La polaridad dramática de las ofrendas en la poesía de Lidia Salas

29 Sep 2008 Sección: Ensayo

Por Magaly Salazar Sanabria

Como un eco que se escapa de una página abierta a la vida, para cumplir su destino poético, se siente esta frase definitiva: “Ten en ti nuestras venas, palabra”. Así decía la gran poeta venezolana, Enriqueta Arvelo Larriva, en su ofrenda a la poesía. Y de qué otra manera se puede comenzar un diálogo poético sino con una voz abrigada por el tiempo y sostenida por el silencioso palpitar de palabra única. Como dice Enriqueta en sus conversaciones con Dios, “No me des nada / pero déjame intuirlo todo” y es el descubrimiento del poema en vías de decirse, lo que espero vislumbrar en la poesía de Lidia Salas.

Entre el claro oscuro de la muerte y la esperanza se trazan simultaneidades cercanas y profundas que imprimen a la obra de esta escritora un carácter de unidad que parece enfrentarse a la rotura, a la conflictividad y a la soledad. Y si antes se habló de polaridad dramática, es precisamente por esas convocatorias conmovedoras establecidas entre la desdicha y la posibilidad de la vida, entre la muerte y el eros; “furia y presa”, astilla y permanencia, llagadura y encuentro, embriaguez y deseo, jazz y nostalgia, sexo y derrota; todos los sentimientos expresados o sugeridos con pasión como una palabra que se guarda cual semilla concentrada de significaciones que brota y se propone, como ofrenda y busca una orilla que la albergue, la alimente y la sostenga.

Arañando el silencio (1984), Venturosa, (1993), Mambo Café, (1994), Luna de Tarot, (2000) y Sedas de Otoño, (2007), conforman una obra que intensifica y le da vivacidad a lo vivido. Hay una añoranza, un esplendor, que singulariza esta poesía, pero también un estremecimiento de la sensibilidad.

Entretanto, el amor recorre cada página como una “aguja en los estambres,” de su alma para tejer en sílabas: el apetito de ser, el exilio, las saudades, la oquedad, los extravíos, el naufragio. Así, leemos de Venturosa: “Rutas” “¿En cuál meridiano es el reverso? / ¿Dónde el país de extraña latitud? / Tanto sitio ilusorio, tanto lugar de no llegar/ Allí, en llamas congeladas / la fiesta del encuentro /el dulce instante grabado en la memoria de la sangre. / ¿Dónde la débil quebradura / la fractura / la íntima rendija?” Como podemos observar, las metáforas propuestas se sustentan en la tensión que se ejerce entre el significado y el significante. “el país de extraña latitud” y “el dulce instante, se alejan; luz y oscuridad, como extremos de la quebradura, la fractura, la rendija. En ese momento, la fuerza poética se torna evidente.

Lo de adentro del ser y lo de afuera, lo oscuro y la claridad de la esperanza despliegan su deseo hacia la desmesura del encuentro donde Dios habita ¿Es acaso el reverso de la soledad el que se busca? ¿Y cuál es el lugar de los hallazgos? El hablante poético se encuentra subversivamente con su piel en lo cotidiano, en el espejo, que refleja su yo oculto en el reverso, en la imagen invertida del mundo, porque el alma nunca se ensimisma, ella responde a la llamada de manera dramática, y declara su ofrenda con imágenes, contenidos sensoriales, símbolos, que impregnan el espacio poético de ritmo y calidad estética de verdadera oficiante de la poesía, como se observará en un poema de Sedas de Otoño: “Oficio de Maga”: “Me acecha desde la magia de este oficio / de trenzar palabras/ la soledad, ese ejercicio de vivir muriendo, / la belleza y el amor que es otra forma / de aprehender el latido de Dios” (…)

¿Y quién es Dios sino una polaridad del vivir muriendo y una ofrenda al Creador que pernocta entre la belleza y el amor? La vivacidad de los poemas se constituye en la unión de esos opuestos; una pasión de fuego en la que juegan la energía de la vida y de la muerte.

