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	<title>Círculo de Escritores de Venezuela &#187; Ensayo</title>
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	<description>Divulgación de literatura hispanoamericana. 20 Aniversario</description>
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		<title>Ensayos de Lupe Rumazo en un nuevo libro</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Jan 2012 15:10:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Círculo de Escritores</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ensayo]]></category>
		<category><![CDATA[Libros en la Mesa]]></category>

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		<description><![CDATA[Los ensayos de la escritora Lupe Rumazo se reúnen en un volumen que se titula Los marcapasos, editado por la Casa de la Cultura Ecuatoriana Benjamín Carrión, en su colección Bicentenario, biblioteca mínima. La escritora ecuatoriana residente en Venezuela, es Miembro del Círculo de Escritores de Venezuela En 526 páginas, la intelectual ecuatoriana, analiza la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Los ensayos de la escritora Lupe Rumazo se reúnen en un volumen que se titula Los marcapasos, editado por la Casa de la Cultura Ecuatoriana Benjamín Carrión, en su colección Bicentenario, biblioteca mínima. La escritora ecuatoriana residente en Venezuela, es Miembro del Círculo de Escritores de Venezuela</p>
<p>En 526 páginas, la intelectual ecuatoriana, analiza la obra de personajes clave de la cultura y el pensamiento ecuatoriano y latinoamericano, como Eugenio Espejo y Alfonso Rumazo González, así como los discursos y prácticas sociales que han dominado a lo largo de los años. </p>
<p>El libro, editado en el 2011, se abre con una relectura de Espejo. Luego estudia el proceso de independencia con seis ensayos dedicados a la obra del historiador Alfonso Rumazo, su padre. En el dedicado a Manuela Sáenz, refuta el libro Patriota y amante de usted, de Carlos Álvarez Saa, por apócrifo. </p>
<p>Ensayista, novelista, cuentista, nacida en Quito, en 1935, Lupe Rumazo dedica también un espacio a analizar la violencia contra la mujer intelectual, y hace, además, una revisión de la teoría del intrarrealismo literario. Se adentra en la poesía de Andrés Eloy Blanco y se refiere a la obra de Alfredo Pareja Diezcanseco. Hace un homenaje a Jorge Carrera Andrade. Se cierra la obra con un autoensayo sobre la autobiografía en el relato de Lupe Rumazo.</p>
<p>La obra la dedica a su padre, el historiador Alfonso Rumazo, a su madre, Inés Cobo de Rumazo; a su esposo, hijos y nietos. Y antes de dar paso a los ensayos, en el libro se inserta un texto, que se titula Liminar, en el que se señala que todos los ensayos de este tomo, responden a una entonación de denuncia esclarecedora.</p>
<p>Lupe Rumazo es una de las grandes intelectuales ecuatorianas. Con once libros publicados, sus obras han sido prologados por autores como Ernesto Sábato, Juana de Ibarborou, Benjamín Carrión y otros. </p>
<p>Es miembro de la Academia Ecuatoriana de la Lengua, del Instituto de Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Pittsburgh y del Círculo de Escritores de Venezuela. Es representante para Venezuela de la Sorbonne Nouvelle en la Literatura Comparada y de la Sociedad Europea de Cultura. </p>
<p>Ha participado como ponente en congresos internacionales. Ha colaborado de manera asidua en diarios y revistas de América y Europa. Fue finalista en el Premio de Novela Rómulo Gallegos de 1989, con la novela Peste blanca peste negra. </p>
<p>Entre sus obras también se hallan: En el lagar, ensayos, 1962; Sílabas de la tierra, relatos, 1964; Yunques y crisoles americanos, ensayos, 1967; Rol beligerante, ensayos, 1974. </p>
<p>Carta larga sin final, un ensayo novela, prologado por Benjamín Carrión, se publicó en 1978. Edna Coll, en el Índice Informático de la Novela Hispanoamericana, la conceptúa como una “obra sumamente original, pletórica de lirismo, angustia intelectual, vivencias dramáticas y erudismo”. “Lupe trasciende la muerte, dialoga con su madre muerta, a quien resucita de manera convincente, evoca con ternura sus mejores momentos junto a ella, y con sus ansias y lágrimas construye un gran poema elegíaco de devoción filial”. </p>
<p>Autora: Lupe Rumazo.<br />
Título de la obra: Los Marcapasos<br />
Género: Ensayo<br />
Editorial: Casa de la Cultura Ecuatoriana.<br />
Páginas: 526</p>
<p>Se ha dicho de la autora:<br />
“Lupe Rumazo es la mujer que, en estricta justicia, realiza la obra más cabal y plena de nuestras letras femeninas”.<br />
BENJAMÍN CARRIÓN,<br />
ENSAYISTA ECUATORIANO</p>
<p>“El comentario espontáneo, surge de su pluma con una reflexividad que atrae, que retiene la atención del lector”.<br />
Isaac J. Barrera,<br />
ESCRITOR ECUATORIANO</p>
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		<title>CHOPIN Y SU MOJA BIEDA: LA TRAGEDIA ABSOLUTA</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Jan 2012 13:39:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Círculo de Escritores</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ensayo]]></category>

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		<description><![CDATA[Por Edgar Vidaurre Chopin, nunca habló mucho de aquello que lo impulsaba, que lo animaba a componer y tampoco dejó constancia escrita en cartas o diarios sobre los orígenes del lirismo tan pleno y lleno de esa nostalgia tan suya, tan personal. Su música a mi sentir, es lo más acabado desde el punto de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por Edgar Vidaurre</p>
<p>Chopin, nunca habló mucho de aquello que lo impulsaba, que lo animaba a componer y tampoco dejó constancia escrita en cartas o diarios sobre los orígenes del  lirismo tan pleno y lleno de esa nostalgia tan suya, tan personal. Su música a mi sentir, es lo más acabado desde el punto de vista poético-metafísico. Es romanticismo si, pero con una calidad de abstracción indescriptible e intraducible, como no sea a través de ese aliento contenido, de esa música conectada y surgida de las evoluciones más internas y secretas del alma. Ahora que después de tantos años me he puesto a tocar sus nocturnos y bajo esta obsesión mía que me lleva a develar lo que está detrás de la música que estudio, me había sido imposible desentrañar los secretos de Chopin.</p>
<p>Su vida amorosa fue igual de reservada. Y digo reservada pues la publicitada relación con Aurora Dupin o George Sand no tuvo, (para Chopin por lo menos), el carácter ni la contextura de un amor con contenido total y trascendido. Este poeta, como buen romántico mantuvo la postura ideal de los tiempos y sus amores perfectos eran aquellos que cumplían con la máxima romántica del amor no dicho. De hecho se sabe que mantuvo durante muchos años una devoción sublime por Constanza, a quien le dedico el Adagio del concierto en Fa… y todo el mundo lo supo menos ella.</p>
<p>Sin embargo, por fin he podido entender de manera lenta y conmovedora su tragedia, aquello que se esconde envuelto en el sentir de su Nocturno para piano solo en Fa No 1 Op. 15. Aunque reservado e introspectivo, Chopin ya entrado dentro de un proceso de maduración espiritual y musical, había dejado de ser el joven de ojos tristes y de amor oculto por la joven Constanza para adquirir ese brillo especial que da la vivencia, la experiencia del contacto con su Elan Vital. En los años que duró la separación de su amada Polonia, de sus padres y de Constanza, se constituyó de manera definitiva el alma de este poeta. Fue sobre el año de 1834 que Chopín encuentra por última vez a su padre y a su familia en la ciudad de Karlsbad en los baños termales… donde encontraría también esta vez el verdadero e irresistible cuerpo del amor en la muchacha llamada Maria Wodzinska.</p>
<p>Ya de niños habían correteado y jugado en los jardines, pero ahora su reencuentro se producía en medio del proceso de maduración de ambos. En el transcurso de toda su vida, Chopin sólo fue feliz durante esos veinte días de crepúsculos y rosas, y toda esa felicidad podía caber en las manos ahuecadas de María. Los atardeceres en las terrazas de mayo, le hizo nombrar a su vínculo como El Crepúsculo. Así lo escribieron en las innumerables notas intercambiadas, en las miradas, en los silencios, en las palabras susurradas, en cada flor furtiva que era dejada secretamente en el momento de los adioses… y esta vez, ya no fue el piano de Federico el que habló, sino él, en propia e inteligible voz, a través de esos labios que María describe como los surtidores del aroma de las sombras…</p>
<p>Chopín le pide a María se case con él y ella acepta conmovida y le pide solo treinta días, para tener la aprobación de su padre. Poco sabemos de aquello que vivió Chopin durante ese mes de espera y de ansiedad, más en algunas de las cartas a su hermana de esos días deja ver su certeza en la felicidad inminente, su esperanza, su seguridad en las promesas recibidas por la vida.</p>
<p>La respuesta le llegó el último viernes de noviembre en una carta formal y seca de María en donde le pedía no verla más, haciendo énfasis en la imposibilidad de cualquier tipo de vínculo entre ellos.</p>
<p>El día de su muerte, en el escritorio de Chopin, fue encontrado un paquete hecho de papel especial y atado con cinta rosada en donde estaban envueltas como si fuera un pequeño ataúd, todas las cartas de María, cada pétalo de las rosas furtivas y sobre el mismo a manera de epitafio la palabra Moja Bieda, que en polaco quiere decir mi tragedia… pero tragedia en términos absolutos que abarcan tanto el ámbito físico y espiritual de manera devastadora.</p>
<p>En el maravilloso libro que el Maestro Alfred Cortot escribió sobre Chopin, pude enterarme que sobre la partitura original del Nocturno en Fa No 1 Op. 15 que estoy releyendo en estos días, está están escritas las palabras Moja Bieda….</p>
<p>&#038;   &#038;   &#038;   &#038;   &#038;</p>
<p>Fuente: www,edgarvidaurre.net. EL LUGAR MÁS SOSEGADO, página del escritor venezolano Edgar Vidaurre Miranda.<br />
EDGAR VIDAURRE nació en Caracas el 5 de diciembre de 1953, iniciando sus estudios musicales en el año de 1958 en el conservatorio de música Juan Manuel Olivares y de piano con el profesor Jorge Farkas.</p>
<p>Posteriormente, estudió con las profesoras Gerty Haas y María Albino hasta 1976 año en el que obtiene el grado de pianista ejecutante, así como también estudios de teoría y solfeo, armonía, contrapunto e historia de la música con los profesores Alvaro Fernaud, Angel Sauce y R. Hernández López. En el mismo año de 1976 obtiene el título de Abogado de la Universidad Católica Andrés Bello, igualmente realiza estudios de filosofía en la misma universidad. En el año 1991 ingresa a los talleres de poesía del Conac en el Ateneo de Chuao y del Celarg a cargo del poeta Alfredo Silva Estrada de manera ininterrumpida hasta el año de 1995, siendo que paralelamente participa en los talleres libres con las poetisas Elizabeth Schön e Ida Gramcko.<br />
Autor de los libros de poesía:<br />
- La resurrección de los frutos (Mención de honor en la bienal 1993-1994 de poesía mística Antonio Rielo de España)<br />
- Poemas de la tierra (1995)<br />
- La fugitiva (ganador del premio único de Poesía Bienal Latinoamericana José Rafael Pocaterra (1994-1996). Editorial La Liebre libre. Venezuela<br />
- La séptima Rosa (1996)<br />
- El lugar más sosegado de la tierra (Mención de Honor en la bienal municipal de literatura Augusto Padrón, 1997). Colección de Poesía. Secretaría de Cultura del Estado Carabobo. Venezuela<br />
- Panayía (1998-1999)<br />
- El lamento de Ariadna (2002-2004)<br />
Autor de numerosos ensayos sobre poesía, escritos especialmente para los talleres del Celarg, así como, de artículos para los periódicos El Siglo y el suplemento literario Verbigracia de El Universal, conferencista de la Dirección de Literatura del Conac (1996-1997) y del Ateneo de Maracay.<br />
Desde el año de 1989, es colaborador y coeditor de la Editorial Vertiente Continua del Poeta Alfredo Silva Estrada, y director fundador del Fondo Editorial Diosa Blanca. Es Miembro del Consejo Consultivo del Círculo de Escritores de Venezuela.</p>
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		<title>MARISOL MARRERO, NOVELISTA VENEZOLANA</title>
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		<pubDate>Thu, 05 Jan 2012 15:39:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Círculo de Escritores</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ensayo]]></category>
		<category><![CDATA[Mundo literario]]></category>

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		<description><![CDATA[Marisol Marrero: Una venezolana canaria Por Blanca Miosi http://blancamiosiysumundo.blogspot.com Esta primera entrada del año la quiero dedicar a una autora venezolana: Marisol Marrero.  Pocas veces he tenido oportunidad de leer a escritores venezolanos, no porque no los haya; hay muchos y muy buenos, según las críticas y los círculos literarios del país. Tal vez sea enteramente [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Marisol Marrero: Una venezolana canaria</p>
<p>Por Blanca Miosi</p>
<p>http://blancamiosiysumundo.blogspot.com</p>
<p>Esta primera entrada del año la quiero dedicar a una autora venezolana: Marisol Marrero.  Pocas veces he tenido oportunidad de leer a escritores venezolanos, no porque no los haya; hay muchos y muy buenos, según las críticas y los círculos literarios del país. Tal vez sea enteramente mi culpa el no buscarlos debido a la mala suerte que he tenido con las editoriales venezolanas.</p>
<p>Pero ahora no se trata de hablar de mí sino de Marisol Marrero, cuya primera novela: Lotte von Indien, La coloniera de Tovar, tuvo tal éxito que ahora publica por Planeta, y la saga continúa, pues es una trilogía de la que no me pienso perder la última, apenas salida del horno.</p>
<p>En Caracas existe un clima muy agradable, estamos a una altura de novecientos metros sobre el nivel del mar, de manera que pese a estar en una zona caribeña no existe un calor excesivo, pero si uno recorre por sus montañas, las cuales rodean productid=&#8221;la Gran&#8221; w:st=&#8221;on&#8221;la Gran Caracas, especialmente la cordillera que nos separa de la costa, encontraremos que el clima es tan frío como en cualquier lugar de Europa en otoño o principios de invierno.  </p>
<p>Lotte, diminutivo de Carlotte, es la protagonista de esta primera parte llamada Lotte von Indien.  Vino con su familia desde la Alemania de los años 1840, en un barco junto a un grupo de inmigrantes alemanes de productid=&#8221;la Selva&#8221; w:st=&#8221;on&#8221;la Selva Negra, atraídos por la propaganda que de la Venezuela de entonces se hacía.  Una niña soñadora, a la que le gustaba leer e inventar historias.  Sin embargo, Lotte es una protagonista dura, hermosa y muy apasionada, y es aquí donde la maestría de Marisol Marrero nos envuelve, pues transforma momentos álgidos en sueños sofocantes, y utiliza una prosa a la que pocas veces como lectora he tenido acceso.  </p>
<p>La novela que le sigue a la niñez y juventud de Lotte es Niebla de Pasiones. En ella va quedando atrás la niña de las preguntas sin respuestas, de los amores equivocados, para rendirse a la evidencia de que está enamorada, y se va descubriendo capa tras capa como si estuviéramos ante una cebolla, y con cada capa nos enfrentamos a situaciones que ni siquiera habían cruzado por nuestra mente, vamos descubriendo secretos, mentiras, infamias, amores, y tal como el título Niebla de pasiones,quedamos envueltos en una bruma que por momentos no es la que enturbia La Neblina, el lugar donde ocurren la mayoría de los hechos, allá en las sierras de productid=&#8221;la Colonia&#8221; w:st=&#8221;on&#8221;la Colonia Tovar, a solo treinta minutos de Caracas, la capital.  Es la de nuestros corazones. Entonces el tiempo se contaba de otra manera, no había caminos, ni existían las facilidades de transporte de hoy.  Por otro lado Venezuela estaba siempre convulsionada por alguna revuelta, un golpe de estado, un levantamiento o una guerra civil, de manera que los tranquilos colonos alemanes no comprendían dónde se hallaba aquel paraíso que les habían descrito cuando se animaron a mudarse de continente.</p>
<p>&#038;   &#038;   &#038;</p>
<p>Los datos históricos acerca de las revueltas y saqueos de Ezequiel Zamora, sus pleitos con Páez y la figura paciente y conciliadora de Guzmán Blanco se ven reflejados como si la autora hubiese conversado con ellos.  Lotte se ve envuelta en rebeliones y amores en viajes de regreso a Europa convertida ya en una hacendada que con sus propias manos levantó los cafetales que aprendió de un personaje que llegó a ser presidente de Venezuela por poco tiempo. Me encantaría poder develar más detalles pero entonces restaría el placer a los lectores, de encontrarlos.  Solo puedo decir que nada es lo que parece ni todo lo que brilla es oro. A veces es más que eso. El erotismo que se respira es profundo, deja huella, Marisol es una maestra describiendo la pasión, mientras juega con nuestra propia mente.</p>
<p>La lectura de estas dos primeras partes me ha dejado una niebla en el alma, y eso solo es posible cuando la comunión entre lector-escritor se da por completo.</p>
<p>*Marisol Marrero vino a Venezuela muy pequeña procedente de las Islas Canarias. Es socióloga egresada de la Universidad Central de Venezuela, tiene una maestría en Psicología Social y ha sido profesora universitaria. Ha publicado doce libros de poesía y dos ensayos. En narrativa: Las brujas modernas vuelan en la red, y Alonso e Isabel, además de esta trilogía,<br />
Es Miembro del Consejo Consultivo del Círculo de Escritores de Venezuela y del Pen Club de Venezuela.</p>
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		<title>Acerca de unos buenos cuentos</title>
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		<pubDate>Mon, 26 Dec 2011 16:27:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Círculo de Escritores</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ensayo]]></category>
		<category><![CDATA[Narrativa]]></category>

