
Preámbulo
Considerando que la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana;
Considerando que el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad, y que se ha proclamado, como la aspiración más elevada del hombre, el advenimiento de un mundo en que los seres humanos, liberados del temor y de la miseria, disfruten de la libertad de palabra y de la libertad de creencias;
Considerando esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión;
Considerando también esencial promover el desarrollo de relaciones amistosas entre las naciones;
Considerando que los pueblos de las Naciones Unidas han reafirmado en la Carta su fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana y en la igualdad de derechos de hombres y mujeres, y se han declarado resueltos a promover el progreso social y a elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad;
Considerando que los Estados Miembros se han comprometido a asegurar, en cooperación con la Organización de las Naciones Unidas, el respeto universal y efectivo a los derechos y libertades fundamentales del hombre, y
Considerando que una concepción común de estos derechos y libertades es de la mayor importancia para el pleno cumplimiento de dicho compromiso;
La Asamblea General
proclama la presente
Declaración Universal de Derechos Humanos como ideal común por el que todos los pueblos y naciones deben esforzarse, a fin de que tanto los individuos como las instituciones, inspirándose constantemente en ella, promuevan, mediante la enseñanza y la educación, el respeto a estos derechos y libertades, y aseguren, por medidas progresivas de carácter nacional e internacional, su reconocimiento y aplicación universales y efectivos, tanto entre los pueblos de los Estados Miembros como entre los de los territorios colocados bajo su jurisdicción.
Artículo 1
Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.
Artículo 2
1. Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.
2. Además, no se hará distinción alguna fundada en la condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción dependa una persona, tanto si se trata de un país independiente, como de un territorio bajo administración fiduciaria, no autónomo o sometido a cualquier otra limitación de soberanía.
Artículo 3
Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona.
Artículo 4
Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre, la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas.
Artículo 5
Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes.
Artículo 6
Todo ser humano tiene derecho, en todas partes, al reconocimiento de su personalidad jurídica.
Artículo 7
Todos son iguales ante la ley y tienen, sin distinción, derecho a igual protección de la ley. Todos tienen derecho a igual protección contra toda discriminación que infrinja esta Declaración y contra toda provocación a tal discriminación.
Artículo 8
Toda persona tiene derecho a un recurso efectivo ante los tribunales nacionales competentes, que la ampare contra actos que violen sus derechos fundamentales reconocidos por la constitución o por la ley.
Artículo 9
Nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado.
Artículo 10
Toda persona tiene derecho, en condiciones de plena igualdad, a ser oída públicamente y con justicia por un tribunal independiente e imparcial, para la determinación de sus derechos y obligaciones o para el examen de cualquier acusación contra ella en materia penal.
Artículo 11
1. Toda persona acusada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad, conforme a la ley y en juicio público en el que se le hayan asegurado todas las garantías necesarias para su defensa.
2. Nadie será condenado por actos u omisiones que en el momento de cometerse no fueron delictivos según el Derecho nacional o internacional. Tampoco se impondrá pena más grave que la aplicable en el momento de la comisión del delito.
Artículo 12
Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques.
Artículo 13
1. Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado.
2. Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país.
Artículo 14
1. En caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar de él, en cualquier país.
2. Este derecho no podrá ser invocado contra una acción judicial realmente originada por delitos comunes o por actos opuestos a los propósitos y principios de las Naciones Unidas.
Artículo 15
1. Toda persona tiene derecho a una nacionalidad.
2. A nadie se privará arbitrariamente de su nacionalidad ni del derecho a cambiar de nacionalidad.
Artículo 16
1. Los hombres y las mujeres, a partir de la edad núbil, tienen derecho, sin restricción alguna por motivos de raza, nacionalidad o religión, a casarse y fundar una familia, y disfrutarán de iguales derechos en cuanto al matrimonio, durante el matrimonio y en caso de disolución del matrimonio.
2. Sólo mediante libre y pleno consentimiento de los futuros esposos podrá contraerse el matrimonio.
3. La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado.
Artículo 17
1. Toda persona tiene derecho a la propiedad, individual y colectivamente.
2. Nadie será privado arbitrariamente de su propiedad.
Artículo 18
Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.