* Magaly Salazar Sanabria es Licenciada en Letras, Magíster en Literatura Hispanoamericana con Doctorado en la Universidad de Barcelona, España. Es poeta, ensayista e investigadora en literatura hispanoamericana, Actualmente es Directora de Relaciones Institucionales del Círculo de Escritores de Venezuela.

El amor se llamó, se llama Pablo Neruda

27 Sep 2008 Sección: Arte y Cultura

Enamorar y seducir con versos, poder decirle a la amada porqué, cuánto y cómo se la quiere, significa para muchos, entre los que me incluyo, echar mano a los libros del poeta del amor: Pablo Neruda, y, en especial, a aquellos versos donde el Capitán expresa su inconmovible amor.

Los Versos del Capitán son un prodigio de poesía amatoria; no en vano su destinataria, Rosario de La Cerda, confirmó, años, besos, caricias después, que Neruda, su Capitán, no “sabía de sentimientos pequeños, ni tampoco los aceptaba. Me dio su amor, con toda la pasión que él era capaz de sentir y yo lo amé como nunca me creí capaz de amar. Todo se transformó en mi vida…Este amor me traía todo. La ternura dulce y sencilla cuando buscaba una flor, un juguete, una piedra del río y me la entregaba con sus ojos húmedos de una ternura infinita.”

En la poesía de Neruda el amor trae todo y también se lo lleva todo, el poeta es capaz de echar la puerta abajo, prescindir de goznes, cerraduras y aldabas, para recuperar, como cortesano caballero, a su milady que reposa indiferente en una torre de silencio y de distancia. Puede incluso transmutarse el escritor en fiero tigre de primarios instintos para acechar a su amada, esperar que se desnude y de un zarpazo derribar sus caderas, beber su sangre y romper sus miembros uno a uno, para quedarse luego y por siempre en la selva, velando los huesos, cuidando las cenizas de su amada: centinela implacable de su amor asesino.

Neruda no se transforma sólo en tigre excluyente y furibundo, puede ser a la vez vistoso y vigoroso cóndor que asalta y levanta del suelo a su amada en “un ciclón silbante / de huracanado frío” para llevarla “a volar sobre el mundo, / inmóvil, / en la altura.” También el poeta se transmuta en diminuto insecto erótico que disfruta, se solaza paso a paso del largo paseo que realiza de “tus caderas a tus pies”. Viene y va el poeta por colinas color de avena, se pierde al fin en el musgo gigante del cuerpo amado para descubrir-deslumbrado-el ansiado y deseado cráter, “una rosa de fuego humedecido”. Insecto gozoso, satisfecho, desciende por las piernas, por los pies, por las aberturas de “agudos, lentos, peninsulares” dedos para caer al vacío de la sábana blanca y proseguir ciego, hambriento de nuevo,”tu contorno de vasija quemante.”

Pasión y ternura, tormenta y remanso, torbellino y calma, furias y reconciliaciones acompañan a todo amor, el del Capitán y Rosario no fue la excepción, Neruda en uno de sus sinceras cóleras reconoce: “nuestro amor es una cuerda dura que nos amarra hiriéndonos / y si queremos / salir de nuestra herida / separarnos / nos hace un nuevo nudo y nos condena / a desangrarnos y quemarnos juntos.”

Amor de inevitables comparaciones y odiosas preguntas que llevan al poeta a emitir sentencias hipócritas y versos desmedidos: “antes de mí no tengo celos. / Ven con un hombre / a la espalda / ven con cien hombres en tu cabellera” que se traducen en la condena de la amada al peor de los exilios: el del amor solitario y sin convocatoria, “seguirás muerta o sombra o andando sin mí por la tierra:”

Furias pasajeras de un poeta que está decidido, a toda costa, a apoderarse del cuerpo y del alma de su amada; se sabe todopoderoso, invencible. Para que no existan dudas, el Capitán advierte que es, antes que nada y después de todo: “tu dueño, el que tú esperabas, / y ahora entro / en tu vida, / para no salir más…para quedarme…tú no puedes conmigo.”