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		<description><![CDATA[  Por Magaly Salazar Sanabria Comenzaremos diciendo que el libro I Edición de Cuentos de la Fundación Aprende a Escribir un Cuento, es una publicación muy bien cuidada, con un diseño de portada y diseño gráfico de la colección elegantes y creativos, asimismo, la edición de los textos, que producen agrado a la vista e invitan a la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p> <br />
Por Magaly Salazar Sanabria</p>
<p>Comenzaremos diciendo que el libro I Edición de Cuentos de la Fundación Aprende a Escribir un Cuento, es una publicación muy bien cuidada, con un diseño de portada y diseño gráfico de la colección elegantes y creativos, asimismo, la edición de los textos, que producen agrado a la vista e invitan a la lectura de unos cuentos sorprendentes.</p>
<p>Un soñador de honorable acción, sincero en sus palabras, generoso con la comunidad, es Heberto Gamero Contín, que al lado de su diligente y gentil esposa, Iris Verastegui de Gamero, se han dedicado a llevar adelante este proyecto que, en principio se pareció a un sueño pero , que sin lugar a dudas, es bendecido por Dios porque su energía proviene de un ejercicio de gratitud: devolver con creces a los otros la distinción de que fue objeto cuando se ganó el Primer Premio en la Edición 63 de los Cuentos de El Nacional de 2008 con “Los zapatos de mi hermano”. En principio, Heberto Gamero Contín y su Fundación se animan con la búsqueda de un contento que sólo llega cuando el trabajo y las palabras benefician así mismo y a los demás.</p>
<p>Los que tuvimos la dicha de asistir a un Taller dictado por Heberto nos percatamos de la sencillez y claridad llevada a cabo en la transmisión de los conocimientos ofrecidos. Los grupos participantes estaban conformados por personas de distintas profesiones e inquietudes. Heberto expresó sus ideas con un lenguaje accesible para que todos entendieran y esa enseñanza-aprendizaje se demuestra en los interesantísimos cuentos recogidos en este valioso libro. Además, el ambiente creado entre facilitador y asistentes se caracterizó por la cordialidad, que permitió escribir creativamente, sin prejuicios y con libertad.</p>
<p>Para entrar en materia diremos que el cuento se plantea como un juego narrativo entre el autor y el lector, atenidos ambos a su especificidad: brevedad, condensación, personaje generalmente único, que impone a la historia un conflicto que se tensa como un arco hasta el final. Así el lector fija su atención para participar con agudeza en el descubrimiento de “aquello” que muchas veces no se dice pero se sugiere y es allí donde la inteligencia y perspicacia del lector descubre la propuesta porque los cuentos son señales vigorosas de lo imaginario.<br />
Entretanto, la “Fundación Aprende a Escribir un Cuento” ha realizado varios talleres en diferentes lugares de Caracas y el interior: En octubre de 2009, en la  Sala Cabrujas de la Fundación Chacao, en ICREA y Taller Juventud Prolongada. En 2010, los participantes se reunieron en: el Taller Marshal (dos oportunidades).2 talleres en  Sucre,  ICREA, Sala Cabrujas. En 2011, la Fundación dictó los talleres: ICREA, Sala Cabrujas  y Casa de la Cultura Ramón Vásquez Brito de Porlamar. Estos encuentros han sido catalogados por los asistentes como muy fructíferos.</p>
<p>Con la finalidad de aportar una modesta opinión acerca del  libro I Edición de Cuentos de la Fundación Aprende a Escribir un Cuento, hemos releído con placer los textos dela publicación y aunque todos son muy buenos, comentaremos algunos escogidos al azar: “Un cuento del cuento”, de Néstor Hugo Cardoso Alvarez, es una historia de aduanas aeroportuarias, libros, y como todo viaje en avión, las conjeturas, dudas o “rollos”, y hasta lo bueno, “pasan volando” de acuerdo con una antigua propaganda de una aerolínea venezolana y lo que parecía ser, no es tal cosa. El autor crea hábilmente una atmósfera de suposiciones.  “La esperanza” de Elizabeth Conde Pinto, sugiere, con buena pluma y de manera sorpresiva, el viaje frustrado de unos balseros detenidos por los aullidos de patrullas de marina isleña. Limpidez, sencillez del lenguaje y precisión del rayo, contribuyen a dar personalidad a este cuento.</p>
<p>Con cierta picardía cotidiana, la historia de Loly García, “De difuntos” nos revela entretelones de vidas íntimas más allá de la muerte con cierto humor sarcástico y buen manejo del tiempo. Un amor que se presta a confusiones es “El amor de mi vida”, de Alessandra Hernández, gran habilidad para crear el ambiente  y un secreto hilo temático que se desnuda al final.</p>
<p>Julio César Marcano Simoza, escribe “Autorretrato con los ojos abiertos”, introduce un elemento importante: una superstición de alguna abuela y sus significaciones mágicas; aquella de cerrar los ojos ante las cámaras fotográficas porque ésta se “roba el alma” del fotografiado. Estupendo el manejo de la variante anecdótica y el conflicto Excelente manejo del lenguaje: límpido, preciso. Una historia de hábil resolución. Y si de locos se trata, la historia de Gladis Poletti, “La otredad de Julia”, aguza la capacidad de investigación del lector. Muy bien planteada la terrible orilla de la locura. <br />
Javi de Rodez, escribe un cuento largo: “Cuando algo grande muere, algo aún más grande nace”. Es la historia de Xavi y Orianna”. Se trata de una serie de vericuetos narrativos que apuntan a un conflicto de mentiras, malandros, coqueteos, frivolidades y muerte con un tinte político. Sorprendentes exigencias anecdóticas y buena  narración .“Cuentos de buseta” de Jorge F. Muskus Rodríguez, es un relato de la solidaridad y el respeto por el prójimo. Lo cotidiano, lo citadino  caraqueño, están presentes en este ambiente de calle y de espíritu. Lo interior en lucha con los “mandatos” de la sobrevivencia.<br />
En “El tren bajo la lluvia”, de Magaly Salazar Sanabria, la elocuencia de los sentidos, el soliloquio misterioso de un anillo, el traqueteo del tren que viaja de Carmona a Sevilla bajo la lluvia, la soledad de mujer, conducen al que lee  a partir de un ritmo fluido a un suspenso con un final inusitado a través de estrategias narrativas novedosas y entretejimiento de los planos cronológicos. Otra temática como la policíaca caracteriza el cuento “Joaquín”, de Mario Schiavelli. Un envenenamiento lento perpetrado a un marido déspota durante 38 años, 11 meses y 18 días, demuestra la capacidad de fabulación del autor que nos revela al final toda una dulce venganza. Una manera de colocar la historia ante el espejo de la realidad. Sorpresivo el desenlace.</p>
<p>Todos los cuentos del libro de la Fundación Faec son verdaderos hallazgos merecedores de comentarios por la belleza del lenguaje, sus significaciones simbólicas, por la justeza de la acción y los argumentos, extensión, la tensión, el manejo del tiempo, la estructura, la temática, la creación del conflicto, la constitución de los personajes, diseño de los escenarios, el punto de vista del narrador, relación hombre naturaleza y por sus  correlaciones entre los textos. Hemos comentado  algunos como una muestra significativa de la excelencia de este I Edición de Cuentos de FAEC. Invitamos a los lectores a entrar en estos entramados sibilinos, quemantes como las luces de fuegos artificiales que son los cuentos FAEC. Bienvenida esta publicación.</p>
<p>*MAGALY SALAZAR SANABRIA, venezolana, poeta, ensayista, con postgrado en Literatura,  con una amplia obra publicada. Directora de Relacones Institucionales del Círculo de Escritores de Venezuela</p>
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		<title>EDUARDO LIENDO: EN TORNO AL OFICIO DEL ESCRITOR</title>
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		<pubDate>Thu, 01 Dec 2011 15:59:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Círculo de Escritores</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ensayo]]></category>
		<category><![CDATA[Mundo Premios]]></category>