Artículo 19
Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.
Artículo 20
1. Toda persona tiene derecho a la libertad de reunión y de asociación pacíficas.
2. Nadie podrá ser obligado a pertenecer a una asociación.
Artículo 21
1. Toda persona tiene derecho a participar en el gobierno de su país, directamente o por medio de representantes libremente escogidos.
2. Toda persona tiene el derecho de acceso, en condiciones de igualdad, a las funciones públicas de su país.
3. La voluntad del pueblo es la base de la autoridad del poder público; esta voluntad se expresará mediante elecciones auténticas que habrán de celebrarse periódicamente, por sufragio universal e igual y por voto secreto u otro procedimiento equivalente que garantice la libertad del voto.
Artículo 22
Toda persona, como miembro de la sociedad, tiene derecho a la seguridad social, y a obtener, mediante el esfuerzo nacional y la cooperación internacional, habida cuenta de la organización y los recursos de cada Estado, la satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales, indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad.
Artículo 23
1. Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo.
2. Toda persona tiene derecho, sin discriminación alguna, a igual salario por trabajo igual.
3. Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana y que será completada, en caso necesario, por cualesquiera otros medios de protección social.
1. Toda persona tiene derecho a fundar sindicatos y a sindicarse para la defensa de sus intereses.
Artículo 24
Toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas.
Artículo 25
1. Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad.
2. La maternidad y la infancia tienen derecho a cuidados y asistencia especiales. Todos los niños, nacidos de matrimonio o fuera de matrimonio, tienen derecho a igual protección social.
Artículo 26
1. Toda persona tiene derecho a la educación. La educación debe ser gratuita, al menos en lo concerniente a la instrucción elemental y fundamental. La instrucción elemental será obligatoria. La instrucción técnica y profesional habrá de ser generalizada; el acceso a los estudios superiores será igual para todos, en función de los méritos respectivos.
2. La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales; favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y todos los grupos étnicos o religiosos, y promoverá el desarrollo de las actividades de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz.
3. Los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos.
Artículo 27
1. Toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten.
2. Toda persona tiene derecho a la protección de los intereses morales y materiales que le correspondan por razón de las producciones científicas, literarias o artísticas de que sea autora.
Artículo 28
Toda persona tiene derecho a que se establezca un orden social e internacional en el que los derechos y libertades proclamados en esta Declaración se hagan plenamente efectivos.
Artículo 29
1. Toda persona tiene deberes respecto a la comunidad, puesto que sólo en ella puede desarrollar libre y plenamente su personalidad.
2. En el ejercicio de sus derechos y en el disfrute de sus libertades, toda persona estará solamente sujeta a las limitaciones establecidas por la ley con el único fin de asegurar el reconocimiento y el respeto de los derechos y libertades de los demás, y de satisfacer las justas exigencias de la moral, del orden público y del bienestar general en una sociedad democrática.
3. Estos derechos y libertades no podrán, en ningún caso, ser ejercidos en oposición a los propósitos y principios de las Naciones Unidas.
Artículo 30
Nada en esta Declaración podrá interpretarse en el sentido de que confiere derecho alguno al Estado, a un grupo o a una persona, para emprender y desarrollar actividades o realizar actos tendientes a la supresión de cualquiera de los derechos y libertades proclamados en esta Declaración.

Éxtasis de Santa Teresa, de Lorenzo Bernini
Santa María de la Victoria. Roma
Por Alejo Urdaneta
Veíale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón algunas veces, que me llagaba a las entrañas. Al sacarle, me parecía que las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios.
Teresa de Ávila
Dijo Jorge Luís Borges que el hecho capital de la vida de Alonso Quijano fue la lectura de los libros que lo llevaron a escribir Don Quijote. Para una mujer sensible y con espíritu poético, la cercanía del mar o el reflejo del atardecer han podido ser el motivo que la condujo a la poesía. Detrás de cada uno de los libros de Carmen Cristina Wolf hallamos una sombra tutelar que hace de guía de su inquietud y su deseo, piedras preciosas en una mujer. Si entramos en su mundo poético podemos ir tras las huellas que ella ha seguido para convencerse de que efectivamente es poeta.