Pasión escrita e inscrita dentro de la furia, el mal humor, la cólera, el arrebato que, sin embargo, encuentra rápida y prontamente la placidez, el reposo, porque el poeta conoce también el valor de la humildad que lo lleva a pedir, con los ojos cerrados, sin exigencias: “Ámame, tú, sonríeme, / ayúdame a ser bueno / No te hieras en mí, que será inútil, no me hieras a mí por que te hieres.”

Nunca la mujer deseada, amada, ha sido tan ensalzada y repudiada a la vez; amor de Neruda, contradictorio, frenético y convulsivo que va del encuentro, furtivo y magnificado, al olvido anunciado y presentido: “si de pronto / me olvidas no me busques / que ya te habré olvidado”. Afortunadamente la sentencia no fue destino, la amenaza no se constituyó en futuro.

Neruda nombra reina a su amada; súbdito sumiso reconoce, consiente en que:”Hay más altas que tú, más altas. / Hay más puras que tú, más puras. / Hay más bellas que tú, hay más bellas. / Pero tú eres la reina.” Majestad soberana por efecto de una emoción que todo lo engrandece y enaltece; sentimiento propiciador de emociones dispares, contradictorias, en tensiones permanentes, capaz de promover, de auspiciar todas las renuncias, las negaciones posibles, menos la única, la fundamental: niégame el pan, el aire, / la luz, la primavera, / pero tu risa nunca / porque me moriría.”

Poesía premonitoria, cargada de futuro, destino en sí misma, que paradójicamente nació para extinguirse en espurios, efímeros papeles escritos entre verso y bala; versos de un capitán sin nombre ni rango que en la guerra civil española conoció el amor y le impuso para siempre su letra: Poemas que todos los días, en otros idiomas, en algún lugar del mundo, un amado apasionado leerá en susurros a su amada, porque sí en algo tuvo visión Pablo Neruda, fue cuando en el último de los poemas de Los Versos del Capitán, en La carta en el camino, sabio, intuitivo, hambriento de futuro, anticipó:

Tal vez llegará un día
en que un hombre
y una mujer, iguales
a nosotros,
tocarán este amor y aún tendrá fuerza
para quemar las manos que lo toquen.

El compromiso social de Gabriela Mistral y Pablo Neruda

27 Sep 2008 Sección: Arte y Cultura

Para comprender el presente, con sus múltiples cursos y recursos, debemos volver la mirada al pasado. Los egipcios aceptaron bien este punto considerando como temas centrales de su arte y arquitectura a la reencarnación, la resurrección, y el viaje del alma por el averno. No en balde, al desmantelar un templo, las piedras que fungían de columnas en la vieja estructura, estaban destinadas a servir como basamentos de la nueva construcción. Los hombres de todas las épocas han sentido una fascinación por los acontecimientos del ayer. Goethe llegó a escribir que: “el arte y la ciencia, como todos los sublimes bienes del espíritu, pertenecen al mundo entero, y sólo pueden prosperar con el libre influjo mutuo de todos los contemporáneos, respetando siempre todo aquello que el pasado nos legó”. Por su parte, Ortega y Gasset nos advierte: “Quien quiera ver correctamente la época en que vive debe contemplarla desde lejos. ¿A qué distancia? Es muy sencillo: a la distancia que no permite ya distinguir la nariz de Cleopatra”. En literatura, toda obra debe batallar, más tarde o más temprano, con el tiempo. Juan Goytisolo señalaba, con acierto, en un ensayo titulado Contra los mandarines de la tecnociencia (Málaga, 1992), que: “Los textos literarios eran algo así como mensajes de náufragos”, misivas embotelladas y arrojadas al mar sin una idea clara acerca de su destinatario. El viaje de la botella es incierto y puede durar años, o incluso décadas, como ha sucedido con piezas geniales del tenor de Cubagüa de Enrique Bernardo Núñez, los poemas de Luis Cernuda, o la novela También los hombres son ciudades de Oswaldo Trejo. Hoy, administrando el beneficio que nos lega la distancia, procuraremos aproximarnos a la vida y obra de dos grandes plumas latinoamericanas: Gabriela Mistral y Pablo Neruda.