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		<description><![CDATA[EN TORNO AL OFICIO DE ESCRITOR Ensayo leído por el escritor venezolano Eduardo Liendo, el 27 fe noviembre de 2011, día en que le fue conferida la Medalla Internacional “Lucila Palacios” por obra de vida, en la Sala Cabrujas de Caracas, por el Círculo de Escritores de Venezuela. “Deleitar con el lenguaje y asombrar con [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>  EN TORNO AL OFICIO DE ESCRITOR<br />
Ensayo leído por el escritor venezolano Eduardo Liendo, el 27 fe noviembre de 2011, día en que le fue conferida la Medalla Internacional “Lucila Palacios” por obra de vida, en la Sala Cabrujas de Caracas, por el Círculo de Escritores de Venezuela.</p>
<p>“Deleitar con el lenguaje y asombrar con la invención” Miguel de Cervantes</p>
<p>  “Nada es real si no lo escribo”  Virginia Woolf</p>
<p>¿UN OFICIO SINGULAR?<br />
 	Es algo aventurada la tarea de incurrir en generalizaciones para explicar una actividad como la del escritor, en la cual apreciamos el talento del individuo y la singularidad de la obra en un lugar predominante. ¿No es acaso la personalidad artística de un autor lo que más admiramos en su condición? Seguramente, son valores singulares los que confirman la genuina importancia de los autores de excepción. Pensamos ahora en Shakespeare y Cervantes, Flaubert y Kafka, Twain y Faulkner, Dostoievski y Tolstoi, Cortázar y Rulfo; para nombrar algunos imprescindibles.<br />
 	La naturaleza individual de la obra permite dudar de la pertinencia de utilizar una caracterización denominada El oficio de escritor. ¿Sería el mismo oficio el que permitió la creación de Madame Bovary  y de Pedro Paramo? ¿De Guerra y Paz y El viejo y el mar? Igualmente sería innumerable la diversidad de las obras considerando el  idioma original en que fueron escritas, temas, géneros, escuelas, épocas, estéticas y un extenso  etcétera, para intentar idealmente someterlas al modelo de un oficio único. No obstante, pretender esta generalización es un atractivo ejercicio intelectual, de hecho, son numerosos los libros de entrevistas a creadores literarios donde se alude como asunto al así considerado  oficio de escritor.<br />
 Estas páginas que ahora escribo sin ninguna pretensión  letrada, ni mucho menos academicista, -soy un narrador y no propiamente un literato- persiguen ordenar lo que pienso al respecto, apuntalándolo con algunas opiniones que considero válidas  e ilustrativas de varios autores. Muchas de ellas contradictorias entre sí.</p>
<p> LA CONDICIÓN DEL LECTOR<br />
 La primera cualidad indispensable para el escritor parece ser, o haber sido en una época de su vida, la de un lector muy especial. Un lector interesado, acucioso, voraz, y no pocas veces empedernido. Seguramente en el origen de toda vocación literaria se encuentra  una  grande y a veces temprana  admiración por los libros y sus autores,  y luego una intensa necesidad de emularlos.<br />
 	La escritura literaria, como el canto, se aprende en principio por imitación. Los escritores suelen vanagloriarse de sus lecturas al igual que un atleta con sus pruebas deportivas. Es memorable, al respecto, el testimonio de Jorge Luis Borges: &#8220;Que otros se jacten de los libros que les ha sido dado escribir, yo me jacto de aquellos que me fue dado leer”. Por su parte, el filósofo Juan Nuño expresa un juicio categórico: &#8220;La clave de todo buen escritor es la buena lectura. Sin lectura, mucha lectura, siempre lectura, no hay escritor posible. Creer que escribir es esperar a que salgan las setas, por generación espontánea, es equivocarse de medio a medio. Escribir es lo que sobrevive después de muchísimas lecturas. Y de continuarlas sin cesar&#8221; (Escritores y escribidores).<br />
La literatura se nutre en buena medida de la misma literatura, por tal motivo, para un escritor (o un autor potencial) leer no es nunca un acto completamente gratuito, puesto que en esa obra leída con particular interés, puede encontrarse un germen de la propia obra. Creo que fue Dostoievski, el autor ruso que pensando en la herencia literaria recibida por su generación afirmó: &#8220;Todos hemos salido debajo del capote de Gogol&#8221;. Y está claro que sin libros de caballería, y su lectura cervantina no existiría Don Quijote como lo conocemos.  Ese parece ser el fundamento primordial de todo oficio de escritor: ser un excelente lector. No serlo, por el contrario, implica una seria limitación.<br />
La lectura ilumina al escritor sobre un sin número de posibilidades temáticas y formales; en este sentido, la originalidad debería entenderse como una mezcla personal de múltiples influencias, algunas de las cuales podrían ser no totalmente conscientes para el mismo escritor considerado. Muy frecuentemente los escritores dan a conocer largas listas de aquellas obras y autores que aprecian como fundamentales en su formación, y hasta tratados sobre el tema, a la manera de Los libros en mi vida de Henry Miller. En buena medida se puede afirmar que para un escritor de oficio leer es releer.<br />
 En mi propia experiencia de lector me aventuro a mencionar veinte títulos que me resultan sumamente entrañables: Cuentos de hadas chinos, Las aventuras de Tom Sawyer (leídos en mi niñez) Las confesiones, de Rousseau, La madre, Rojo y Negro, Crimen y Castigo, Ana Karenina, Don Quijote, Juan Cristóbal, El Conde de Montecristo, Balzac, de Stefan Zweig, Las ilusiones perdidas, Hamlet, Canto a mí mismo, Muerte en Venecia, Madame Bovary, El lobo estepario, Cuadernos del destierro, Los novelistas y la novela, de Miriam Alott, Pedro Páramo, Nueva antología personal de J. L. Borges, y pienso por lo menos en un centenar de libros más, que me han acompañado  largo rato en la travesía de ese extraordinario y apasionante  laberinto construido de palabras.<br />
La lectura se constituye  en una actividad creativa, al leer en cierto modo recreamos el texto, no exagera demasiado  Joseph  Conrad cuando sostiene que: “El autor sólo escribe la mitad del libro. De la otra mitad debe ocuparse el lector”. Lo que también puede significar un fuerte estimulo para la propia escritura. Cada texto presupone de modo explícito o implícito los textos anteriores. Lectura y escritura son actividades íntimamente interrelacionadas  y complementarias.</p>
<p> LA VOLUNTAD DE CREACIÓN<br />
 Al precisar cuál sería la cualidad fundamental de un soldado, el escritor prusiano Karl Clausewich (famoso por su concepción de la guerra como la política librada por otros medios) señaló al valor personal en primer término, puesto que, careciendo del mismo, las otras cualidades del soldado quedarían anuladas. Parece lógico, un soldado cobarde tendría muchas dificultades, sobre todo en tiempos de enfrentamiento armado. Si nos hiciéramos la misma pregunta con respecto a la cualidad fundamental del escritor, supuesto el talento, posiblemente resultaría ser la voluntad, puesto que otras cualidades importantes como la experiencia, la capacidad de observación o el dominio del lenguaje, pierden significación o quedan anuladas si no existe la firme voluntad de crear la obra. Sin voluntad no hay obra. Todos podemos recordar algún personaje, con muchas supuestas potencialidades para la escritura: algo de gracia, no poco ingenio y mucha verbosidad, anunciando siempre, durante años el poemario, el libro de ensayos y sobre todo la novela que según él se encuentra a punto de cuajar. Por supuesto que ya tiene título, epígrafe, apéndice y hasta padrino de la obra, pero pasan los días, los meses y los años y no ocurre el anunciado parto. Casi siempre sucede que las ensoñaciones del frustrado autor no fueron secundadas por una firme voluntad de hacer.<br />
	El proceso de la creación según lo refieren muchos autores es complejo y exigente, y puede transitar o transcurrir por diversos estados de ánimo: Ideas, intuiciones, dudas, desánimos, motivaciones, aflicciones, despechos, alegrías y otras manifestaciones, de acuerdo con el temperamento y la experiencia de cada autor. Cada obra es única y, por lo tanto, sujeta a imponderables, si no fuese así, no valdría la pena escribirla. Seguramente un paradigma de la voluntad de creación difícil de superar fue el terco Gustavo Flaubert. Asomémonos a una página de su correspondencia:<br />
“No sé si es la primavera, pero estoy de un humor de perros. Tengo los nervios tensos como hilos de alambre. Estoy irascible sin saber por qué. Quizás la causa sea mi novela. No va, no funciona. Estoy más cansado que si empujase montañas. De repente me entran ganas de llorar. Hace falta una voluntad sobrehumana para escribir, y yo sólo soy un hombre.  A veces me parece que necesito dormir durante seis meses seguidos. ¡Ay, con  qué desesperación veo las cumbres de esas montañas adonde quería subir mi deseo! ¿Sabes cuántas páginas habré escrito dentro de ocho días, y desde que regresé de París? Veinte. ¡Veinte páginas en un mes y trabajando siete horas diarias por lo menos! ¿Y la finalidad de todo esto? ¿El resultado? Amarguras, humillaciones, nada que me sostenga, si no la ferocidad de una ilusión indomable. Pero envejezco,  y la vida es corta”. (A Louise Colet. Croisset, sábado noche, 24 de abril de 1852)<br />
No obstante, se sabe que el régimen de disciplina de los escritores es muy variable. Los hay rigurosos, que confiesan responder a un estricto horario. Se fijan puntuales tareas y hasta un número determinado de palabras escritas. Son los &#8220;jornaleros&#8221;, los que piensan como Miguel Ángel Asturias que el novelista es &#8220;la araña de la literatura&#8221;, aquellos que &#8220;no creen en la inspiración sino en las nalgas&#8221;, o sea, en el trabajo forzado, según decir de Carlos Fuentes. Y también existe la raza de los lentos, de los morosos que presumen de ser &#8220;holgazanes&#8221;, aunque son persistentes en el cumplimiento cabal de la obra emprendida, como los cuentistas Julio Garmendia y Augusto Monterroso.<br />
 	En cierta ocasión, en “Calicanto” la acogedora casa de la escritora Antonia Palacios, pregunté a Alejo Carpentier por su régimen de escritura, habiendo sido, como se sabe, un autor prolífico de obras extensas. &#8220;El único secreto es la página diaria -me dijo- una página diaria son 365 páginas al año. Más que suficiente. Pero hay que tener la disciplina necesaria para cumplir cada día con la tarea pautada&#8221;.<br />
Es obvio que se trata de posturas y ritmos de actividad distintos, pero, tanto en &#8220;forzados&#8221; como en &#8220;holgazanes&#8221;, la constante es la firme voluntad de creación. Aquí vendría al caso como ligero comentario mordaz, el juicio de Raymond Chandler: “Leo constantemente  como los autores dicen que jamás esperan que llegue la inspiración; lo que ellos hacen es sentarse en sus escritorios todas las mañanas a las ocho, con lluvia o sol, con los restos de una borrachera, un brazo roto, o lo que sea, y vomitan su pequeña cuota. No importa cuán en blanco estén sus mentes o cuán agarrotados sus cerebros, nada de absurda inspiración con ellos. A ellos entrego mi admiración y mi cuidado de evitar sus libros”.<br />
 	Sin voluntad de creación no hay obra concluida,  y cada autor verá de qué manera acomete su tarea, por lo menos para el gran narrador William Faulkner lograr la obra se sobrepone a cualquier otra consideración: “El artista es responsable sólo ante su obra. Si es un buen artista, será completamente despiadado. Tiene un sueño y ese sueño lo angustia tanto que debe librarse de él. Mientras no se libra no tiene paz. Arroja todo por la borda: el honor, el orgullo, la decencia, la seguridad, la felicidad, todo con tal de escribir su libro”. (William Faulkner, The Paris Review)</p>
<p>LA VOLUNTAD DE ESTILO<br />
 	Por ser la palabra la forma expresiva fundamental del escritor, es desde el lenguaje y con el lenguaje como este realiza la obra literaria. En cierto modo este hecho hace al escritor más &#8220;común y terrestre&#8221; que los creadores de otras disciplinas artísticas, quienes cuentan con recursos e instrumentos exclusivos, cuyo funcionamiento no es conocido o dominado por la mayoría de los individuos. La lectura de partituras musicales y el uso de instrumentos que requieren de largo aprendizaje es propio de los músicos; así como el dominio de los materiales y herramientas es indispensable para el escultor; las pinturas, telas y otros variados elementos son manipulados por el pintor, y el cineasta cuenta con un equipo sofisticado, todo lo cual determina que sus creaciones sean productos algo distanciados del conocimiento del común de los individuos, en tanto hacedores. El lenguaje, por el contrario, es patrimonio y vehículo de comunicación permanente de casi la totalidad de los individuos de una específica comunidad idiomática. Es con esas mismas palabras de su lengua y no con otras, con las que el escritor debe pretender la excelencia expresiva. El encanto de una escritura de alto valor estético. Crear belleza, con la misma lengua que gasta, manipula utilitariamente y muchas veces degrada (aunque, paradójicamente, también modifica y enriquece) el común de sus hablantes. De allí la importancia de la voluntad de estilo en el oficio de escritor, por lo cual, como afirmara Jean Paul Sartre: &#8220;Nadie es escritor por haber decidido decir ciertas cosas, sino por haber decidido decirlas de cierta manera&#8221;. En esa &#8220;cierta manera&#8221; radica el estilo y, por lo tanto, el valor de la prosa y, por supuesto, en mayor grado en la poesía como logro estético.<br />
 	Es conocido que a la excelencia del texto se llega casi siempre mediante un riguroso proceso de elaboración y decantación. De atención a la armonía de la forma, de despojo del lugar común, de limpieza de gazapos y ripios, de arduo perfeccionamiento. Tal vez considerando este proceso de revisión crítica, una de las  maneras más certeras  y permanentes para su estimación  ha sido la utilizada por el conde de Buffon científico,  humanista y escritor francés, que en el ya lejano siglo  XVIII consideró al estilo como &#8220;una larga paciencia&#8221;.<br />
Indagando acerca de una posible definición conceptual más o menos sucinta tropiezo con el siguiente juicio: “El estilo es un concepto que puede definirse desde distintas perspectivas, pero por lo general se caracteriza por una serie de elecciones condicionadas por la intención y la situación. En el caso de los textos literarios, la intención es artística, y la función producir placer estético en el lector  al tiempo que se le estimula intelectualmente”. Nina Melero (Letralia). Esta reflexión sobre el estilo encaja perfectamente con lo que afirma sobre su actitud escritural la gran escritora Margarite Yourcenar:”Escribir es una elección perpetua entre mil expresiones ninguna me satisface, y sobre todo no me satisface sin las demás”.<br />
La clave es elección perpetua, el escritor, por ejemplo, en cierto momento, tiene que optar entre las  palabras rabia, ira, cólera, furia, furor, arrechera, iracundia, bravata, balandronada  y otras,  para expresar un estado de ánimo irritable. Esa combinatoria particular de las palabras va conformando el texto y estilo del mismo. El narrador y poeta Cesare Pavese apunta lejos en esa dirección cuando afirma que:”Una vez escrita la primera línea de un relato ya todo está elegido, el estilo, el tono y el cariz de los hechos. Dada la primera línea, es cuestión de paciencia: todo el resto debe y puede salir de ella”. Por nuestra parte, pensamos que el tema y el tono influyen decisivamente en el estilo.<br />
 	Atendiendo a la cualidad siempre perfectible del estilo, podría afirmarse que, en literatura, escribir es reescribir. El escritor realizaría tantas versiones como fuesen necesarias hasta alcanzar, según su subjetividad, el acabado de su obra: &#8220;Un poema es el último borrador que llevamos a la imprenta&#8221;, sentenció Baudelaire. Son numerosos los escritores que aluden a este arduo proceso de reescritura. Por ejemplo, un testimonio de Flaubert da cuenta de nueve versiones de Madame Bovary, hasta llegar a la definitiva; también García Márquez refiere haber escrito ese mismo número de versiones de El Coronel no tiene quien le escriba: &#8220;Hasta que la sentí como hablaba mi abuela&#8221;, comenta. Por mi parte, con la modestia del caso, puedo asegurar que nunca hago menos de tres versiones de mis novelas o cuentos, el primer borrador manuscrito, luego el texto transcrito antes por la máquina de escribir, ahora  por la computadora, y una nueva reescritura con ajustes y correcciones de estilo antes de la entrega al editor.  Los escritores suelen hacer otras correcciones finales durante el proceso de revisión de las pruebas de imprenta.  El notable poeta José Emilio Pacheco al ser interrogado:<br />
¿Y cuándo sabe si un texto es bueno o malo?<br />
 Responde: “Eso me costará decirlo. Tal vez uno si tiene la intuición de lo que está bien. El problema es que es una intuición provisional, porque después de que sale el libro sigo corrigiendo… Soy un horror para los editores”.<br />
Son pocos los autores que hablan de una única y definitiva versión de sus textos literarios, publicados prácticamente sin alteraciones. Representan la excepción. Por supuesto, no tomamos en consideración aquí a los que, careciendo de exigencia en el ejercicio escritural, no procuran obtener un producto literario formalmente logrado.<br />
Es muy aleccionadora la forma en la que el escritor y periodista Gay Talese nos da a conocer su método y estilo de trabajo:<br />
“Siempre sigo dándole vueltas a una frase hasta que llego a la conclusión de que carezco de la voluntad o la habilidad para mejorarla, y entonces paso a la siguiente. Al final –eso puede tomar días, una semana entera- reúno suficientes frases escritas a mano como para formar un párrafo y suficientes párrafos como  para llenar tres o cuatro páginas de la libreta amarilla. Ahí es cuando por lo general hago a un lado el lápiz y me paso al teclado de mi Olivetti, o de la IBM, o del Macintosh LLci, y comienzo a transcribir lo que he escrito a mano”.<br />
“Mi curiosidad me lleva en distintas direcciones, pero hasta que no invierto mucho tiempo –meses, años- no tengo certeza de que el tema elegido es capaz de mantener mi interés. Algunas veces arrojo a la basura varios borradores de lo que he escrito, mientras que otras veces los conservo, los archivo, los vuelvo a leer uno o dos años después, los reescribo y tal vez vuelvo a archivarlos, o decido que después de todo no valen la pena, así que los rompo y me deshago de ellos para siempre”.“Con frecuencia, escribir es como conducir un camión por la noche sin luces, perderse en medio de la carretera y pasar una década en una zanja”. (G.T. Vida de un escritor)</p>
<p>LA MUSICALIDAD:<br />
En el texto existe un ritmo y un tono, es la respiración de las palabras, más bien de la escritura. Se escribe con el oído. En algunas  grandes obras se siente, de trasfondo, algo sonoro y poderoso como el oleaje del mar. En este sentido sólo  aspiro ser un decoroso músico. Un turpial, si no se es un canario cardenal o un ruiseñor gentil.<br />
La deuda:<br />
Sin los libros que me señalaron, el escritor no existiría. Si de golpe, me quitaran todo lo que la lectura me ha dado, sería el hombre más pobre del mundo. El más indigente.<br />
Responsabilidad y destino:<br />
Proceder como una conciencia libre es un alto valor que el escritor debe reivindicar, la capacidad de disentir, de no subordinar dogmáticamente su inteligencia ante ningún poder. Cuando el escritor enajena su conciencia, deja de ser propiamente un escritor. Deja de ejercer la soberanía personal, y su palabra pierde resonancia.<br />
La mejor literatura es el más hermoso espejismo de permanencia, eso experimentamos después de leer Don Quijote, Hamlet, Madame Bovary, El canto a mí mismo, La metamorfosis, Pedro Páramo. Mi padre el inmigrante.<br />
	El escritor, por muy desamparado que se encuentre, por suicida que sea, es el amante preferido de la existencia. Por eso quizás, aunque lo niegue, su mayor desafío es vencer a la muerte con el filo de la palabra. La muerte tiene brazos de molinos de viento.</p>
<p>(Texto parcial del trabajo titulado En torno al oficio de Escritor.  2011) </p>
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		<title>Redescubrimiento de la lectura de  Doña Bárbara.La imagen del cine reinventando la palabra</title>
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		<pubDate>Wed, 21 Sep 2011 14:09:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Círculo de Escritores</dc:creator>
				<category><![CDATA[Arte y Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Ensayo]]></category>

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		<description><![CDATA[Magaly Salazar Sanabria La novela latinoamericana se ha destacado en el mundo entero por su excelente narrativa y sus propuestas ficcionales. Estas características han hecho de ella un cultivo propicio para la imagen del cine. No sólo el boom latinoamericano ha estimulado la producción cinematográfica. En América, personaje como la Doña Bárbara, novela del mismo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Magaly Salazar Sanabria</p>
<p>La novela latinoamericana se ha destacado en el mundo entero por su excelente narrativa y sus propuestas ficcionales. Estas características han hecho de ella  un cultivo propicio para la imagen del cine. No sólo el boom latinoamericano ha estimulado la producción cinematográfica. En América, personaje como la  Doña Bárbara,  novela del mismo nombre de Rómulo Gallegos, se afianzó en el mundo de la cinematografía.<br />
Doña Bárbara, novela tan importante de nuestra literatura traspasa las fronteras de un libro para apoderarse de la imagen visual. Se trata de proyectarla al lenguaje del cine para que sea más conocida su belleza artística y su trascendencia- También, se propone distinguir los canales de información de un film: (el habla, texto escrito o guión, banda sonora, imagen visual, efectos sonoros o especiales).interpretar el mensaje de la película y su importancia, reconocer el guión, y la imagen , el punto de vista del crítico y del narrador,  el montaje, la fotografía, el encuadre de la película.</p>
<p>En la película observaremos:1)En qué corriente cinematográfica latinoamericana se inserta la obra.2)Estructura de las películas y su funcionamiento:-Coherencia y organización -Ordenación de las secuencia 3) Los canales de información: Texto escrito, el habla, la imagen visual, banda sonora, efectos sonoros4) La puesta en escena del guión 5) La importancia de la imagen como elemento de sugerencia 6)Punto de vista del narrador y del crítico. 7) Qué dice el Director (Elementos estudiados en una investigación más prolija)<br />
Doña Bárbara (1943):<br />
Director Fernando de Fuentes Reparto Principal: Guión: Rómulo Gallegos y Fernando de Fuentes, Co-director: Miguel Delgado, Música: Francisco Domínguez, Fotografía: Alex Phillips.  Reparto Principal: María Félix: Doña Bárbara, Julián Soler: Santos Luzardo, María Elena Marqués: Marisela, Andrés Soler: Lorenzo Barquero, Agustín Isunza: Juan Primito.<br />
Doña Bárbara fue la revelación de un gran escritor: don Rómulo Gallegos y también la entrada magistral de Venezuela en el escenario mundial y continental. Gracias a esta obra, se hizo acreedora  de un mayor prestigio literario e intelectual.</p>
<p>Esta novela originó, en 1943, la película de su mismo nombre. Dirigida por Fernando de Fuentes e interpretada, en el papel estelar, por la mítica María Félix. Cuenta la película que Santos Luzardo, un hombre de la ciudad, regresa al llano a recuperar sus tierras. Se tropieza con la fuerza dominadora de Doña Bárbara y la de un Juez corrupto que no le importa la justicia. El Hato de Santos es Altamira y él quiere vender su propiedad pero dos fuerzas antagónicas se oponen: su sed de justicia y la barbarie y la arbitrariedad de la Doña. En todo este entorno vive Marisela, la hija abandonada de Doña Bárbara. La Doña es la devoradora de hombres, se enamora de ellos y después los destruye y Santos Luzardo no es la excepción, pero esa batalla la pierde la “dañera” porque Santos se enamora de Marisela y se casan. Al final de sus tropelías y cuando se ve perdida, la hija de los ríos se pierde en el tremedal, entre fantasmas ,sombras y espantos de la sabana.<br />
El viaje en el bongo de Santos Luzardo, el recuerdo de Asdrúbal, un hombre a quien la Doña amó, el espectro de la Barquereña, la tierra maldita, los acontecimientos insólitos de la aplicación de la ley, las tolvaneras, los amansadores, las supersticiones, son cuadros interesantes de los referentes geográficos y humanos de la película.<br />
Es importante resaltar el medio físico y humano. El llano venezolano, sus paisajes y lugares, ancho, de  inmensidad bravía,“praderas sin límites, hondos, mudos y solitarios ríos.” Por supuesto, que la película no puede detallar la inmensidad de árboles, pájaros y animales que describe la novela pero trata de amoldarse a los ritmos de la obra escrita. La fotografía y la imagen como metáfora de la realidad física y espiritual están muy presentes en el film. Los personajes principales se definen muy bien, pues fueron escogidos los mejores actores del cine mexicano. Doña Bárbara, Santos Luzardo, Pajarote, el Brujeador, Juan Primito, Mister Dánger, Lorenzo Barquero, entre otros peronajes,  han sido bien tratados. Los habitantes del llano, francos, rudos, crédulos, desconfiados y supersticiosos, sobrios, maliciosos, trabajadores e indómitos, recelosos y leales, “humildes a pie y soberbios a caballo”, son  trasladados al cine con cierta fidelidad.</p>
<p>Al definir categorías y pautas de observación y valoración de un relato literario, se producen vacíos y ausencias inevitables, sobre todo al trasladar de una novela de la densidad de Doña Bárbara, que se explican porque en este tipo de trabajo se pretende poner punto final a un tema. Sería inútil y presuntuoso querer llevar la inmensidad de la obra literaria al lenguaje fílmico. La aspiración es hacer un análisis pertinente y viable en un área que se caracteriza por ser interdisciplinario.</p>
<p>La película posee muchos cuadros, retratos, sugerencias, es un mundo físico y un mundo psicológico, es folklore y es símbolo; es una historia social y política, es una propuesta de reivindicación y superación. Es también crítica de un presente triste y lleno de porvenir. La película guarda un mensaje profundamente humano: la confianza en el progreso, en un futuro mejor, en la redención, en el triunfo de la civilización sobre la barbarie. Pero como toda película que proviene de una obra literaria  resulta difícil, en ciertos casos, llevar a cabo una adaptación convincente a los ojos de los espectadores y que no traicione las bondades de la literatura en la opinión de los lectores. Así que el film Doña Bárbara no puede asumir la novela como tal, es otra cosa.</p>
<p>BIBLIOGRAFÍA<br />
Cabrera, G. (1997) Cine o sardina. Madrid: Alfaguara<br />
Casetti, F y Di Chío, F (1996). Cómo analizar un film.Barcelona: Paidós<br />
Feldman, S.(1994) La realización cinematografica. Barcelona: Gedisa.<br />
Geduld, H. (1997). Los escritores frente al cine. Madrid: Fundamentos<br />
Martín, M. (1996).El lenguaje del cine .Barcelona: Gedisa<br />
Schbckers, S. (1995) De la novela al cine. Análisis narratológico-comparativo. En: Revista<br />
Iberoamericana Lateinamerika Spain. No 60. pags. 20-47</p>
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		<title>De mirada en mirada</title>
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		<pubDate>Thu, 15 Sep 2011 13:15:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Círculo de Escritores</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ensayo]]></category>