Me he atrevido a poner como epígrafe de este breve ensayo, una oración de Teresa de Avila, con título noble de Teresa de Ahumada. Y he tomado este atrevimiento porque encuentro en mucho de lo que nos ha brindado en poesía nuestra Carmen Cristina, emociones místicas y también estrictamente humanas que se conjugan como un cosmos en su obra. Con naturalidad propia de un creador, la poetisa urde las fuerzas del misticismo con el imperioso llamado del amor, y en estos casos su verbo es sensual y decidido, pero sin abandonar la inclinación al encuentro directo con Dios, su Dios.
Nos exclama:
“Sea yo tu sierva
En las noches,
Sea tu esclava y dueña
Yo, la reina,
Ejerzo mi grandeza
Mientras tú me transformas
En amante y amada”
(Canto al hombre, 12)
Vira luego su intención y recuerda:
“Porque nos hemos amado tanto
Porque nos amaremos tanto
en nuestro último amanecer,
Señor, Tú nos dirás:
‘Hoy estarás conmigo en el Paraíso’
(Canto al hombre, 44)
No hay oposición entre esos dos modos de expresar la vida. Ambos son la muestra del misticismo, que nos coloca en relación directa con lo divino, y la sagrada sensualidad, para formar la esencia humana y divina que alberga en el ser del hombre.
También en su obra: Poemas de las manos, Carmen Cristina Wolf enlaza sabiamente esas fuerzas que luchan por dominar nuestro espíritu. Ella coloca una estrofa de su amada Emily Dickinson como pórtico, para decirnos de la luz del sol que nos despierta del sueño, y colgar la aparición como un cuadro pintado por Dios, que disipará la penumbra de la estancia. Después, Carmen Cristina va tejiendo vida con sus manos, como lo dijo también Rabindranath Tagore:
“Tu dádiva infinita sólo puedo tomarla con estas pobres manos. Y pasan los siglos y tú sigues derramando, y siempre hay en ellas sitio para llenar”. (Gitanjali, 1913)
Y en un instante las manos son en Carmen Cristina la reflexión que es dolor y alegría. Ella modela manos que oran y manos que lloran, o interrogan o renuncian, y expresan siempre la gama del sufrimiento y la inquietud humana, lo mismo que la alegría y el hallazgo del amor:
“Quisiera descansar en mis manos ahora
Inclinar la mente en su sosiego cóncavo
(…)
Arrastran la fatiga
De la sangre y los huesos
La dulce muerte del reposo
Textura, impactos, roces
Abrazo imperceptible de las formas”
He aquí la sagrada sensualidad que llama a acariciar con manos amantes, manos viajeras en los pasos del tiempo; y yo añadiría: manos viajeras en los cuerpos amados. Aprisionas en un poema la escultura del cuerpo, como si fuese un violoncello que suena en tus sentidos y contienes en un abrazo. El viaje musical lo repite la palabra en la fusión de música y amor. ¿Cómo ocultar ese deseo explícito de ceñir con el tuyo el espacio del cuerpo deseado, con palabras que también pulsan las cuerdas, cómo no buscar el abrazo del ser amado?
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No es una temeridad decir que, al igual que en Emily Dickinson, hay en la escritura de Carmen Cristina Wolf la biografía de una escritura, y por esa razón su poesía exige pureza para comprender que cada suceso, cada sentimiento de la poetisa es una rescritura:
“Seduje a aquél a quien le conté mi vida por capítulos. Aún no he concluido el relato” (En ‘La llama incesante’)
En la poesía de Carmen Cristina Wolf se da la exaltación casi mística de las cosas que nos rodean. Cité una vez, como ejemplo comparativo, la obra plástica de Rembrandt, y expresé que en sus cuadros un humilde lienzo blanco o gris, o un utensilio de menaje adquieren una atmósfera lumínica y radiante, distinta a lo que otros pintores vierten en sus obras, porque sólo iluminan de esa luz las cabezas de los santos, a las que rodean de arcos resplandecientes. En la poesía de Carmen Cristina también escuchamos el llamado a santificar esas pequeñas cosas. Cada una es como la llama de una vela que da vida a lo que nos rodea y atribuye importancia a lo que pareciera ser simple y vulgar. Esa intuición es la misma que preside la obra de María Zambrano, otra de sus guías espirituales, para que descubramos el tesoro interior de esas cosas del mundo, para que desnuden su belleza y su necesidad.