Lucila Godoy, mejor conocida como Gabriela Mistral, encarna la lucha de la mujer americana a través de la palabra. En sus poemas, advertimos los sueños y esperanzas de los humildes. Vino al mundo en un pueblo del centro de Chile, Vicuña, en 1889. Hija de doña Petronila Alcayaga, y de don Jerónimo Godoy, creció en un ambiente tranquilo y religioso. Las personas son, en esencia, reflejos de lo que escriben y lo que leen, es decir, de los libros que nutren su pensamiento. Lucila admiraba a Rubén Darío, Tagore, Vargas Vila, y otros, durante aquellos primeros años de la adolescencia. Toda esa formación intelectual, se advierte sutilmente en sus primeros escritos en prosa publicados en un periódico de su pueblo natal. Maestra en un pequeño enclave cerca de La Serena, busca el sentido trascendente de la vida, la propia y la de aquellos niños que la entornan. En 1913, al salir impreso en la revista Elegancias su cuento La defensa de la belleza, se cartea con su director, el gran poeta nicaragüense Rubén Darío. Escribe Lucila: “Yo soy una desconocida, yo maestra, nunca pensé antes en hacer estas cosas que usted, el mago de La niña rosa, me ha tentado y empujado a que haga”. Sin duda, en su poesía, tendrá mucho peso aquella única experiencia amorosa con un joven empleado ferroviario de nombre Romelio Ureta, sesgada por el suicidio del amante, en noviembre de 1909. Esta tragedia, nos remite a los párrafos mejor logrados del genio de Baltimore, Edgar Allan Poe, en su obra Eleonora: “Había ella visto que estaba el dedo de la Muerte sobre su seno, y que, como la efímera, no había madurado perfectamente en belleza más que para morir”. Así, “de cuando en cuando me arrojaba con precipitación a los pies de Eleonora y le ofrecía jurar ante ella y ante el Cielo que no contraería nunca matrimonio con una hija de la Tierra, que no sería, en modo alguno infiel a su amada memoria ni al recuerdo del ferviente afecto que ella me consagraba”. Gabriela Mistral es autora de Desolación (1922), Ternura (1924), Tala (1938), y Lagar (1954). En estos volúmenes, evoca los dolores íntimos, le canta a la naturaleza salvaje como lo haría el maestro del impresionismo Paul Gauguin con los pinceles, al tiempo que describe el trabajo, las desgracias y miserias de los campesinos, junto a la maternidad frustrada y el universo de los sueños infantiles. Tras desarrollar una intensa actividad consular, y recibir, en 1945, el Premio Nobel de Literatura, la Hija Predilecta de América, fallece en los Estados Unidos en enero de 1957.

Otro escritor chileno, Neptalí Reyes Basoalto, abordaría con exquisita elegancia el tema erótico en ritmos alejandrinos y endecasílabos. Veinte poemas de amor y una canción desesperada es, sin duda, un texto que denota madurez poética: “Emerge tu recuerdo de la noche en que estoy,/ el río anuda al mar su lamento obstinado/ abandonado como los muelles en el alba./ Es la hora de partir, ¡oh abandonado!” El desarrollo de una dilatada actividad diplomática, le permite a Pablo Neruda relacionarse con los componentes de la llamada Generación del 27, entre quienes se hallaban: Federico García Lorca, Rafael Alberti, Jorge Guillén, y el pintor surrealista Salvador Dalí. Su postura rebelde y combativa, opuesta a la de Juan Ramón Jiménez, se evidencia en un manifiesto publicado en la revista Caballo Verde para la Poesía. Militó en el partido comunista, recibiendo, en 1949, el premio Stalin. Autor de numerosos volúmenes, entre los que se cuentan: El canto de amor a Stalingrado, Canto general, Odas elementales, Navegaciones y regresos, Cien sonetos de amor, Plenos poderes, y Arte de pájaros, le fue concedido, en 1971, el Premio Nobel de Literatura. Para Neruda: “la poesía se aprende paso a paso, entre las cosas y los seres, integrándolos a todos en una ciega extensión del amor”. Desde su residencia de Isla Negra, ante ese mar inmenso reflejo del poder de la conciencia, advertimos acaso el mundo personal de un poeta que le cantó a la libertad, a las piedras, a sus amores y fantasmas. Sin duda, un creador universal que trascendió su propio tiempo y espacio. Calzan aquí acaso las palabras de John L. Stephens: “La casa en ruinas yacía ante nosotros como un barco naufragado en alta mar que hubiera perdido sus mástiles, cuyo nombre hubiera desaparecido, cuya tripulación hubiera muerto, y nadie supiera decirnos de dónde procedía, ni cuánto tiempo había navegado, ni cuál había sido la causa del naufragio”.

