy importante es la igualdad de derechos y deberes, la igualdad de todos los hombres en el respeto a la dignidad. Esto es fundamental. Los regímenes comunistas pretenden sacrificar la libertad para lograr la igualdad. Esto es monstruoso, pues quebranta la esencia del ser humano: el hombre es en esencia libertad.
El lenguaje nos acompaña dentro y fuera de nosotros como el aire. Sin él la vida humana deja de serlo. Cuando a Confucio le preguntaron qué sería lo primero que haría él si fuera gobernante de un pueblo, contestó: “Emprendería la reforma del lenguaje”. Porque el significado sesgado o distorsionado que se da a un vocablo, cuando es usado por el poder para torcer la voluntad de los ciudadanos, es el mayor de los peligros y la peor violencia que se puede ejercer: abolir el libre albedrío.
Si se analiza un gobierno desde el punto de vista de la semántica, allí veremos retratadas sus intenciones.
Este ensayo forma parte del Libro “Literatura y vida”, de Carmen Cristina Wolf (Inédito)
Una asociación civil sin fines de lucro creada con la misión de reunir a los escritores para conocer, estudiar, investigar, promover y divulgar sus obras, ideas y proyectos; propiciar la investigación y creación de una base de datos de los autores y libros publicados; promover la incorporación de escritores de otros países y en líneas generales, proyectar la literatura venezolana e hispanoamericana.