El hermoso poemario de Carmen Cristina Wolf: Escribe un poema para mí, tiene rasgos que denotan la aproximación temática y espiritual de nuestra poetisa con la artista norteamericana. Hallamos aquí el aparecer de la naturaleza muy unido a la expresión amorosa:
“Con el atavío del amanecer
Humedecidas de mar y de tiempo
Tus manos siempre encuentran
El camino hacia mí.
Mi camino es el verso”
Y también:
“Amado
No tendré sed
mientras tu vino
esté servido en mi mesa”
&
¿Hay, visiblemente, una división temática en la poesía de Carmen Cristina Wolf? No puedo decirlo, pero si hallo un centro que une motivos y los expresa también con formas propias. El amor, la naturaleza, la congoja, la muerte. En fin, los motivos que justifican la existencia del ser humano.
En poesía, el tema no es lo más importante; incluso hay poesía cuyo tema no se manifiesta. Factor más determinante en la poesía es la forma. El poeta Octavio Paz lo expreso con claridad: Las verdaderas ideas de un poema no son las que se le ocurren al poeta antes de escribir el poema sino las que después, con o sin su voluntad, se desprenden naturalmente de la obra. El fondo brota de la forma y no a la inversa. O mejor dicho: cada forma secreta su idea, su visión del mundo. La forma significa; y más: en arte sólo las formas poseen significación. La significación no es aquello que quiere decir el poeta sino lo que efectivamente dice el poema. Una cosa es lo que creemos decir y otra lo que realmente decimos”.
Nietzsche definió al hombre como animal metafórico, para hablar del impulso que lo lleva a expresarse con metáforas. Si no recurriéramos a la metáfora no tendríamos recursos para ahondar en el seno íntimo del hombre, su morada más oculta, y haríamos una abstracción del hombre mismo. Todo lenguaje es metafórico y con ella el ser humano interpreta al mundo. El poeta va más allá al conferirle a la analogía un sentido espiritual, fuera de lo sensible, y sin embargo utiliza la razón inteligible como forma de conocimiento y dominio de la realidad, pero dando entrada a lo irracional e instintivo. El poeta rompe así el principio de identidad y acepta el ingreso de la intuición. En el lenguaje poético, la identidad entre los objetos y la palabra no es la del habla cotidiana: el poema busca una participación entre los seres, mediante una especie de elipsis que propone la irrupción de un ser en otro distinto: ¿Qué significado podemos dar a este verso de Ezra Pound: “El ciervo es un viento oscuro”, sin que penetre en él un soplo de magia?
De lo dicho podemos destacar que la poesía de Carmen Cristina Wolf está exenta de experimentos lingüísticos.
Nos dice:
“Desde mi casa he visitado el mundo
Y navegué por el mar de los espejos.
Atravesé mil puentes
Recorrí los idiomas y los ritos
Y me asomé a los deseos de los hombres.
Seguí incansable las huellas del éxtasis
En los lugares y en los libros
Subí a lo alto de las catedrales
Visité templos centenarios
Me adentré en viejos mapas
Atravesé las estepas de América
Pregunté al ave y al leopardo
Todo cuanto miré se convirtió en memoria”
Escribe un poema para mí (19)
No tengo dudas al decir que en este poema está representado el movimiento todo del ser espiritual del hombre. Desde una esquina de su Aleph Carmen Cristina nos lleva de la mano por su mundo de magia y ensueño, con alegría unas veces, nostálgica otras, desesperanzada pocas.