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		<description><![CDATA[Por Lidia Salas Una lectura de Fugit Tempus, de Rubén Darío Otálvaro Sepúlveda Cae en Caracas uno de esos aguaceros de verano, con relámpagos que tasajean las paredes con su brillo, y truenos que nos devuelven al terror de la infancia, allá, en la patria lejana. Afuera suena el estropicio de la lluvia, mientras leo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por Lidia Salas</p>
<p>Una lectura de Fugit Tempus,  de Rubén Darío Otálvaro Sepúlveda</p>
<p>	 Cae en Caracas uno de esos aguaceros de verano, con relámpagos que tasajean las paredes con su brillo, y truenos que nos devuelven al terror de la infancia, allá, en la patria lejana. Afuera suena el estropicio de la lluvia, mientras leo en un susurro, las mini ficciones de este escritor de la comarca Sinuana, quien me los ha enviado  a través del Cyber espacio.<br />
La humedad, el sonido de las gotas al caer, el calor que persiste a pesar del agua que rueda, son los elementos mágicos que recrean el espacio donde han sido escritas: la vertiente legendaria del Sinú y sus afluentes cercanos a la costa Caribe.<br />
	Fiel a uno de los postulados de la retórica de este tipo de literatura, sus títulos anuncian y resumen la temática de los textos. Es el primer acierto que se advierte en su lectura: Bird,  Ayer, Allí, Lovers, Anuncio, Lector, Eco, Epifanía,  ¡Bésame!,  en una sola palabra, destacan la esencia misma de la sinopsis, que constituye el relato.<br />
El primer título citado corresponde  a una de las páginas que más me conmovió. Como amante del jazz, considero a Charlie Parker, como uno de sus íconos memorables, por la profunda humanidad que arrastró durante su  vida, pero sobre todo, por la elevada tesitura de su saxofón de cristal.  La metáfora que el narrador emplea para sugerir el<br />
estado al que eleva a los seguidores de su música, de cuyos aplausos salen palomas blancas,  es una imagen poética de gran plasticidad.<br />
En la intertextualidad de algunos de ellas, se recrean y celebran la vida y la obra de autores que han marcado y seguirán marcando a las generaciones de los nuevos escritores, por la tensión de sus vidas. Especial mención se hace de, Suicida I y Suicida II sobre la muerte de Ernest Hemingway y Virginia Woolf. En frases cortas,  el autor condensa emociones y escenas postreras, que en palabras apenas sugeridas, establecen una original manera de decir lo ya conocido.</p>
<p>Rubén Darío  versiona textos de la literatura clásica y resalta la vinculación de su escritura con poetas como Borges y Vallejo.<br />
Esta misma recreación se manifiesta en Lovers. En esta historia, se recrea el final de la tragedia de los amantes de Verona. Siguiendo los postulados de Harold Bloom, en  Angustia de la Influencias, el autor, a manera de mosaico, reescribe su relato con elementos sacados de fuentes literarias diversas, esto sucede en  Apócrifo.<br />
Destacado lugar tiene el tema del erotismo.  La zona del Caribe, en donde se nutre la pluma del autor, es un lujurioso panorama, donde el paisaje, los sones, los colores y la manera relajada de afrontar la vida, predispone a relaciones donde la pasión, el despecho y la muerte tienen matices especiales. Estas páginas, reflejan de manera fidedigna, el fluir de la vida erótica de los habitantes de esas tierras mágicas. Sus personajes retratan en la sensualidad de las imágenes, en el deseo de los cuerpos y en los desencuentros,  pasiones que no<br />
tienen otra salida diferente a la muerte. Eros y Tánatos  en la macabra danza de la tragedia humana.   </p>
<p>Pero la muerte, tiene también su acento de testimonio. Colombia  es una tierra que, a causa de su irremediable violencia,  se ha desangrado por décadas. El texto titulado   Allí,  constituye en su marcada desesperanza, la denuncia de esa violencia cruel. </p>
<p>El humorismo presente en algunos de esos mini relatos, merece una reseña particular. En algunos casos es desacralizador, tal como sucede en,  Milagro. En Otros relatos es profundamente tierno o con un guiño cruel, versiona otra realidad. Es en estas variaciones, donde la pluma de Rubén Darío Otálvaro, alcanza la dimensión de gran conocedor del alma humana.     </p>
<p>En la extensa colección que constituye este  libro, tiene también   cabida la poesía, estrechamente vinculada a los  temas, a las  descripciones o a los contenidos afectivos de hondo significado. La reflexión filosófica palpita en contenidos conceptuales. Se citan: “Es el tiempo de la eternidad” y  “Un hombre es todos los hombres.” Respuestas y frases que cierran sus historias respectivas, de manera magistral. </p>
<p>Las horas han pasado sin que el ritmo del discurso, suelte la atención   de   la   lectura,   que  sigue  descifrando  mensajes.  No ha<br />
advertido que del chubasco de verano, queda apenas la apagada melodía de los grillos.  Es noche cerrada.</p>
<p> Celebro, las miradas de este escritor colombiano de la costa Atlántica,   con  las  que  ha  elaborado  sus mini ficciones.  En  ellas se descubre, una especial inteligencia para cifrar códigos y para  sugerir en una frase, contenidos extensos y profundos. Rinde en sus textos,  un sentido homenaje a autores y a obras de la Literatura universal. Presenta también, su visión de un mundo actual donde la violencia, la soledad, el amor y la desesperanza sigue marcando la existencia de seres que viven bajo la egida de la muerte. Encuentra el ritmo de un discurso original, pleno de poesía, humor, pasión, En su lenguaje expresa en forma resumida, como flashes instantáneos, escenas de la existencia y de la angustia del final presentido. </p>
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		<title>Como vaya viniendo vamos viendo</title>
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		<pubDate>Tue, 13 Sep 2011 20:30:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Círculo de Escritores</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ensayo]]></category>
		<category><![CDATA[Teatro]]></category>

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		<description><![CDATA[COMO VAYA VINIENDO VAMOS VIENDO Enrique Viloria Vera Con el interés de quien ya había disfrutado y sufrido los capítulos de la telenovela Por estas Calles, fui al teatro a ver la obra Como vaya viniendo vamos viendo, en la que Ibsen Martínez vuelve a hacer de las suyas con la inmensa complicidad de Eudomar [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>COMO VAYA VINIENDO VAMOS VIENDO</p>
<p>                                                                                                   Enrique Viloria Vera</p>
<p>Con el interés de quien ya había disfrutado y sufrido los capítulos de la telenovela Por estas Calles, fui al teatro a ver la obra Como vaya viniendo vamos viendo, en la que Ibsen Martínez vuelve a hacer de las suyas con la inmensa complicidad de Eudomar Santos, desdoblado a  veces en Franklin Virguez.</p>
<p>Ibsen – histriónico &#8211; arranca la función – como un tercer hombre de negro – para contarnos los pormenores de las situaciones de pelazón que lo llevaron a convertirse en un becario de Marcel Granier para elaborar el libreto de una telenovela social que develó las podredumbres de una sociedad viciada en sus cimientos y que experimentaba sus últimos estertores.</p>
<p>Entrevista Ibsen a Eudomar Santos en un singular dialogo de creador  con su creatura, de Geppetto con Pinocho, de padre con hijo, en el que Eudomar se libera – como Prometeo – de sus cadenas y en cancha propia, en barrio conocido, batea un jonrón con el que barre las bases de la hipocresía para contento del auditorio. Es que Eudomar una vez más se come la bola y denuncia los peligros de entender la vida a corto plazo, esa existencia precaria  que no hay valores que la sustenten, porque de lo que se trata es de sobrevivir cotidianamente, de vivir como vaya viniendo.</p>
<p>La obra se transforma en un monologo en el que Eudomar hace y deshace, la emprende contra todos y todas, recuenta, rememora, sufre y se alegra, se reconoce militante político oportunista y saqueador por necesidad. Va y viene en un penoso discurso del marginal que sigue siendo para – paradójicamente –  no arrancar lágrimas sino carcajadas.</p>
<p>De una vez por todas se aclara que no habrá parte 2 de la telenovela de marras, aunque el posible libreto es expuesto sobre la base de lo que los venezolanos padecemos todos los días en esta malhadada V República que dejo pequeña a la IV en lo que a podredumbre, corruptela, mentira, ineptitud e hipocresía se refiere.</p>
<p>Sostiene sabio Eudomar en confesión a Franklin, su otro yo, que no se enrola ni de vaina en un suicida Plan B para pasar a engrosar las filas de nuestros infelices exiliados y, con ardor de país, recita unos cuantos y apretados versos del desolador poema La Balada del Preso Insomne de Leoncio Martínez (1888 – 1941) que reproducimos completo, como un homenaje al poeta y como un agradecimiento profundo a Ibsen y Franklin por esa hora y media de alegría y rabia, de contento y desolación, de risa y lágrima que nos hicieron pasar a todos aquellos que queremos patria y no cuartel.     </p>
<p>Estoy pensando en exilarme,<br />
en irme lejos de aquí<br />
a tierra extraña donde goce<br />
las libertades de vivir:<br />
sobre los fueros: hombre-humano<br />
los derechos: hombre-civil.<br />
Por adorar mis libertades<br />
esclavo en cadenas caí:<br />
aquí estoy cargado de hierros,<br />
sucio, famélico, cerril,<br />
enchiquerado como un puerco,<br />
hirsuto como un puerco-espín.<br />
Harto en el día de tinieblas<br />
asomo fuera del cubil<br />
bien la cabeza, bien un ojo,<br />
bien la punta de la nariz;<br />
temeroso de un escarmiento,<br />
encorvado, convulso, ruin,<br />
—como ladrón que se robase<br />
sólo el reflejo de un rubí—<br />
por mirar brillando en el patio<br />
el claro sol de mi país.</p>
<p>II<br />
¡Sol para iluminar ensueños<br />
de vastos campos sin confín,<br />
del cielo abierto a la esperanza<br />
de las alas tendidas. Y<br />
aquí alumbra torvas miserias,<br />
venganzas crueles, odio vil<br />
y un dolor que no acaba nunca<br />
ante otro dolor por venir&#8230;<br />
   ¡Oh la bendita tierra extraña<br />
donde nadie sepa de mí!,<br />
a donde llegue de atorrante<br />
sin ambiciones de Rothschild<br />
con la mediocre burguesía<br />
de que me dejen existir!<br />
Hablaré mal en otro idioma,<br />
comeré bien otros menús,<br />
y alguna tarde arrellanado<br />
en mi sillón de marroquín,<br />
viendo a través de los cristales<br />
un cielo de invierno muy gris,<br />
pensaré en los muertos amados,<br />
en los amigos que perdí,<br />
en aquella a quien quise tanto<br />
con la vesania juvenil<br />
de cuando iluminó mis sueños<br />
¡ el claro sol de mi país!</p>
<p>III<br />
Estoy pensando en exilarme,<br />
me casaré con una miss<br />
de crenchas color de mecate<br />
y ojos de acuático zafir;<br />
una descendiente romántica<br />
de la muy dulce Annabel Lee,<br />
evanescente en las caricias<br />
y marimacho en el trajín,<br />
y que me adore porque soy<br />
tropical cual mono tití&#8230;<br />
que me pregunte ingenuamente<br />
— ¡y yo no la habré de desmentir!—<br />
cómo es cierto que en Venezuela<br />
los coches de la gente chic<br />
los tiran parejas de tigres,<br />
de tigres «tamaños así&#8230;»<br />
(y la altura de un elefante<br />
marcará su mano pueril).<br />
¡Qué fantasías desarrolla<br />
el claro sol de mi país!<br />
IV<br />
Mis hijos han de ser gimnastas<br />
con el ímpetu varonil<br />
de quien tiene libres los músculos<br />
libres el pensar y el sentir,<br />
pues nacerán en tierra extraña<br />
y no en la tierra en que nací;<br />
y mis nietos, gigantes rubios,<br />
de cutis de cotoperiz,<br />
bíceps y espíritus de atletas<br />
con volubilidad infantil,<br />
puede que sí se me parezcan,<br />
tal vez tengan algo de mí:<br />
la realidad de mis ensueños,<br />
la mentira de mi sufrir.<br />
¡Pero en vano entre sus cabellos<br />
hundiré mi mano febril,<br />
echaré hacia atrás sus cabezas<br />
y buscaré, sin conseguir,<br />
en el fondo de sus miradas<br />
el claro sol de mi país.</p>
<p>V<br />
Y cuando ya, siempre extranjero,<br />
descanse más libre por fin,<br />
y tenga lo que a mi me niegan:<br />
la libertad del buen dormir,<br />
en un cementerio evangélico,<br />
cubierto por el cielo gris,<br />
allá que no hay flores al año<br />
sino una vez, mayo o abril,<br />
a falta de la cruz de té,<br />
del nardo, la rosa o el lys,<br />
colocarán sobre mi tumba,<br />
grabado a rasgos de buril,<br />
un versículo de la Biblia<br />
o algunas coronas de zinc.<br />
Y ya muchos años más tarde,<br />
muy cerca del año 2000,<br />
mis nietos releyendo las fechas<br />
de mi muerte y cuando nací,<br />
repetirán lo que a sus padres<br />
cien veces oyeron decir:<br />
— ¡y le darán cierta importancia!—<br />
«el abuelo no era de aquí,<br />
»el abuelo era un exilado,<br />
»el abuelo era un infeliz,<br />
»el abuelo no tuvo patria,<br />
»no tuvo patria&#8230; ¡Y ellos sí!</p>
<p>VI<br />
¡Ay, quién sabe si para entonces,<br />
ya cerca del año 2000,<br />
esté alumbrando libertades<br />
el claro sol de mi país!</p>
<p>*Enrique Viloria Vera, escritor venezolano, polígrafo, poeta, ensayista, humorista, crítico de arte. Recientemente recibió el Premio Internacional Lucila Palacios. </p>
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		<title>La voz poética de Aladar Temeshy: El Libro de las decepciones</title>
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		<pubDate>Sat, 27 Aug 2011 13:49:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Círculo de Escritores</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ensayo]]></category>
		<category><![CDATA[Libros en la Mesa]]></category>

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		<description><![CDATA[Por Carmen Cristina Wolf Abra las páginas suavemente como quien ya sabe que los libros no son para hablar de ellos y ha aprendido a hacerles el amor Adalber Salas La voz poética de Aladar Temeshy está ligada íntimamente a su manera de comprender la existencia y al pensamiento reflexivo. El trasfondo de su escritura [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por Carmen Cristina Wolf</p>
<p>Abra las páginas suavemente<br />
como quien ya sabe que los libros<br />
no son para hablar de ellos<br />
y ha aprendido a hacerles el amor<br />
Adalber Salas</p>
<p>La voz poética de Aladar Temeshy está ligada íntimamente a su manera de comprender la existencia y al pensamiento reflexivo. El trasfondo de su escritura es una recia batalla entre la exuberante policromía de la creación y el demoledor paso del tiempo, que todo lo destruye. De sensibilidad contemplativa, tal vez por su profesión de arquitecto y por su dedicación a la docencia, Temeshy conduce al lector, desde la más sublime hermosura de la naturaleza y de las ciudades, hasta el dolor y el desaliento por la pérdida de los afectos y de los lugares más entrañables. </p>
<p>Aladar es un romántico a la manera de Rilke. No se reconcilia con la creencia en Dios y en la inmortalidad del alma, no obstante, medita sobre estos temas con la angustia del que se asoma al abismo. Como si hubiera escuchado la voz del poeta alemán, su poesía transcurre entre luces y sombras, dejándonos caminar, detenernos a nuestro antojo, sin rumbo fijo, a veces por senderos que conducen a un mismo lugar, para que el lector elija quedarse entre el bosque pleno de vida, y no obstante cruzada de laberintos,   y la negrura de lo desconocido. Recordemos lo que dice Rilke:<br />
Vivo mi vida en círculos que se abren<br />
sobre las cosas, anchos.<br />
Tal vez no lograré cerrar el último<br />
pero quiero intentarlo.</p>
<p>Aladar escribe en su poema Mediodía:<br />
El sol derrite los rostros errantes<br />
escondidos entre las moradas lavandas<br />
los laberintos se abrieron<br />
el mundo es caliente, vertical<br />
el mediodía se comparte<br />
entre el hombre y su inercia<br />
el sueño devoró ya su sombra</p>
<p>En “El libro de las decepciones” de Aladar Temeshy, editado en el 2008 por Diosa Blanca, el prologuista y editor, Edgar Vidaurre, escribe: “En el corazón de la palabra decepción, convergen tres de los aspectos más reveladores de nuestra humanidad a saber: el dolor, la desesperanza (o más bien, la esperanza herida) y la conciencia del engaño y la verdad”&#8230; Ante la decepción, se abren dos sendas: o el hombre sucumbe en la maraña intrascendente su propio existir, o trasciende el sufrimiento a través de la transformación existencial.<br />
Y es el camino que toma Aladar ante tal disyuntiva. Trascender, mediante la escritura, a través de palabras que desgarran las páginas de sus libros, especialmente de este poemario “Al margen de la tarde”, que nos deja con el deseo de leerlo una y otra vez, escrito con la entereza y la precisión del oficiante que se aferra a la poesía como “una forma de existencia, de elevación de la existencia, de la presencia fuerte de la existencia”, como escribió el maestro Alfredo Silva Estrada, amigo personal de Aladar. </p>
<p>Al margen de la tarde está dividido en dos partes: 40 poemas que corresponden al capítulo que lleva el título del libro, y un capítulo de 9 poemas, cuyo  título es Cuentas del Tiempo. La exquisita belleza del primer poema del libro, nos lleva al “encanto de un universo ensoñado / en un aljibe virgen / sin fondo y sin rimas”:<br />
Es una tarde larga<br />
del encanto de Schumann<br />
en el policromado otoño<br />
surgido de las blanquinegras<br />
teclas del piano grande<br />
en la tamizada luz dorada<br />
de una eternidad.</p>
<p>LA MUERTE. ESE ALFILER DE ORO TAN CERCA<br />
…</p>
<p>Luego aparecen las amargas dudas rebeldes / sobre razones del estar / o del ser y su justa existencia. Es el alfiler de oro en el pecho, que hiere en las sombras de las letras, al margen de la vida del autor. La muerte, es la última dignidad del vencido, es la trascendencia y la liberación del ser prisionero de esta vida mortal.</p>
<p>No obstante, el gozo de existir y la espera de instantes felices no deja de rondar los versos de este amado libro, como cuando escribe: “Sentado en la silla ajada / ajada / del pasillo / frente a la panadería / en la mesa / mi silente café  / y espero / un no sé qué.”<br />
Su poema En el pasillo, rememora a Rimbaud, el poeta que una vez escribió:<br />
Y así ascender despacio<br />
en un inmenso amor<br />
de la prisión terrestre<br />
a la belleza del día.<br />
Y Aladar se pregunta a quién espera, respondiendo, con el saber del poeta que conoce las figuras literarias, como las dislocadas oposiciones del oximoron: “Yo, no vendré / compraré un pan canilla / &#8230; me iré a esperar / afuera de antes / ya fuera de después.” Imagina cómo su espíritu, o su recuerdo, vendrá de nuevo a los lugares de siempre, a sentarse, a esperar. No deja de sorprender el descreído poeta, cuando escribe: “el pan o es todo / fe, devoción, plegaria, es hablar con Dios / &#8230; canto del trigo / pan caliente.” Sólo un poeta de la talla de Aladar puede escribir, cuando pregunta quién vendrá, que no será él, pero que sí, que vendrá, de alguna manera imaginada, a la cafetería de siempre, a sentarse, a sentarse cerca de las figuras enmudecidas por la noche del tiempo, “ya fuera de después”. </p>
<p>El final de este libro nos brinda la clave del enigma. Cuál es la razón, el propósito, la pasión que se encierra en la escritura de Aladar Temeshy. El lo proclama suavemente, sin estridencias:</p>
<p>Escribo<br />
Para sentir el verbo<br />
Para palpar la soledad<br />
Para entender a Dios<br />
Para comprender quién soy<br />
Para aprender la muerte</p>
<p>Carmen Cristina Wolf<br />
Caracas, julio de 2011</p>
<p>*Texto leído el 27 de julio de 2011, en la Librería Alejandría I, Las Mercedes, Caracas. Presentación de El libro de las decepciones, organizado por el Círculo de Escritores de Venezuela. </p>
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		</item>
		<item>
		<title>Boceto de Vicente Gerbasi, por Benito Raúl Losada</title>
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		<pubDate>Sat, 13 Aug 2011 16:52:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Círculo de Escritores</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ensayo]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía Venezolana]]></category>