* Forma parte de un libro inédito que será publicado por el Círculo de Escritores de Venezuela

Asociación Pro Círculo de Escritores de Venezuela

13 Ago 2008 Sección: El Círculo

La Asociación Pro Círculo de Escritores de Venezuela tiene como finalidad desarrollar iniciativas orientadas al apoyo, promoción, consolidación y fortalecimiento del Círculo de Escritores de Venezuela. Ha sido aprobado su funcionamiento por el Ministerio de Ciencia y Tecnología.

Las Empresas pueden contribuir con el Proyecto de ASOPROCEV, en cumplimiento a la L. O. C. T. I. Ley Orgánica de Ciencia, Tecnología e Innovación.

Interesados comunicarse con José Tomás Angola Heredia, Gerente General del Proyecto y Miembro del Consejo Consultivo del Círculo de Escritores de Venezuela. Teléfono: 0414 304 5000

También puede comunicarse con Carmen Cristina Wolf, Vicepresidente de ASOPROCEV, al teléfono 0416 629 70 62.

Miembros activos

13 Ago 2008 Sección: El Círculo

De la A a la C

  • Aguilar, Anabelle
  • Alarico Gómez, Carlos
  • Alegre, Atanasio
  • Altamirano, Elizabeth
  • Angola, José Tomás
  • Armas, Edda
  • Atencio Bello, Heraclio
  • Arráiz, Elisa
  • Arredondo, Belkys
  • Arroyo, Juan María
  • Arvelo, Pierina
  • Ayala, Maite
  • Barroso García, Natividad
  • Bellorín, Luis Felipe
  • Bermúdez, Manuel +
  • Bianco, Rogelio
  • Blasser, Mariflor
  • Bravo, Enrique
  • Briceño, Carlos
  • Bustamante, Nora
  • Campos, Orlando
  • Carrillo Batalla, Tomás E.
  • Casanova Sucre, Eduardo
  • Casas, Maria Teresa
  • Castellanos, Dora
  • Castellanos, Rafael R.
  • Cepeda, Gloria
  • Celis, Aura María
  • Colmenares, Ligia
  • Cupello, Miriam

De la E a la G

  • Del Re, Ana María
  • Díaz Carmona, Carolina
  • Dulcey, Cecilia
  • Erminy, Thaís
  • Escalona, Eunice
  • Escalona, José Antonio
  • Eiras, Ana María
  • Febres, Laura
  • Feld, Eva
  • Fraile, Medardo
  • Gamero, Heberto
  • García Mackle, Miguel
  • Gracia Trinidad, Enrique
  • García, Rosalina
  • Gómez Jiménez, Jorge
  • Gómez Grillo, Elio
  • González, Daniuska
  • González, Isabel Cecilia
  • Gottberg, Carlos
  • García, Rosalina
  • Gluzman, Mario
  • Guerra, Cristóbal