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El amor de nuestra poetisa es ofrenda para el hombre y las cosas del mundo en las que ella tiene parte, al amparo de su fe en el Dios que todo lo puede.
La santa Teresa de Ávila, en la escultura de Lorenzo Bernini, parece pegada a la tierra, arrastrada por su manto, mientras el ángel se eleva como un espíritu para infligirle el dulce tormento del fuego divino trasmutado en la sensualidad. El hábito de Teresa se mueve con su cuerpo, sube y baja al ritmo de la brisa, fugaz entrada en este templo de sagrada voluptuosidad.
La Santa de Ávila esperaba el encuentro con el ángel. Carmen Cristina lo ha creado en su poesía y lo lleva consigo.

Alejo Urdaneta, poeta, narrador, ensayista y editor.
Lugar y fecha de nacimiento: Caracas, Venezuela, 30 de agosto de 1944. Profesión: Abogado. Libros publicados: Cuentos: 1.-Ezequiel y otras visiones (1979); Juegos, Sombras, Transparencias (1982); La falsa ciudadela del recuerdo (1992); Frutos del mismo Tiempo (1998). ENSAYO: El Arte, una apreciación personal (2006); La Valoración como elemento fundamental del Derecho: Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), ensayo filosófico. Publicaciones en revistas de Venezuela otros países.
El miércoles 3 de diciembre a las 6 pm, disfrutaremos de la lectura de poemas del escritor colombiano Juan Manuel Ramírez Pérez, en la Sala Cabrujas de Los Palo Grandes, Centro de Cultura Chacao, Torre El Parque nivel c-1.

Por Alejo Urdaneta
Gustavo Díaz Solís nació en Güiria, Estado Sucre, Venezuela, en 1920. Obtuvo el grado de Doctor en ciencias Políticas (1944) en la Universidad Central de Venezuela, y de profesor de inglés en el Instituto Pedagógico de Caracas, en 1949. Ha sido docente de Literatura Inglesa y norteamericana en la Escuela de Letras de la misma Universidad Central y en el Departamento de Inglés del Instituto Pedagógico. OBRA NARRATIVA: Marejada (cuentos, Ed. Bolívar, 1940), Llueve sobre el mar (Cuadernos de la AEV, 1943, cuentos); Cuentos de dos tiempos (Gráficas Panamericanas, México, 1950); Cinco cuentos (Cuadernos de la AEV, 1963); Cuentos escogidos (Monte Ávila, 1997).
La ruptura entre los géneros literarios se produjo en Venezuela con tardanza, si comparamos nuestra producción narrativa y poética con la que Europa propuso desde la primera década del siglo pasado. Se eliminaron las fronteras entre poesía y prosa, y la tendencia fue desde entonces disolver en unidad lenguaje-objeto-actor-paisaje, como si llegásemos a una dimensión expresiva en que la reflexión sobre el arte era más importante que el arte en sí mismo. El lenguaje asumió el papel de finalidad, por encima del contenido de la comunicación. La narración se inclinó hacia la forma poética: una oscura corriente de agua marina surge para mover el destino de los personajes: caras, movimientos, voces, gestos, sombra y luz, sueño, el rumbo indirecto del oleaje marino… Nada es fijo ni permanente, como el mar de Gustavo Díaz Solís.
Nuestro narrador nació frente al mar, y el océano ha sido polo de atracción en su obra literaria de cuentos antológicos en la narrativa venezolana: Llueve sobre el mar, el niño y el mar; y aparece como elemento fundamental, casi como personaje de otros cuentos para definir el curso narrativo. Baste nombrar su primer libro: Marejada, todavía situado en el criollismo del relato venezolano.
El desarrollo de la obra de Díaz Solís adquiere pronto formas nuevas en el estilo y la técnica de narrar. Su segundo libro de cuentos: Llueve sobre el mar, es una muestra de la aparición de la poesía dentro del género narrativo en el cuento de Díaz Solís:
“Noche grande, inmensa sobre el caserío. Arriba, muy arriba, la luna amarilla, redonda, brillando. La luna pinta las cosas con extrañas tonalidades. Cae sobre el mar y el mar brilla y suena de un modo distinto. Saca filos a las hojas de los cocoteros que relucen como cuchillos. Chorrea la luz friolenta sobre los ranchos destartalados y los ranchos brillan, parecen más blancos que de día. Clara, clara se ve la calle, Larga, desde el monte hasta el mar. Las dos hileras de ranchos blanquean; refulgen en la noche como una inmensa risa de negro.”