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		<description><![CDATA[En conmemoración al poeta Vicente Gerbasi, publicamos este ensayo, del escritor venezolano Benito Raúl Losada, leído en la Asociación de Escritores de Venezuela en junio de 1983, con motivo del homenaje a Vicente Gerbasi al cumplir 70 años de edad, y publicado por primera vez en el Suplemento Cultural del diario Últimas Noticias, el 17-06-83. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En conmemoración al poeta Vicente Gerbasi, publicamos este ensayo, del escritor venezolano Benito Raúl Losada, leído en la Asociación de Escritores de Venezuela en junio de 1983, con motivo del homenaje a Vicente Gerbasi al cumplir 70 años de edad, y publicado por primera vez en el Suplemento Cultural del diario Últimas Noticias, el 17-06-83.</p>
<p>BOCETO DE VICENTE GERBASI<br />
Por Benito Raúl Losada</p>
<p>     Cuando se trata de homenajear a un poeta de la categoría de Vicente Gerbasi, surge la tentación de hacer elucubraciones sobre la poesía en sí, sobre lo que significa esa suprema vibración espiritual que encuentra su instrumento en la palabra, pero cuya esencia se hace inasible y por tanto indefinible. Difícil intento repetido una y otra vez por filósofos, estetas, críticos y aun por los poetas mismos y cuyo resultado deja siempre una insatisfacción,una sensación como de que algo queda inexpresado o fallido. No queremos, sin embargo, que un cordial momento como el presente deje de ser lo que pretendemos; un justo y sencillo reconocimiento a una alta calidad poética y a una extraordinaria condición humana en el momento en que arriba a los setenta años de una vida plena de logros y de amistad muliplicada.<br />
    Recordando la antigua sección de una revista en donde distintos autores describían su personaje inolvidable, estoy seguro de que, para un paréntesis semejante, muchos de los aquí presentes escogerían a este gran alfarero de sueños o pescador de insomnios, quien en esa larga trayectoria no ha dejado de ser por un momento una voz imantada en cuyo resplandor un niño desliza sus asombros. y si intentáramos hacer los recuentos, posiblemente nos encontraríamos ante la dificultad de recordar quién cruzó primero el límite de las vivencias, si el hombre o el poeta. Para terminar sin resolver la disyuntiva ya que se hace imposible desligar a ambos y destruir su simbiosis de noche y de relámpago.<br />
    En efecto, como el mismo Vicente lo ha afirmado muchas veces, él nació poeta. Y para fortuna de él y de la poesía, en ese Canoabo en cuyos pavos reales &#8220;la tarde inicia una tristeza solar&#8221; y que ha universalizado como aldea mágica en donde el trópico logró concentrar unos secretos de infancia que se proyectan en recuerdos míticos. Esos recuerdos se magnifican bellamente en una obsesión de tiempo y metales melancólicos a través de vértigos nocturnos donde todo empieza y concluye, donde se encuentra el hombre con sus orígenes y con su destino luego de fusionar los mostos de las culturas y el entrecruce de las edades.<br />
    Podemos imaginar una infancia de asombros. El niño que al desarrollar los sentidos ve las cosas de la naturaleza como descubrimientos maravillosos, que se extasía ante ellos hasta hacerlos partes de sí mismo, se detiene en sus detalles, inventados o reales, y los graba junto a experiencias, rostros, costumbres, frases, consejas, temores, en una madera de esencias que es su secreta intimidad. El mundo rural que recoge y refleja más tarde, sin dejar de ser cierto y corresponder a una circunstancia y un tiempo históricos, lleva impreso el choque imaginativo, venero de paisajes, hombres, fauna, flora, transfigurada materia poética.<br />
    Esos asombros continuarán cuando sus padres lo envían a Europa a estudiar junto con su hermano Chepino. Puerlo Cabello, su primera impresión de ciudad, el mar, las Islas Canarias, Italia. Novedad tras novedad, destello tras destello, horadando los sentidos con sensaciones y contrastes. Contemplativo, lleva como una cámara interior fotografiando seres y paisajes, tal vez no tanto ellos como el aura de ellos, porque Gerbasi es adicto a lo fantasmagórico. Cree a pie juntillas en los fantasmas de su niñez, en el jinete sin cabeza galopando entre sombras, en todos los que le inculcaron luego lecturas nocturnas, y en los que él mismo inventa en sus momentos de soledad. Esa experiencia europea, plena de historia, de luces mediterráneas, de cuadros de Fra Angélico, de inmensas catedrales, de ovejas y encinares, nutrirá positivamente las vertientes de su poesía, estimulará la afición por el arte y la literatura que ampliarán su formación y anclarán la plataforma de esa cultura de la que no hace gala pero que se manifiesta en su obra y que muchos le hemos conocido en charlas cordiales reforzadas con gratas libaciones.<br />
    Regresado al país, Vicente irá a sus primeros lares. Vuelve a su mundo de infancia que mira ahora desde otros asombros, en una dimensión distinta ciertamente, pero en donde no se han perdido los rasgos primigenios, los otros, los secretamente guardados. Los mismos helechos, cafetales; cacaotales, tigres, búhos, alacranes; ciempiés, lagunas y por encima de todo, esa nocturnidad de sombras melancólicas y metafisicas donde los huesos reviven los fantasmas.<br />
    Después será el trabajo y la movilización a caballo, el traslado de talegas de dinero como empleado de un banco, la llegada a Caracas en donde afianzará y ampliará contactos poéticos que ya había iniciado en Valencia, particularmente con su entrañable amigo el poeta Otto De Sola. La muerte del dictador Gómez en 1935 hace propicia las renovaciones. La cultura, junto a la política y a la lucha social, comienza a estremecerse. La poesía no se queda atrás y poco a poco se irán encontrando y reuniendo quienes manteniendo inquietudes afines en la expresión lírica, novedosas en nuestro ambiente, integrarán el Grupo Viernes y abrirán nuevas ventanas al lenguaje poético.<br />
     Los de Viernes pugnan por abrir surcos renovadores. La generación del 18 con Andrés Eloy Blanco, Paz Castillo, Fombona Pachano, Planchart, Mármol, Sotillo, Moleiro, Barrios Cruz, Carnevali y otros también valiosos había dado grandes logros postmodernistas y simbolistas a nuestra poesía; Ramos Sucre, el solitario, había sembrado gemas para un reconocúniento creciente; Antonio Arraiz había desnudado y endurecido el aliento creador; los del 28 con Luis Castro, Otero Silva, Gabaldón Márquez, Rojas Guardia y otros habían aprovechado la iconoclasta instrumentación de la vanguardia europea; Arvelo Torrealba, Morales Lara, Carlos Augusto León en distintas secuencias y otras señeras voces de Caracas y el interior de la República habían iniciado sus aportes dentro de diferentes búsquedas.<br />
    Viernes es una confluencia de poetas de distintas edades y formación, algunos ya conocidos como Queremel, Alvarez, Rojas Guardia o José Ramón Heredia, por no citar a otros que colaboraron con el Grupo sin que se les pueda considerar viernistas y no giran en torno a un solo credo poético. Ellos por su cuenta y con el influjo de importantes presencias extranjeras como la de Humberto Díaz Casanueva, divulgan entre nosotros la voz de los grandes alemanes de fines del siglo XIX y comienzos del XX, los simbolistas y vanguardistas europeos, particularmente los franceses, los españoles del 25 y las poderosas voces que emergían del Sur del continente. Lo onírico, el apego a las sombras la multiplicidad y superposición de imágenes creadoras de ambiente, alejadas de lo argumental, la ruptura con rimas y con el ritmo exterior y tantas otras características de los movimientos extranjeros de las dos décadas anteriores signaron estas experiencias no siempre bien acogidas entonces. En algunos eran evidentes las huellas de Novalis, Holderlin, Rilke, de algunos surrealistas franceses, de Huidobro, Neruda, Cruchaga o Rosamel del Valle. Gerbasi, uno de los más jóvenes -con De Sola y VenegasFilardo- no podía escapar a estas influencias como se nota en sus primeros libros Vigilia del Náufrago y Bosque Doliente; allí no había definido lo que sería su inconfundible personalidad poética, pero estaba presente un poeta auténtico en proceso de búsquedas y ya en el segundo de los libros asoman los atisbos embrionarios de su poesía consagratoria.<br />
    Por la misma época de su vigencia viernista, el poeta, desdoblado en periodista y en funcionario municipal, no puede escapar a las inquietudes políticas y sociales que saturaban el ambiente y se une a quienes en el PDN inicial luchaban por aperturas democráticas por encima de los tímidos ensayos del gobierno del General López Contreras. De allí viene su amistad con grandes dirigentes políticos y, particularmente, con Rómulo Betancourt, con quien tuvo nexos estrechos y a quien escondió en las andanzas clandestinas de este último, cuando el poeta se había recién casado con esa extraordinaria Consuelo, su inseparable compañera de siempre. Aun cuando después se desligó de esa incursión política y se fue hacia los predios diplomáticost, nunca ha dejado de exhibir una noble ciudadanía y una indeclinable vocación democrática. En un momento crucial de su vida se inscribió en el partido, en el cual milita, Acción Democrática, fundado entre otros por su dilecto Andrés Eloy Blanco, el gran poeta de la esencia venezolana. La itinerancia diplomática le abrió nuevas perspectivas. Amistades. literarias de primer orden en ColombIa, Chile y varios otros países, oportunidad para divulgar la poesía venezolana en el exterior, tiempo para seguir labrando una obra que incluye hoy numerosos volúmenes y que, afortunadamente, no cesa. El anecdotario de Vicente en estos menesteres es riquísimo, sin que falten esos famosos olvidos que han contribuido a adobar su personalidad con facetas muy gratas a sus amigos y útiles para el análisis de su poesía.<br />
   Después de los dos libros mencionados la obra fue creciendo. Poemas de la Noche y de la Tierra, en 1943, que como bien lo dice Francisco Pérez Perdomo, ya anuncia a Mi Padre el lnmigrante. Como nota rara en su trayectoria literaria, empujado tal vez por la tendencia postviernista que, con los poetas que inician sus publicaciones en 1942 y sus proximidades, pretende reivindicar formas tradicionales de poesía e introducir una cierta transparencia. Vicente sorprende con Liras, libro bien facturado, de clásica estirpe española, con el que obtiene el Premio Municipal de Poesía. Después, en 1945, la obra consagratoria, Mi Padre el lnmigrante, que si bien gira en torno a un tema biográfico y en cierta forma autobiográfico, encierra tanta fuerza telúrica, compenetración con la naturaleza, nocturnidad mágica, misterio, soledad, nostalgia, interrogantes metafísicos y un lenguaje tan subyugante y sugerente, que se ha señalado como uno de los mayores logros poéticos de nuestra literatura. </p>
<p>   La lista luego es larga: Tres Nocturnos, Los Espacios Cálidos, considerado éste por algunos críticos como superior a Mi Padre el Inmigrante por su mayor sobriedad de expresión, Círculos del Trueno, Tirano de Sombra y Fuego, Por Arte de Sol, Olivos de Eternidad, Poesía de Viaje, Retumba como un sótano del cielo, Edades Perdidas.<br />
    Sobre la poesía de Vicente Gerbasi se ha escrito mucho dentro y fuera del país. Sabemos que es objeto de estudio en colegios y universidades. Nada que pueda decir añadiría a enjundiosos estudios como los de Ignacio Iribarren Borges, Ludovico Silva, Juan Liscano y varios otros. Apenas podría anotar a manera de síntesis que se trata de una poesía de ráfaga, de misterios nocturnos, de soledades que se impregnan en la eternidad, en los recuerdos, en los olvidos, poesía de nostálgicas vivencias sensoriales, de un mundo perdido, de una melancolía subyacente en una naturaleza anímica. Poesía llena de plasticidad que penetra por todos los sentidos en la conjunción de los sentidos, o la comunión del hombre y los elementos, del ser y la tristeza, de un cosmos maravilloso y maravillado que se manifiesta como dotado de alma en nuestros ríos, nuestros ancestros, nuestros sueños. Poesía en fin, que es la suma de interrogantes, de búsqueda de una inquietante perennidad: &#8220;¿no somos un secreto guardado por las horas?&#8221; o &#8220;¿cuándo sale de ti mi oscuro andar?&#8221; o &#8220;¿escondo acaso el mundo en mis sentidos?&#8221; o &#8220;¿conozco acaso el rumbo de mis pasos ? &#8220;. Esta especie de sonambulismo; de vitral alucinante, esta mezcla de relámpagos, truenos, escarabajos, tigres, mendigos, conejos, huesos, esta ronda en torno a la muerte acechante, rondante, temida y lejana, religiosamente ubicua, constituyen un desdoblamiento y una concentración, una especie de panteísmo que rescata al tiempo de la infancia del mundo y a la infancia de un tiempo mágico, creciente, inmediato e infinito como un espacio cálido.<br />
    Basta para apreciar varios de esos elementos recordar el fragmento final del poema Nacimiento de la Melancolía:<br />
    Yo iniciaba la era de las puertas,<br />
    Había puertas para los hombres y puertas para los caballos,<br />
Y puertas para los muertos,<br />
Y vi que las hormigas abrían puertas en la tierra<br />
Y que las aves abrían puertas en los árboles<br />
Y que la noche cerraba las puertas de las casas.</p>
<p>    Quienes tenemos el privilegio de conocer a Vicente Gerbasi, lo hemos apreciado y admirado en su vasta dimensión poética y su humanidad bondadosa cultivadora de amigos sin distingo de generación, latitudes ni ideologías.<br />
    ¿Se podrían olvidar esos rasgos gratamente ingenuos que lo hacen disfrazarse de árabe en la intimidad del hogar, e inventar canciones chinas o tararear con voz ronca una antigua tonada de pastores o dibujar a dedo con vino y cenizas de cigarrillo siluetas y rostros, o recoger insectos confundiéndolos con adornos mágicos o invocar en sus noches fantasmas e interpelar a Hamlet? Dificil dejar de imaginarse relatando aquél &#8221; cada quien vive su propia vida y vive su propia muerte &#8221; de María Grubbe, o la añoranza por Neruda de su antiguo rival Huidobro cuando mirando, lejana, la casa de éste en un atardecer sureño, le dice en confidencias &#8220;Vicente, Vicente, allí vivió el más grande poeta de Chile&#8221;; o aun escucharle esos sueños como el del viaje que imagina en buque de chapaletas por el Mississipi departiendo con sus grandes amigos fallecidos Mariano Picón Salas y Eddie Morales Crespo, repartiendo, en fin, sus asombros entre los amigos, que es la mejor forma de vivir su vida, esa que de tanto amar le hace olvidar a veces su temor a la muerte.<br />
    Todo esto y mucho más es Vicente Gerbasi, un poeta del Trópico y del mundo cuya vigencia perdurará mientras haya &#8220;un relámpago extasiado entre dos noches&#8221; o se pueda despertar &#8220;lentamente en una luz de conejos.&#8221; ?<br />
(Palabras pronunciadas en la AEV el 15-06-83 en el homenaje a Vicente Gerbasi al cumplir 70 años de edad, y publicado por primera vez en el Suplemnto Cultural de Últimas Noticias el 17-06-83).<br />
Publicado en el portal   http://www.vicentegerbasi.net/otros/boceto.htm</p>
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		<title>FEDERICO GARCÍA LORCA: LO MITOLÓGICO GITANO</title>
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		<pubDate>Mon, 04 Jul 2011 14:04:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Círculo de Escritores</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ensayo]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía Internacional]]></category>