De la H a la K

  • Haack, Milagro
  • Hernández Chiliberti, Milagros
  • Hernández Lara, Asdrúbal
  • Hernández, Ruth
  • Hurtado Yarza, Ximena
  • Ibarra, José Luis
  • Irimia, José
  • Jaimes Branger, Carolina
  • Jaimes, Rosalvina
  • Krispin, Mireya

De la L a la O

  • Lancini, Darío
  • Lander, Astrid
  • Lasser, Alejandro
  • Lázzaro, María Luisa
  • Leret, Laura
  • Liendo, Eduardo
  • López Meléndez, Teódulo
  • López Orihuela, Alcides
  • Losada, Benito Raúl
  • Lovera De Sola, Roberto
  • Machado, Luis Alberto
  • Madrid, Antonieta
  • Madrid, María Gabriela
  • Mago, Luis Beltrán
  • Maldonado-Burgoin, Carlos
  • Maldonado Parilli, Jorge
  • Marta Sosa, Joaquín
  • Martins, Juan
  • Márquez Rodríguez, Alexis
  • Marrero, Marisol
  • Mattar, Garam
  • Mayorca, Juan Manuel
  • Melo, Rosa
  • Mendoza de Pastori, Beatriz
  • Mila, Ángel
  • Miosi, Blanca
  • Monroy, Gladis
  • Moreno de Rojo, Raquel
  • Morón, Guillermo
  • Muñoz Aguirre, Inés
  • Novillo, María Isabel
  • Ogliastri, María Teresa
  • Ontiveros, Alejandro
  • Oropeza, Carmen América
  • Ostfeld, Klara
  • Ottaviani, Marcia

De la P a la S

  • Patiño, María Cristina
  • Pacheco, Carlos
  • Pascual, Sergio Armando (Basílides)
  • Parilli, Elías
  • Paludi Baz, Oscar
  • Pastori, Luis
  • Pérez Capiello, Álvaro
  • Prieto, Luis
  • Proietti, Maribel
  • Pulido, José
  • Quiñones, Trina
  • Rondón, Alí E.
  • Ruiz De Torres, Juan
  • Sánchez Soto, Oscar
  • Simne, Petruvska
  • Quevedo Martín, Agustín
  • Quiñones, Trina
  • Reverón, Marcia
  • Revilla, Gladis
  • Ritter Alzamora, Alejandro
  • Rivas, Luz Marina
  • Rivero, Emilcen
  • Riveros Tejada, Guillermo
  • Rojas Cabot, Román
  • Rumazo, Lupe
  • Russo, Nery
  • Salas, Lidia
  • Salas, Nada
  • Salazar Martínez, Francisco
  • Salazar Sanabria, Magaly
  • Salcedo Pizani, Ernestina
  • Sambrano Urdaneta, Oscar
  • Sanabria, Silene
  • Sánchez Soto, Oscar
  • Sassone, Helena
  • Sjöstrand, Oscar
  • Solaeche, María Cristina

De la T a la Z

  • Teméshy, Aladár
  • Torres, Ana Teresa
  • Torres, Ildemaro
  • Torres Héctor
  • Trujillo, Simon
  • Urdaneta, Alejo
  • Urdaneta, Ramón
  • Velásquez, Ana María de
  • Valeriano, Luisa
  • Velásquez, Lucila
  • Velásquez, Ramón J.
  • Vera M., Víctor
  • Vidaurre, Edgar
  • Vidaurre, Ruth
  • Viloria Vera, Enrique
  • Villa Pelayo, José Jesús
  • Wiese, Gustavo
  • Wiese, Enma Luisa
  • Wolf, Carmen Cristina
  • Yurman, Fernando
  • Ziccarelli, Frank

El Círculo de Escritores
de Venezuela

Una asociación civil sin fines de lucro creada con la misión de reunir a los escritores para conocer, estudiar, investigar, promover y divulgar sus obras, ideas y proyectos; propiciar la investigación y creación de una base de datos de los autores y libros publicados; promover la incorporación de escritores de otros países y en líneas generales, proyectar la literatura venezolana e hispanoamericana.