(Llueve sobre el mar. Capítulo X)
Nos quiere decir el narrador, en forma poética, que la exacta luna no está sola en sí misma, porque se hace forma en las montañas y el mar. La luna todo lo engrandece y otorga realidad nueva a la luz que infunde al mar y la playa; no es más ella misma. Después desaparece y se pierde en la sombra.
Llueve sobre el mar, como todos los cuentos de Díaz Solís, es el planteamiento de la adversidad del hombre ante el medio que lo rodea. José Kalasán habita en un pueblo de la costa y vive disipadamente, hasta que cae en desgracia al violar a una mujer. Es acosado por el pueblo y muere. Díaz Solís describe el suceso y nos pinta el cuadro trágico del negro muerto: “Tenía la cara casi hundida en el barro. Gotas de agua enlunada que se enredaban en la greña lanosa comunicaban a la cabeza un raro brillo”. El negro sacrificado es también el paisaje, y su presencia resulta necesaria para mostrarnos la lucha del personaje, del hombre de un pueblo sin esperanza. La adversidad que nace de la ignorancia y la pobreza es tema de nuestra literatura hasta hoy, sea en la narrativa de la tierra o en la urbana.
Hay en todo cuento un propósito poético. Así como la poesía es un desbordamiento espontáneo en torno a una situación única que cierra su ciclo dentro del texto, así también en el cuento prevalece la situación única subyacente. Es decir: el personaje y su acción confieren importancia a la situación única narrada, que prevalece sobre el carácter de los personajes.
Los temas de la creación literaria son los del hombre como universo: la muerte, el amor, la pasión de vivir desplegada en líneas geométricas que se cruzan y dirigen hacia el infinito. Si el cuento perdurable quiere ser expresión redonda de un momento de quien narra, ha de dejar que fluya desde la profundidad del pozo la luz que dará sentido al texto. Sin decirlo todo, ha de ser amplio para que todo pueda estar contenido en sus límites.
La tensión interior que descubrimos en un cuento no expresa en un sentido único las pasiones o emociones unidas por lazos invisibles en el ámbito espiritual del autor: “El hombre interior es uno” (Coleridge). Es entonces un decir infuso dentro de un espacio preciso, la sugerencia de la intención que la palabra quiere delimitar pero que hasta al autor escapa. Lo narrado en el cuento remite siempre a referencias que están fuera del texto, a lo inexpresable que también dice el poema. Por el contrario, en la novela todo suceso o peripecia – exterior o no a la conciencia de los personajes – quedan siempre dentro de su ámbito. Al igual que en la poesía, en el cuento el autor ha querido decir algo más que tal vez ignora porque está en sus profundidades y nace de motivaciones oscuras. El hecho literario es la actitud consciente y las consecuencias que resultan de la intencionada utilización estética del lenguaje. La poesía y el cuento no tienen intencionalidad y parece que nacieran de un estado “otro”, más allá de la voluntad deliberada de hacer estética del lenguaje: están emparentados con la fantasía y el inconsciente. El cuento así concebido permanece en los márgenes de lo puramente literario, porque nace del deseo y el impulso desconocido de la conciencia, casi como el sueño. Es la exploración de lo que no es consciencia del narrador, la búsqueda del impulso alienante con el uso del lenguaje analógico.