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		<description><![CDATA[EL ROMANCERO GITANO.PARA ABRIR LAS CELOSÍAS EN ESTOS DIAS DE JULIO Por Magaly Salazar Sanabria Un perfume se regodea desde la Alhambra, es el jazmín. Me arrimo a la vera de su viento fino y la magia irrumpe vestida de lunares. Mientras celebramos,la sangre se agita por tientos ¿Habrá quién robe el goce a Andalucía?. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>EL ROMANCERO GITANO.PARA ABRIR LAS CELOSÍAS EN ESTOS DIAS  DE JULIO</p>
<p>Por Magaly Salazar Sanabria</p>
<p>Un perfume se regodea desde la Alhambra, es el jazmín. Me arrimo a la vera de su viento fino y la magia irrumpe vestida de lunares. Mientras celebramos,la sangre se agita por tientos ¿Habrá quién robe el goce a Andalucía?. Guitarra, voz y mano: Qué alto desvelo .El decir del cantaor arde en la intimidad de los amantes. Aguardan los cuerpos las ondas del braceo y el vino lame el amor y la pena como gato que gulusmea un líquido feliz. Se estira y arquea la copla; temple y quejío. Vehemente el felino trepa cuando arranca el cante. Desde los trastes, la marea del movimiento crece, porque nadie supo “apuntarse” como tú, nadie inflamó tanto la caja sonora y con brío, tu mano despertó farfulleos, ligera, juncal, encima del deseo. Para robarnos el sentío apareció el Duende y asumimos los jazmines con ramos de locura. Cruje el regocijo, jondo, jondo y asumimos los jazmines con ramos de locura.</p>
<p> Busco entre la cal y el mirto, albahacas y canelas  de los romances, los aromas de esta voz  de la invención mitológica y amatoria. Y es Preciosa quien se levanta en la página para camuflar al poeta Federico García Lorca. Así dice:  </p>
<p>                                   “¡Preciosa, corre, Preciosa,<br />
                                    que te coge el viento verde!<br />
                                   ¿Preciosa, corre, Preciosa!<br />
                                   ¿Míralo por donde viene!<br />
                                   Sátiro de estrellas bajas<br />
                                   con sus lenguas relucientes.” 1</p>
<p> El poeta se expresa a través de los romances porque estos  nos han dejado sabor a caballeros, relatos legendarios, historias  amantes, monarcas, y para muestra,  la queja de Jimena al rey, quien se lamenta porque no puede ver a su marido, Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid,  sino una sola vez al año:<br />
                                  “¿Qué ley de Dios vos otorga<br />
                                   que podáis, por tiempo tanto<br />
                                   como ha que fincáis en lides,<br />
                                   descasar a los casados? (&#8230;)<br />
                                   Y como otro bien no tengo<br />
                                   y me lo habéis quitado<br />
                                   en guisa le lloro vivo<br />
                                   cual si estuviera enterrado” 2</p>
<p>Y García Lorca se manifiesta en versos asonantados  de ocho sílabas como los antiguos romances, pero los plena de una gran sensualidad, de aromas, enigmas y también, de mitos y relaciones con el presente. Según sus propias palabras, el intentó conjugar lo mitológico gitano con lo cotidiano de sus días, de esta manera logró dar brillo a las historias de la gitanería. La inventiva erudita de mitos clásicos, helénicos,  bizantinos, etc,  o la representación de una tradición oral frecuentemente cambiante y de recuerdos populares nacidos muchas veces de ingenuas procedencias, refuerza la idea de hombres anteriores a nosotros, para ellos, la vida necesitaba de las fábulas para enriquecerse y es así como la crítica histórica  ha recogido los mitos debido a que hay tanta realidad en las leyendas  como en la historia.</p>
<p> El Romancero gitano, es una especie de mosaico del andalucismo. Los gitanos son,  como la luna,  uno de los  leit motiv; el hilo conductor de este poemario. A García Lorca le fascinaba el esoterismo de los gitanos. El profundizó en las costumbres atávicas, en los orígenes oscuros que le acercan a la magia, al fatalismo y exorcismo que puede tener la vida. Sortilegios, misterios y colores trascienden del lirismo de sus páginas. La luna, crece, decrece y desaparece. Su existencia con relación a la del hombre está sujeta al  destino del universo. Es vida o muerte y su ancianidad está ligada a esta última; simboliza, también el mundo de las tinieblas y por la pasividad que le caracteriza, por recibir la luz del sol, se le da una  significación femenina  y voluble. Por eso,  García Lorca,  coloca lunas de locura y muerte en su Romancero.<br />
                                  “La luna vino a la fragua<br />
                                   con su polisón de nardos<br />
                                   El niño la mira mira.<br />
                                   El niño la está mirando.<br />
                                   En el aire conmovido<br />
                                   mueve la luna sus brazos<br />
                                   y enseña, lúbrica y pura,<br />
                                   sus senos de duro estaño.<br />
                                   -Huye, luna, luna, luna.<br />
                                   Si vinieran los gitanos,<br />
                                   harían con tu corazón<br />
                                   collares y anillos blancos” (&#8230;) 3</p>
<p> Federico inventa sus propios mitos como el de “Preciosa y el Aire” o la  niña del pandero, a quien el yo poético llama: “Su luna de pergamino”. La fábula , está constituida por la presencia de Preciosa rodeada de un ambiente de cristales, laureles, “noche llena de peces”, “gitanos del agua”, “glorietas de caracolas”. En ese embrujo, entre tierras y cielos, se va tejiendo lo mitológico. El mitema del viaje se concreta desde la aparición de Preciosa. La  persecusión  a la que es sometida  por “el viento- hombrón”  con su espada caliente,  hasta su huida y recogimiento en casa de los ingleses, que en el contexto real, no eran personajes muy queridos por los andaluces. Todo el Romancero está concebido como una gran cosmogonía. Así el autor logra la mitificación del mundo como evidenciadora de una realidad. Esa realidad es la de la heroína indefensa, la de las pruebas a la que debe someterse la pureza de la niña  en contraposición con la fuerza de los carabineros y los ingleses y la del propio viento, que es también representación de lo masculino.</p>
<p>Preciosa, la gitana, es perseguida por el  viento varón, el sátiro,  como en las mitologías grecolatinas  y la asechanza es por un “un amor que va a menos y una intención que va a más”, como decía Sor Juana Inés de la Cruz. Es el juego de la carne.</p>
<p>                                   “-Niña, deja que levante<br />
                                   Tu vestido para verte.<br />
                                   Abre en mis dedos antiguos<br />
                                   la rosa azul de tu vientre”(&#8230;)<br />
                                   ¡Preciosa, corre, Preciosa,<br />
                                   que te coge el viento verde!<br />
                                   ¡Preciosa, corre, Preciosa!<br />
                                   ¡Míralo por donde viene!<br />
                                   Sátiro de estrellas bajas”<br />
                                   con sus lenguas relucientes.” 4                                             </p>
<p>Preciosa entra en la noche del miedo, al infierno del miedo.Tres carabineros, que cuidan las altas torres de los ingleses,  vienen al oír los gritos pero ella se refugia en casa de los extranjeros que la protegen. Es el regreso a la casa, que a pesar de no ser la suya,  le ofrece leche tibia y ginebra para calmar los miedos. De esta manera se cumple el mitema del retorno.               </p>
<p>Otro leit motiv de  esta poesía es el de la guardia civil, venida de un “silencio oscuro”.(Vuelve lo negro). .Por ello, entre “gritos largos” y “remolino de tijeras”, el fascismo se vistió de guardia civil y de carabinero. ¡Oh España padecida y en cauterio doloroso!  El manotazo del hado acechaba. ¿Era acaso la  intuición del misterio o la superstición propia de Federico las que le hicieron presagiar la adversidad sangrante?. La sombra  de la muerte se hizo permanencia en el poema aquel día de julio de 1936, entre  “salivillas de estrellas” y “enjambres de flautas” . Pero él dijo en algún  verso.” ¡Si muero, / dejad el balcón abierto!”. Y el mundo despejó las celosías para que el poeta volviera por sus alas.</p>
<p>&#8211;<br />
1.      Federico García Lorca. Romancero gitano.p.17</p>
<p>2.      Romancero Español. p.114</p>
<p>3.      Federico García Lorca. Romancero gitano.p.</p>
<p>4.      Opus cit. pp.16-17 </p>
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		<title>Poética del desatino: Exaltación del silencio y el tiempo</title>
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		<pubDate>Tue, 28 Jun 2011 16:00:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Círculo de Escritores</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ensayo]]></category>
		<category><![CDATA[Libros en la Mesa]]></category>

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		<description><![CDATA[Por Edda Armas Poética del desatino ancla en un espacio de oriunda y frenética libertad. Es corriente del pensar abrumado. Falta de prudencia por la urgencia del decir, lo que en este caso se celebra. Entresueño o entrenubes: orificio del ojo en todo caso, por el que Alberto Hernández pasa la agujilla para armar este [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por Edda Armas</p>
<p>Poética del desatino ancla en un espacio de oriunda y frenética libertad. Es corriente del pensar abrumado. Falta de prudencia por la urgencia del decir, lo que en este caso se celebra. Entresueño o entrenubes: orificio del ojo en todo caso, por el que Alberto Hernández pasa la agujilla para armar este nuevo traje, este nuevo libro. La permisibilidad que otorga la acción del desatinar: sea “fallar el tiro o la puntería” es lo que afila descomunalmente la punta de la agujagrafía en esta ocasión, pero paradójica y atinadamente, con el “don del acierto”, ya que la escritura hace un cristalino regalo al lector, al ubicarlo frente a las notas que podríamos llamar “al margen”, en protagonismo real. Memoria. Apunte. Idea para desarrollar. Lo que se duda. Lo que se exalta. Lo que se elige, lo que se reprocha o borra. Por tanto, intuyo, que el deseo que acá hizo realidad el autor, es el compartir lo que ha ido acumulando, reconociéndole un lugar. Acá tomó fuerza el sacar de las sombras y rincones: lo escindido. Lo que el autor llama “la zurrapa”, y que en el devenir de la lectura se aprecia como densa y carnal decantación reflexiva; de lo rumiado hacia dentro por años, en torno, alrededor, por encima y por debajo, en temas de importancia para todos: la estupidez, la muerte, el uso del adjetivo, el silencio, el sentido de las palabras, algunos nombres de la literatura de aquí o de más allá, o el cómo del poema no escrito aún.</p>
<p>Permitirse el humor, tal y como Alberto Hernández se lo permite. Cara directa del desvarío; a sabiendas de que no lo es, es el caso de este libro, una estrategia que coloca la palabra escrita cercana al lector de sus páginas. Ese lector capturado, ya libro en mano, pasará sus ojos por las letras del índice para advertir la densidad del bosque: Vértigos, Ajuste de cuentas, Paradojas, Limitaciones, Promesas, Iluminaciones, Necedades y Demiúrgicas, a manera de gavetas que podrán explorarse de manera aleatoria, sin peligro de perderse de nada, siendo –otra vez- una gran y redonda verdad aquello de “que las partes nos llevan al todo, siendo el todo más que la sumatoria de las partes”. Y es que, en el caso de Alberto, logra en la construcción de Poética del desatino, la sumatoria cómplice del poeta con el crítico (carril en el que se mueve con destreza y generosidad desde hace años, para bien de la crítica literaria en Venezuela) añadiendo entonces de manera precisa y exprofesa la intencionada observancia del periodista atento que lo habita. Es desde ese ojo, desde lo afilado de ese mirar –a la mejor manera del vértice- que estas páginas resumen lo que ha extraído de interminables lecturas, reflexiones, y también trances.</p>
<p>Así es. Y así lo hallarán, despellejadamente libre y personal, escribiendo lo que le dolía y duele, lo que percibía y percibe, lo que sopesa y calibra, lo que pasaba y sigue pasando por su cabeza, tras mirar lo de afuera, pero también aquello que se ha alojado en su corazón de escritor, porque también se permite revelar, marcar, ahondar, sus preferencias o dolientes cercanías con la obra de algunos autores, que de una u otra manera, en lo particular, han sido ejes desu concentrado mapa escritural, cuando de crónica o de críticas literaria se ha tratado, a la mejor manera de una Memoriabilia muy personal. Nombres acotados, como Renato Rodríguez, con su “Al sur del Ecuanil, que bien valió borrar el Ecuador”; Alfredo Armas Alfonso “con sus historias de golpes de estado, historia de la literatura: ficción y realidad en una competencia de heridas y gritos”; Cubagua, la novela de Enrique Bernardo Núñez –la que este año, por cierto, celebra sus 80 años-, recordándonos que “Dentro de su cuerpo, Leiziaga contiene otro cuerpo y la teoría del tiempo”; o Fernando Pessoa “y sus personalidades que obedecían a la frecuencia de las mareas”; o “escribir un recado donde hable Eliseo Diego”, o como “el demonio habita en la mirada inventiva del niño de Cassinelli”, según escribió Franz Kafka en la Muralla china; o el Diccionario del diablo “entre cuyas páginas encontró la agonía perdida su autor Ambrose Bierce, aunque alguien se la robó cuando llegó a la última página”; algunas acotaciones en Iluminaciones.</p>
<p>Gerbasi, Gallegos, Cantaclaro, Meneses, Francisco de Quevedo, Jorge Luis Borges, Diógenes, Contramaestre, Rafael Cadenas, Derrota, Liscano, Ezra Pound, Alfonso Reyes, Pepe Barroeta, Dulce maría Loynaz, Juan Rulfo, Vallejo, Rimbaud, Carlos Augusto León, Georges Bataille, Luis Alberto Crespo, Pierre Reverdy, Escritos para una poética, Juan Calzadilla, Juan Sánchez Peláez, Víctor Valera Mora, Teófilo Tortolero, Eugenio Montejo, Luis Barrios Cruz, Alejo Carpentier, Octavio Armand, Arnaldo Acosta Bello, Mario Briceño Iragorry, Garmendia, Los pequeños seres, Teresa de la Parra, Ifigenia, María Fernanda Palacios, Jaime Sabines, Adán y Eva, Disneyworld: algunas estaciones/ algunos domicilios re-memorados por el autor en Poética del desatino.</p>
<p>Asombros más que desatinos, resultan estos viajes medulares del pensamiento anotado por Alberto Hernández, en diferentes extensiones según el capítulo, pero incluso algunos breves, a la mejor manera del arte del aforismo (1), que ha tentado a escritores y artistas de todos los tiempos. Sea el caso de Los cien aforismos: la segunda visión del pintor Franz Marc (1880-1916), un verdadero testamento filosófico escrito durante su movilización como soldado en la I Guerra Mundial, un año antes de ser abatido por una bomba. O Voces, del maestro Antonio Porchia (1886-1968), un único libro de aforismos, editado la primera vez en 1943, con sucesivas reimpresiones hasta nuestros días, con el que “Porchia restituye al aforismo su exacta dimensión de aforismo, su identidad que no consiste en una mera enunciación abreviada, sino que responde a leyes propias que se fundan en esa necesidad de proveer a la lectura múltiple, que hace del aforismo un género poético irreductible a otras formas del discurso” (2). Y esta precisión nos resulta válida y genuinamente extensible, para los aforismos que llamándolos Dichos (3), viene publicando en nuestro país el maestro Rafael Cadenas, navegando a voz propia el arte reflexivo en brevedad.</p>
<p>Es entonces, en esta tradición con historia, que se apuntala con tino el nombre del poeta Alberto Hernández, con las 86 páginas del libro que hoy queda bautizado entre ustedes; exaltado su silencio y su tiempo detenido en el mirar del afuera desde el adentro, ensañada su palabra cuando escribe: “El silencio es verbal. Ninguna palabra tiene sentido si no obedece a su propio silencio”. Recórranlo pues, sin prisa, ya no la tuvo el autor al escribirlo; y sí temblor y sí dolor al apreciar que es lo que se decanta cuando evocas lo vivido; lo amado; lo que no quieres perder.<br />
(Palabras leídas en la Librería Kalathos. Sábado 28 de mayo 2011).</p>
<p>Notas:</p>
<p>(1) Aforismo, según el DRAE: Sentencia breve y doctrinal.<br />
(2) Cerrato, Laura. En: Prefacio a Las Voces abandonadas de Antonio Porchia. Pre-Textos, Valencia, España, 2001.<br />
(3) Cadenas, Rafael. Dichos. Ediciones la oruga luminosa. Colección El Paso de la Danta. San Felipe. Venezuela, 1992. </p>
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		<title>EL NACIMIENTO DE LA NOVELA VENEZOLANA</title>
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		<pubDate>Sat, 04 Jun 2011 23:47:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Círculo de Escritores</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ensayo]]></category>
		<category><![CDATA[Mundo novelas]]></category>