Uno de los cuentos más notables de Díaz Solís es “El Niño y el Mar”, de 1968. Con una gran economía de recursos, nos narra una historia sencilla, natural, pero con un significado apenas insinuado en la literalidad de la narración. El niño solitario llega a la orilla del mar con simples utensilios de pesca: una lata alargada con un asa de alambre, desprevenido en su inocencia. Sin darse cuenta, lo va envolviendo la pleamar mientras está atento a su acción de pescar algo que no sabe qué es. En esa pequeña lucha con el animal que no ha visto lo acecha la muerte de la alta marea, y cuando ve el cangrejo, “enorme, rojizo con sombras azules, sintió el miedo y el impulso de salir del mar:
“Entonces advirtió que estaba pisando en agua, que el mar asaltaba el terraplén de las algas y avanzaba espumoso y vivo por todos lados, recobrando piedras y rocas y plantas marinas que vivían de nuevo en el ritmo del agua. El niño vio lejos la playa y la duna y el cielo detrás de la duna. Envuelto en el ruido del repunte corrió hacia la playa saltando y chapoteando en el agua tibia y clara del mar…”
Una oscura corriente de agua marina surge para mover el destino de los personajes, pero ha sido el ánimo del protagonista el que ha dirigido la acción que lo ha impulsado a escapar fuera del mar. Se conjuga en el episodio la presencia amenazadora del mar, que el niño no ha advertido, con el mecanismo interno de su pensamiento e instinto.
El desenlace nos descubre que fue el cangrejo alzado en sus patas espinosas el que atemorizó al niño y lo salvó de morir ahogado por la pleamar. El tema de este cuento puede decirse con la forma externa de un poema, pero, aun sin eso, su contenido está difuminado poéticamente en los trazos con los que se insinúa la acción del relato.
El narrador utiliza el lenguaje común: la palabra de la tribu, pero desplaza ese lenguaje hacia significados análogos y distintos que sugieren vivencias que no están en el texto del cuento. Sin embargo, no es necesario que se utilice la dicción poética para que se produzca el efecto de poesía en el cuento, y la palabra de la tribu sirve en el propósito. Las catedrales están hechas con las mismas piedras que pisamos en el camino.
La obra literaria de Gustavo Díaz Solís no se reduce a la cuentística. Habiendo hecho estudios en los Estados Unidos de la literatura inglesa y norteamericana, adquirió dominio sobre la lengua y la literatura inglesa y de los Estados Unidos de América. Ejerció la docencia de la literatura inglesa en la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela, donde también desempeñó cargos de dirección.
La traducción al castellano de los “Cuatro Cuartetos”, de Thomas Stearns Eliot (Monte Ávila Editores. Caracas, 1991) es un logro de nuestro autor, en el estilo lírico que capta del escritor norteamericano, y por el ejercicio de un lenguaje formal sujeto a las exigencias de cada poema de Eliot.
También trasladó al castellano la poesía romántica de los poetas ingleses William Wordsworth y Samuel Taylor Colerigde (Monte Ávila Editores, colección MEMORABILIA. Caracas, 1987). Con el título de “Baladas líricas”, Díaz Solís nos dejó su recreación de la obra de esos poetas ingleses.
Y no debe olvidarse la versión castellana de nuestro narrador, de Seis poemas de Robert Frost”.
En una entrevista realizada a Gustavo Díaz Solís, en 1969 (citada por José Balza en la edición del libro: OPHIDIA Y OTRAS PERSONAS. Monte Ávila Editores. Caracas, 1989), el narrador expresó: “Cuando uno escribe se está expresando; y la forma de hacerlo puede ser más o menos directa. Así, en vez de interesarse uno por una forma directa se siente más atraído por la forma indirecta. Es una tendencia a la indirección. Para mí resulta difícil practicar eso que hacen algunos poetas: no buscan un correlato sino que exponen sus sentimientos de una vez”. Caracas, octubre de 2008.
Publicado por el Papel Literario de El Nacional, 29 de nov. de 2008
Alejo Urdaneta, poeta, narrador y ensayista, Miembro del Consejo Consultivo del Círculo de Escritores de Venezuela
Una asociación civil sin fines de lucro creada con la misión de reunir a los escritores para conocer, estudiar, investigar, promover y divulgar sus obras, ideas y proyectos; propiciar la investigación y creación de una base de datos de los autores y libros publicados; promover la incorporación de escritores de otros países y en líneas generales, proyectar la literatura venezolana e hispanoamericana.