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		<description><![CDATA[Por Eduardo Casanova Cuando se publicó la primera novela venezolana (“Los mártires”, de Fermín Toro, 1842), la novelística española tenía siglos de existencia. Pero la hispanoamericana no, aunque muchas de las crónicas coloniales tenían muchas características de novela, sobre todo si nos atenemos a la definición que del género ha adoptado la Real Academia de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por Eduardo Casanova</p>
<p>Cuando se publicó la primera novela venezolana (“Los mártires”, de Fermín Toro, 1842), la novelística española tenía siglos de existencia. Pero la hispanoamericana no, aunque muchas de las crónicas coloniales tenían muchas características de novela, sobre todo si nos atenemos a la definición que del género ha adoptado la Real Academia de la Lengua Española (“Obra literaria de cierta extensión y en prosa, que narra sucesos ficticios o reales en parte y describe la evolución de los personajes. 2 Género literario formado por estas obras. Alcanza su pleno desarrollo en el s. XIX con el realismo y el naturalismo. 3 fig. Ficción o mentira. Etc.”). Fray Pedro de Aguado, Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, Fray Toribio de Benavente, Pedro Cieza de León, Bernal Díaz del Castillo, Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés, José de Oviedo y Baños, Fray Bernardino de Sahagún, el Inca Garcilaso de la Vega y el resto de los llamados Cronistas de Indias y sus sucesores fantasean a más y mejor en sus obras que, por lo general, son inclasificables o, mejor aún, bien pueden clasificarse como novelas, puesto que narran en prosa “sucesos ficticios o reales”.<br />
Quizá el caso más notable en ese sentido es el del propio Descubridor, Cristóbal Colón, que al ver por vez primera lo que después se convirtió en Venezuela (en su tercer viaje, aun cuando hay serias sospechas de que su encuentro con nuestras costas fue en el primero pero lo ocultó para no pagar derechos a los monarcas), a fines del siglo XVI, escribió aquello de “Yo no tomo que el Paraíso Terrenal sea en forma de montaña áspera como el escribir de ellos nos muestra, salvo que él sea en el colmo, allí donde dije la figura del pezón de la pera, y que poco a poco, andando hacia allí, desde muy lejos se va subiendo a él; y creo que nadie no podría llegar al colmo como yo dije, y creo que pueda salir de allí esa agua, bien que sea de lejos y venga a parar allí donde yo vengo y haga este lago. Grandes indicios son éstos del Paraíso Terrenal, porque el sitio es conforme a la opinión de estos santos y sacros teólogos, y asimismo las señales son muy conformes, que yo jamás leí ni oí que tanta cantidad de agua dulce fuese así dentro y vecina con la salada; y en ello ayuda asimismo la suavísima temperancia. Y si de allí del Paraíso no sale, parece aún mayor maravilla, porque no creo que se sepa en el mundo de río tan grande y tan hondo”, que bien podría ser parte de cualquiera de esas novelas que en pleno siglo XX han sido catalogadas dentro del realismo mágico o “lo real maravilloso”. </p>
<p>No en vano se ha dicho que esa forma de escribir novelas (el realismo mágico) se nutrió esencialmente de las Crónicas de Indias. Así como se ha explicado que aquellas crónicas tenían que ser fantasiosas por la religiosidad de sus autores, en cuyas mentes aún vivía lo mágico y lo milagroso, directamente relacionado con el mundo medieval. O, quizá, porque se sentían obligados, consciente o inconscientemente, a idealizar lo que encontraban para alentar a los que se habían quedado en el Viejo Mundo a emprender la aventura del Nuevo. En todo caso, como afirma Arturo Uslar Pietri, gracias a Colón y a los Cronistas de Indias, se supo en Europa que la magia estaba viva, y gracias a ese conocimiento científico nació la Utopía.<br />
De lo que no pueda haber duda es de que la novela, la novela hispanoamericana, había nacido en textos como el de Bernal Díaz del Castillo (en referencia a lo que cuenta Francisco López de Gómara sobre la batalla de Centla, en la “Historia verdadera de la conquista de la Nueva España”, que dice: &#8220;Aquí es donde dice Francisco López de Gomára que salió Francisco de Morla en un caballo rucio picado, antes que llegase Cortés con los de a caballo, y que eran los santos apóstoles señor Santiago o señor San Pedro. Digo que todas nuestras obras y victorias son por mano de Nuestro Señor Jesucristo, y que en aquella batalla había para cada uno de nosotros tantos indios que a puñados de tierra nos cegaran, salvo que la gran misericordia de Nuestro Señor en todo nos ayudaba&#8221;. Es obvio que no se está haciendo historia, sino algo que, si no es gallo, es un ave que no vuela o vuela poco y tiene cresta, plumas, pico de gallo, ojos de gallo, patas de gallo y canta en la madrugada, aunque también canta de día y pisa a las gallinas.</p>
<p>De modo que no es del todo cierto que la novela no haya existido en tierras americanas antes de que se publicara “El periquillo sarniento”, de José Joaquín Fernández Lizardi en 1816, en pleno proceso de la guerra de independencia de México. La novela había estado entre nosotros desde mucho antes, escondida, disimulada, camuflada para engañar al censor español y para complacer a los protagonistas y sus relacionados. Pero eso sí, viva y presente. Y en aplicación del mismo racionamiento, no sería cierto que la primera novela venezolana haya sido “Los mártires”. Es la primera novela escrita y publicada en la Venezuela independiente, pero antes se habían dado a conocer en nuestro territorio, cuando era territorio del rey español, los textos de don José de Oviedo y Baños, que nació en Bogotá en 1671 y murió en Caracas en 1738. </p>
<p>Aunque quizá a Oviedo y Baños habría que considerarlo colombiano, salvo por el hecho de que hasta que se logró la Independencia todos los nacidos en nuestros territorios, incluidos Bolívar y Andrés Bello, eran españoles, y Colombia nació casi 80 años después de la muerte del cronista. Oviedo y Baños, cronista español de nuestras tierras, nació en Bogotá y luego de formarse en Lima, vivió la mayor parte de su vida en Venezuela, a donde llegó muy joven, huérfano de padre, con su tío, el obispo Diego de Baños y Sotomayor, y aquí escribió su “Historia de la conquista y población de la Provincia de Venezuela”, uno de los libros fundamentales para conocer los primeros años de Venezuela, en el que buena parte, por supuesto, tiene mucho de novela en tono y en su fantasear, que además ha servido en más de un caso como “fuente” de novelistas..<br />
En todo caso, lo que es innegable, es que la novela de Fermín Toro es la primera escrita  por un venezolano en Venezuela como país independiente, aun cuando ni los personajes ni el tema tengan nada que ver con Venezuela. De ella hablaremos después.</p>
<p>*Eduardo Casanova Sucre nació en Venezuela. Novelista, ensayista y biógrafo con amplia obra publicada. Miembro del Consejo Consultivo del Círculo de Escritores de Venezuela</p>
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		<title>ARTHUR RIMBAUD, EL VÉRTIGO DE LAS PALABRAS</title>
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		<pubDate>Sun, 08 May 2011 00:06:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Círculo de Escritores</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ensayo]]></category>

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		<description><![CDATA[Por Carmen Cristina Wolf &#8220;Y así ascender despacio en un inmenso amor de la prisión terrestre a la belleza del día.&#8221; Arthur Rimbaud Cuando alguien se adentra en el silencio de la reflexión se crea un descalabro magnífico. La persona entra en ebullición, en una relación oficiante palabra-tiempo-acto. Y se siente impelido a que sus [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por Carmen Cristina Wolf</p>
<p>						&#8220;Y así ascender despacio<br />
						en un inmenso amor<br />
						de la prisión terrestre<br />
						a la belleza del día.&#8221;<br />
						Arthur Rimbaud</p>
<p>Cuando alguien se adentra en el silencio de la reflexión se crea un descalabro magnífico. La persona entra en ebullición, en una relación oficiante palabra-tiempo-acto. Y se siente impelido a que sus acciones acompañen intensamente a sus ideas y sentimientos. Deja de estar escindido. Abandona la tentación de pensar una cosa y decir otra distinta.<br />
Una manera de adentrarse en el alma consiste en despojarse de  la máscara y abandonarse en caída libre al centro de sí mismo. Desde allí se mira descarnadamente el desfile de frases que se entrelazan en nuestras cabezas. ¿Acaso no está en ese desfile la raíz de la lealtad o la traición, de la benevolencia o la crueldad, de la sinceridad o el engaño? La manera como las palabras se organizan en nuestra conciencia conforma en buena parte nuestro espíritu.<br />
	Vuelvo a leer los poemas de Arthur Rimbaud, Las iluminaciones, Una temporada en el infierno, Carta del vidente, con una sensación de delicioso vértigo, como quien tiene todo el tiempo, e imagino que el poeta ha escrito su obra hace pocos meses, y en cualquier momento llegará a mi puerta y me dirá:<br />
	“Y así ascender despacio en un inmenso amor”. Vivimos con la esperanza de alcanzar el amor, si no hay amor, nadie quisiera vivir. Añoramos cada día, cada minuto, cada segundo, cumplir nuestro amor. El arrebato del amor todo lo transforma, se es capaz de conquistar al mundo y escapar de todas las prisiones.<br />
	Versos de Rimbaud que expresan la fe del creador-creyente en la palabra, aunque solo fuese durante los días en los que escribió los poemas y luego le atormentara la duda sobre la significación que podían tener sus textos: “la fuerza y el amor que nosotros, de pie ante las furias y las penas, vemos pasar por el cielo tormentoso y las banderas del éxtasis”.<br />
	Se encuentra en buena parte de la obra de Rimbaud una insidiosa desesperación, desolación, el exilio del alma, un desierto sin oasis y poblado de espejismos: “El hombre es triste y feo, triste bajo el vasto cielo / Lleva vestidos porque ya no es casto.”  Pero es así que el mundo, por más desolador que pueda parecer, guarda  también su belleza, sus promesas. Y el joven poeta arde de deseo e ilusiones y escribe: “Por momentos olvido la miseria en que caí / &#8230;viajaremos, cazaremos en los desiertos, dormiremos en las calles de ciudades desconocidas, sin preocupaciones, sin penas. ¡Oh! Esa vida de aventuras que existe en los libros infantiles para compensarme, he sufrido tanto.”  La añoranza de la niñez, el anhelo de viajar a ciudades desconocidas, señala un sitio en el mapa de la ilusión, un lugar donde resplandece la belleza y se puede vivir sin preocupaciones, donde hay bailes, risas, alegres atavíos y sobre todo amor, porque Rimbaud jamás podrá “tirar el amor por la ventana.”<br />
	Cuesta mucho poner a las palabras a decir lo que el poeta quiere que digan. Él quebranta sus nexos de costumbre, desgrana las cuentas de la conversación para que las palabras regresen a ser ellas mismas, como recién estrenadas.<br />
	El poeta venezolano Eugenio Montejo en el libro Muerte y Memoria escribe: “Algunas de nuestras palabras / son fuertes, francas, amarillas / otras redondas, lisas, de madera&#8230;” (&#8230;) Y en el libro Terredad, el poeta dice: “Esas voces que digo / han rodado por siglos puliéndose en sus aguas, / fuera del tiempo. / Son ecos de los muertos que me nombran / y me recorren como peces.”<br />
	 La poesía rompe las frases gastadas y ellas –las palabras- relucen sin sus usos habituales. Les arranca la des-significación y la herrumbre que han acumulado de tanto ser pronunciadas.<br />
	Las palabras se lanzan y recogen, se re-unen con otras hasta que van adquiriendo un nuevo esplendor. El poeta las teje en la simultaneidad de sus sentimientos y pensamientos, propicia la amistad o la enemistad entre ellas, en la eclosión del impulso de crear.<br />
	Se patentiza así la pasión entre las palabras, la seducción de una palabra por otra, el enamoramiento. Y el poema surge con serenidad o fiereza. Las palabras escapan de su cárcel, se ponen bellas, terribles. Como diría Rimbaud:<br />
	&#8230; “en un golpe de arco&#8230; la sinfonía desarrolla su movimiento, en las profundidades.”</p>
<p>“Busca tu alma”, leo en la Carta del Vidente: “Mírala bien, tócala, cultívala.” ¿Sólo los poetas, o todos hemos sido invitados a esta fiesta de búsqueda? Se requiere coraje y fe para mirar hacia adentro, hacia lo desconocido. Se necesita espíritu, hay que calzar las botas del explorador para recorrer los caminos de nuestro proyecto de ser, algunos bastante transitados. Otros hay que inventarlos.<br />
Es necesario “ser vidente, hacerse vidente”, pues “sólo aquél que transforma su mirada y su corazón se encuentra a sí mismo en premio a haber cultivado su alma.”<br />
Mientras somos únicamente espectadores del curso de las cosas, la existencia nos trae de aquí para allá, nos zarandea, nos empuja y detiene. ¿Me gusta ser llevada así, sin oponer resistencia, o prefiero rebelarme, intentar transgredir la ley de la inercia, para que no sean los valores impuestos desde afuera los que determinen mi existencia?<br />
Si no salvamos nuestras palabras del naufragio, ¿quién lo hará? Los hombres viven en el mundo creado por su propio lenguaje. Cuando éste se empobrece todo aparece descolorido, muerto. La sociedad se desmorona desde los cimientos hasta el friso. Se propaga la farsa, la mediocridad. Si dejamos de amar lo que nos es más ínsito, más nuestro,  entonces dejamos de amarnos a nosotros mismos y a los demás.<br />
Es inteligente observar, fluir con los cambios como un barco de vela que aprovecha el viento a su favor. Se esperan las corrientes propicias, aunque no se puede aceptar que sean otros los que conduzcan nuestra nave, cuando no nos gusta el mapa que usan, ni confiamos en su brújula. Y no podemos confiar en la gente que no ama el lenguaje.<br />
	La poesía arranca las frases de sus caminerías de costumbre. Los poemas que rescatan a las palabras de la tiranía de los usos y significados establecidos, inventando  “formas nuevas”, celebran el ritual de una relación simultánea entre pensamiento y sentimiento. Son poemas de vocación perdurable. Estrenan sus ritmos avasallantes, enloquecen la sintaxis y van más allá, mucho más allá, en una “terrible celeridad de la perfección de las formas”, abriéndose en una “fecundidad del espíritu”, hacia “la inmensidad del universo.” Carta del Vidente, de Rimbaud)<br />
	En la Alquimia del Verbo, Rimbaud dice su conocidos y luminosos versos:</p>
<p>	&#8220;Inventé el color de las vocales!&#8230; Ordené la forma y el movimiento y me jactaba de haber inventado, mediante ritmos instintivos, un verbo poético accesible, un día u otro, a todos los sentidos.&#8221;<br />
Nos fusionamos unos a los otros gracias a las frases, cuando quedamos metidos en los ritmos que entran por nuestros sentidos. Con sus cadencias, sus asperezas o suavidades; entran por los ojos de la mente, con sus matices y claroscuros; las frases son saladas, picantes, ácidas, amargas o dulces. Ellas tienen su aroma peculiar, su perfume.<br />
	Rimbaud se enorgullece de haber inventado “mediante ritmos instintivos”, un verbo poético accesible a los sentidos. Todo está en el ritmo, cada cosa tiene su ritmo: los planetas, las estaciones, la sociedad, los cuerpos, también la conversación y el poema. Las frases se forman a intervalos de inspiración y espiración, de graves y agudos. Cada palabra tiene su tiempo de silencio. Conforman el significado gracias al silencio: sonido-silencio, sonido-silencio, y así.<br />
El silencio está formado de “cientos y cientos de instantes en  movimiento”, escribe Rainer M. Rilke. Instantes en los que se expresa lo dicho, que a veces significa tanto como lo no dicho. Todo, desde una frase amorosa hasta las que brotan de la indignación y el odio, está inmerso en el ritmo.<br />
Crear un lenguaje que penetre en los sentidos, es hablar de un verbo que seduzca el cuerpo con sus significados, a través de la forma, la movilísima forma. Un verdadero poema fija vértigos y significa algo distinto para cada uno. Escribe lo inexpresable con palabras plenas, desbordantes, que se salen del borde de las páginas a fuerza de significar.<br />
En un golpe de arco, los versos se vierten en las intensidades del alma, en un in crescendo sostenido, y ya no pensamos en nada que no sea el poema. Estamos atrapados en el poema, no podemos librarnos de su influencia. Todo lo que no es el poema se desdibuja, pierde peso.<br />
La poesía nos lleva al resplandor del lenguaje y la prisión se abre para asaltar la belleza del día sin proclama alguna, ni arma de fuego.</p>
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		<title>EL SOL QUE NOS MITIGA</title>
		<link>http://www.circulodescritoresvenezuela.org/2011/04/15/893/</link>
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		<pubDate>Fri, 15 Apr 2011 13:22:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Círculo de Escritores</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ensayo]]></category>

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		<description><![CDATA[-Alberto Hernández- 1.- Con la noche morimos en el sueño. Volvemos de ese laberinto griego que nos ata a las imágenes, a los cuerpos asidos a las pesadillas y desmayos profundos. Con esa muerte que nos disipa, regresamos al baño, a vernos el rostro en el espejo, donde un fantasma plano y cóncavo nos enseña [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>                                                                                                          -Alberto Hernández-</p>
<p>1.-<br />
Con la noche morimos en el sueño. Volvemos de ese laberinto griego que nos ata a las imágenes, a los cuerpos asidos a las pesadillas y desmayos profundos. Con esa muerte que nos disipa, regresamos al baño, a vernos el rostro en el espejo, donde un fantasma plano y cóncavo nos enseña los dientes. La higiene de la mañana reformula preguntas, luego de la descomposición del cuerpo, de la carne hecha tufo de maldades oníricas.</p>
<p>2.-<br />
De nuevo la muerte despierta. Pero más que levantarse de la cama, descansa ella en el fondo de un ojo callejero. La luz del sol la envuelve y la asesina. Un resto de murciélago nos sale de la boca, mientras apuramos el café en alguna esquina de esta ciudad que despierta. Un largo hastío nos estira frente al semáforo, nos confía la cortedad de la vida y la sarna de un perro que orina pegado a una pared.</p>
<p>3.-<br />
La luz es nuestra salvación. A veces nos perturba, nos hace ahuas desde adentro y nos consume: perplejos y agotados regresamos a la sala donde la música, el licor y la palabra amagan a la señora que vuelve para tomarnos el cansancio.</p>
<p>4.-<br />
La noche fue hecha para resucitar de tanto día. Es como aceptar que dormimos para salir después de una sombra que nos rinde tributo. Nadie escapa del sueño porque la muerte es una forma de conquistarnos, de darnos confianza, de prepararnos el terreno. La sábana deja la marca del cuerpo, la ausencia que se transforma en fantasma. De esa animosidad salvamos el sudor, el baño frío para volver a la vida, a la seca instancia ade las formas.</p>
<p>5.-<br />
Bajo el sol respiramos la sombra, la que se oculta dentro de todos. La que el poema hilvana lentamente, acomódase a los sonidos, a los gustos por el fondo de su intemperie. Bajo esta luz inclemente, sin voltear a mirar el desgaste de los otros, imaginamos el silencio de la próxima noche. Un espejismo nos asalta en la misma esquina donde el café fue la salvación.</p>
<p>6.-<br />
Juan Rulfo sale del museo. Cruza a pie toda la capital. Se surte de figuras humanas. Salva los lagos desaparecidos, bebe de las aguas rocosas. Llega al desierto. Un lagarto verde y brillante lo conduce a la mirada única de un cóndor encendido.<br />
Igual, relee el silencio como una hoja suelta. Calla mientras busca en la arena alguna respuesta. Desconocemos la pregunta, pero podemos especular sobre lo corto de su aliento. La dificultad de la respiración o las lagunas biliosas en sus ojos. Lo expresamos lejos en una fotografía, en la postal que nunca recibimos, mientras la noche nos acobardaba. Y el sol, el primer sol, pasaba sobre los cuerpos buscando las aguas y los ríos remotos. Con la noche morimos en el sueño. Quizás al levantarnos estamos sacrificando el tiempo, la hora de la llegada, la de la partida secreta.</p>
<p>&#038;  &#038;   &#038;   &#038;   &#038;   &#038;   &#038;</p>
<p>Alberto Hernández: Poeta, ensayista y editor venezolano</p>
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		<title>EL COMPROMISO DEL ESCRITOR, ENSAYO DE ILDEMARO TORRES</title>
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		<pubDate>Mon, 04 Apr 2011 13:12:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Círculo de Escritores</dc:creator>
				<category><![CDATA[Actualidad literaria]]></category>
		<category><![CDATA[Ensayo]]></category>

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		<description><![CDATA[Charla dictada por Ildemaro Torres Hablar del compromiso de un escritor precisamente en la casa de José Ignacio Cabrujas, en este espacio que lleva el nombre de él, de quien siempre fue por definición un escritor comprometido a conciencia, viene a ser en sí mismo un honroso cuan difícil reto y algo que me conmueve [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Charla dictada por Ildemaro Torres </p>
<p>Hablar del compromiso de un escritor precisamente en la casa de José Ignacio Cabrujas, en este espacio que lleva el nombre de él, de quien siempre fue por definición un escritor comprometido a conciencia, viene a ser en sí mismo un honroso cuan difícil reto y algo que me conmueve profundamente.<br />
	Estoy muy agradecido al Círculo de Escritores por la deferencia implícita en la gentil invitación a esta charla de hoy, e igualmente agradecido a Cultura Chacao y a todos los presentes por tan grata y estimulante compañía.</p>
<p>SON MUCHAS LAS PREGUNTAS A UNO MISMO Y ES SERIA<br />
 LA AUTODEMANDA DE RESPUESTAS  CONVINCENTES<br />
A la definición de la condición de escritor y qué lleva a serlo, habría que agregar las características que así lo definen, expresar cómo encarar ese ejercicio en términos de normas, costumbres, gustos e ideas básicas, y cualesquiera sean las respuestas se espera en principio como rasgo distintivo un responsable sentido crítico con la obra ajena y sobre todo con la propia, apego a altos valores éticos, una actitud digna ante el devenir político y ser fiel a la pertenencia a un continente, un país, una sociedad, una tradición y una historia.<br />
	Comienzo con la confesión del viejo deseo de precisar una definición. Cierto que he publicado varios libros, que durante años he sido articulista de distintos diarios, y que al paso del tiempo he participado como invitado en seminarios, foros y conferencias; pero cuando en las presentaciones que acompañan tales desempeños se alude a mí como escritor, me siento como usurpando un título que pienso debe estar reservado a quienes dedican de lleno la vida al hecho extraordinario de escribir; a personas cuya respiración y cuyos latidos existenciales determinan y a la vez derivan de esa dedicación, y porque además siempre recuerdo lo dicho por Rilke en su carta a un joven poeta.<br />
	Pero sucede que cuando escribo lo hago poniendo en lo que digo cuanto creo que debo decir, y bendigo esa posibilidad de volcar en una página lo que pienso y lo que siento, aspirando a tener los lectores a los cuales aspira quien quiera que responda al deseo íntimo de comunicarse; allí y entonces me es palpable lo mucho que me significa ese acto vital de escribir.<br />
	Pensando en factores determinantes del deseo de escribir, puede entenderse la escritura desde algo tan sencillo como respuesta a soplos de inspiración, y con la idea de que se trata igualmente de un oficio que demanda la consecuencia y la conciencia de responder a una exigencia concreta.  En encuestas a propósito de la pregunta de qué lleva a alguien a escribir, para qué y para quién, la mayoría de las personas consultadas lo atribuye a un deseo de comunicación; y en cuanto a las opciones ante la diversidad de géneros, lo respondido suele depender de los conceptos que maneje en materia literaria quien responde y de sus inclinaciones al respecto.<br />
	Hay quien hace de la escritura un hábito y quien incluso tiene un horario preferido para escribir; por ejemplo, García Márquez lo hace diariamente  de las 6 de la mañana hasta mediodía.<br />
	Algunos autores de reconocido rigor autocrítico, envían notas y páginas al cesto, a semejanza del tratamiento dado por Picasso a muchos de sus dibujos. Eugenio Montejo en un taller de poesía que dictara nos habló de Antonio Machado, y nos contó cómo alguien que alquiló y llegó a vivir en una habitación ocupada antes que él por el célebre poeta, revisándola y arreglando los muebles encontró en una gaveta numerosos manuscritos y páginas sueltas de aquel; reunió todo respetuosa y cuidadosamente, y fue a la Universidad a su búsqueda para entregárselos en persona, lo cual hizo. Machado los revisó al tiempo que agradecía el gesto de habérselos llevado, y al descartarlos hizo con afecto este comentario: “Son las virutas de mi carpintería”. Y una importante lección de Jorge Luis Borges a quien escriba, es la de la necesidad y el deber de leer; y muchas veces hacía una exaltación más entusiasta de lo que había leído, que de lo escrito por él.<br />
	Al definir lo que entiendo como Compromiso, lo siento referido a una diversidad de campos y aspectos, todos de significativa importancia: Humano, educativo, social, político, cultural (literario)<br />
	Otras confesiones: Deseos de escribir ficción, y envidia del poder de síntesis que poseen o alcanzan algunos poetas. En razón de mi envidia a dicha capacidad, una inolvidable lección recibida fue la demostración por Neruda en forma clara e inapelable, de la diferencia entre cómo dice algo un gran poeta y el montón de páginas que los demás necesitamos llenar y hasta estropear en el intento de decirlo y sin al final lograrlo. Ese hecho lo ilustra el bello recuerdo compartido con José Ignacio Cabrujas de haber visto juntos a Paul Robeson cantando en una plaza pública de Viena, a continuación de lo cual y todo emoción quise escribir festejando ese extraordinario acontecimiento, y tras borronear muchas cuartillas fracasado desistí de tal empeño; contribuyó a ello que cayó en mis manos una oda dedicada por Neruda al célebre intérprete, acerca del cual decía en sólo tres versos: “Porque tú cantas / saben que existe el mar/ y que el mar canta”.<br />
¿Qué puede haber mejor que comenzar un día con una novedad que responde en positivo a una aspiración sentida profundamente y por años? Tal sucedió en la mañana del jueves 7 de octubre, al difundirse la información de haberle sido otorgado en Suecia a Mario Vargas Llosa, el Premio Nobel de Literatura correspondiente al año 2010. Fue palpable que el júbilo despertado y puesto a volar por ese veredicto recorrió el mundo, en el que tuvo además un clamoroso eco.<br />
Una y otra vez hemos hecho un recuento de su obra, de sus relatos que han tomado posesión de nuestra imaginación y nuestros pensamientos, hasta hacernos sentir por admiración e identificación con ellos que nos pertenecen cual parte integral de nosotros mismos.<br />
No es que América Latina habrá de interesarse ahora en él por el premio recibido, sino que este continente tiene a orgullo haber estado siempre en la mente y la preocupación de este gran escritor. Nos conoce por haber estudiado a fondo nuestro pasado, por haber vivido y vivir cada detalle trascendente de la historia en presente, pero también por la agudeza intelectual y la cultura en que descansan sus análisis prospectivos, que le han permitido hacer descripciones anticipadas de nuestros respectivos destinos nacionales.<br />
	A decir de Andrés Mariño Palacio: “Erenburg, Barbusse, Aragón, Neruda, en un aspecto; Mann, Hesse, Huxley y Mallea, en otro, son pruebas irrefutables de que la fidelidad del escritor a su ideal político o a un ideal de cultura nunca merman la substancia vital de sus obras; al contrario, les confiere una vertical estatura moral” A su vez Rosa Montero ha tenido el acierto de afirmar que: “Lectores y escritores (que a su vez también son lectores) formamos una larga cadena a través del tiempo y del espacio, y nos vamos pasando de mano en mano esas pequeñas llamas temblorosas que al final terminan iluminando el mundo. Leer y escribir son actos de reafirmación de la vida”. </p>
<p>	La palabra dicha y escrita. Es grande el placer de leerlas por su propio significado, como también cuando traducen la esencia de un texto en términos de cultura y profundidad de reflexiones; que es lo que sucede al leer, por ejemplo, a Freud, Alexander Lowen, Wilhelm Reich, Elías Canetti, Marguerite Yourcenar, de erudición perceptible pero no lanzada por ellos sobre el lector; autores de quienes uno se siente agradecido, porque a la conciencia de aprender leyéndolos se suma el enorme goce de leer su prosa culta, y es que además de amar la escritura como tal, tenemos palabras que en particular amamos.<br />
	José Balza creó en la Dirección de Cultura de la UCV, cuando dirigía el Departamento de Publicaciones, un programa de televisión en el cual entrevistaba a nuestros escritores más relevantes a propósito de la relación de ellos con las palabras y con la página en blanco que los aguarda; lo más revelador resultó ser lo referente a la reacción de cada uno ante esa superficie inmaculada, entendida por ellos ¿como desafío?, ¿compromiso?, ¿invitación?, ¿razón de preocupación? ¿o de goce?<br />
	Hay la fascinación del paso de lo abstracto, de las ideas, a la palabra como realidad gráfica; del cambio de aspecto del texto escrito a mano, o a máquina tipográfica o en computadora, a una página impresa como periódico o libro. Asistir a esa aventura y participar de ella me produce un enorme placer.<br />
	He estado vinculado a la escritura y al dibujo como dos formas de expresión queridas y entrañablemente sentidas. Palabras e ilustraciones, me consta que son muchos y felices los ejemplos de conjunción de ambas, y que son dignos de celebración los numerosos productos de esa simbiosis.<br />
	Hubo una época en la que el diseño aparecía integrado al propio poema, cual novedosa forma estructural. También se dio una valoración de las letras en sí mismas como símbolos gráficos. Y conocimos juegos de mayúsculas y minúsculas en la composición de obras de arte abstracto y geométrico. Recordemos al poeta surrealista Tristán Tzara y su escuela dadaísta. El lenguaje gráfico puede ir de lo obvio y elemental a lo elaborado, como en la escritura de lo banal a lo trascendente; de ideas primarias a la creación de alta jerarquía.<br />
 	Aquiles Nazoa en su Historia de la Música contada por un Oyente, narra el camino recorrido por ella y su evolución como parte fundamental de la presencia humana en este planeta. Considera que no todas las creaciones del hombre facilitan un discernimiento para explicarlas, así la creación musical, que lo lleva a preguntarse ¿Por qué hace música el hombre? ¿Qué necesidades o qué emociones lo impulsaron a manifestarse en la expresión musical? ¿De qué parte o de cuál mecanismo de su ser le sale al hombre la música?<br />
	Nos cuenta el mismo poeta que la música, en sus orígenes, se asocia a la necesidad de comu¬nicación entre los seres humanos, y en tal sentido es seguramente ante¬rior a la palabra; además de que a la vez que inventaba la música, el hombre se descubrió a sí mismo como el primero de sus instrumentos musicales.</p>
<p>	¿Qué estás leyendo? Es una pregunta frecuente entre amigos, contertulios en una mesa de café, o parejas en medio de un naciente romance; y la respuesta, como festivo inicio de gratas conversaciones, va del título de una novela a la mención de su autor, y si es bueno y conocido, a la mención de otras obras suyas ya leídas.  La novela como género siempre ha tenido consecuentes seguidores, dados fielmente a su búsqueda y degustación.<br />
	José Balza, en entrevista publicada en El Nacional hace un año, consultado si podía reconocer talentos en la generación de autores contemporáneos, comenzó por aclarar que “Hablar de contemporáneos no significa referirse a una década sino, por lo menos, a 50 años”, y citó como ejemplos la poesía de Guillermo Sucre o la de Luis García Morales, las novelas de Carlos Noguera, Vagas desapariciones de Ana Teresa Torres y La otra isla de Francisco Suniaga, el trabajo de Rubi Guerra o de Rafael Arráiz, los libros de Krina Ber y Silda Cordoliani, los ensayos de Tomás Straka e Inés Quintero, la obra de Octavio Armand, “y de tantos otros.”<br />
	Asimismo en número reciente de la revista Pulso Médico, del Centro Médico de Caracas, el Dr. Ricardo Tobío Martell señala que “Es reconfortante que en la Venezuela de estos tiempos, tan fragmentada, tan ideologizada, encontremos un grupo de escritores de tanta calidad y oficio, y tan alejados del poder. Nombres como Alberto Barrera Tyszka, Oscar Marcano, Eduardo Liendo, Francisco Suniaga, Federico Vegas, Ana Teresa Torres, Fedosy Santaella, Victoria De Stefano, Inés Quintero, están en las manos de más y más lectores todos los días”.<br />
	El crítico Roberto J. Lovera De-Sola en la revista Conciencia Activa (N°21) llama la atención en relación con “un hecho literario que está sucediendo entre nosotros”; y es que dentro del panorama creador del país, también están apareciendo algunos escritores que han empezado a publicar sus obras a una edad de madurez plena. Y a comienzos del 2010 Miguel Gomes comentó en Papel Literario que “Tal vez los mejores retratos de la estructura de sentimiento con que se organiza la vida venezolana de los últimos tiempos los están ofreciendo sus narradores.”<br />
	Hemos sido afortunados de ser acompañados y muchas veces guiados por la visión inteligente y el buen decir de creadores como Adriano González León, Orlando Araujo, o Salvador Garmendia; y celebramos tener a nuestra Elisa Lerner, con su magnífica obra y su disposición a trazar caminos nuevos y luminosos. En un artículo de 1990, el escritor Arturo Uslar Pietri señaló que la novela: “De sus antiguas fronteras de ficción narrativa lineal, ha pasado a saltar muchas vallas, a incorporarse lo que parecía propio de otros géneros”, por lo cual él considera que “es el género más abierto, universal y vario que la literatura haya conocido” y que en verdad, “ha dejado de ser un género para convertirse en un lenguaje, en un medio de expresión, y casi en otra dimensión de lo humano.”</p>
<p>En lo personal oí hablar de exterminio, sacrificios y holocausto, por primera vez, en el liceo, cuando comenzamos en las clases de latín y raíces griegas a adentrarnos en el significado de las palabras; años después me reencontré con tales términos, en un contexto en el que calificaban experiencias padecidas por determinados pueblos. Junto al imborrable recuerdo de los incendios de librerías por las huestes hitlerianas a nombre de la supuesta superioridad de una raza, persiste aparejado en la memoria el desplante del presidente Lyndon B. Johnson a partir de su odio político y del convencimiento de su superioridad militar, de que reduciría a Vietnam a la Edad de Piedra. En Irán un ayatolá condenó a muerte a un escritor por considerar que una novela de éste &#8220;no reconoce que el Islam es la única religión verdadera en el mundo&#8221;, y eso bastó para lanzar a millones de personas igualmente fanatizadas, a la caza de dicho autor para matarlo por blasfemo.<br />
	Da la impresión de que de repente dejara de importar cuánto ha hecho y avanzado el hombre en sus conocimientos humanísticos y científicos, y cuán lejos ha llegado en ejercicio de su imaginación, si a tan pocos años de haber comenzado a vivir un nuevo milenio se dispone de tales evidencias del poder del terrorismo, con lo que parecemos negar la observación de Bronowski de que representamos &#8220;el único experimento de la naturaleza con el cual comprobar que la inteligencia racional es más valiosa que la refleja&#8221;.<br />
	Rosa Montero publicó en El País, el 30/5/2006, un extraordinario texto del cual copio este fragmento. Dijo: “Menos mal que, además de guerras y de hambrunas, además de criminales y fanáticos, existen también libros en el mundo”. Asimismo recordó a John Clyn, monje irlandés que en 1348, durante la Gran Peste, vio morir a todos sus hermanos de congregación, pero antes de caer él mismo víctima de la enfermedad, escribió el relato de lo sucedido, y cuenta Montero que él “dejó al final espacio en blanco en su pergamino para que otras manos pudieran continuar su trabajo”; también recuerda a Anna Frank, de quien dice que  “con similar empuje, escribía su diario frente a ese otro Apocalipsis provocado por Hitler”, para concluir con que “de algún modo Clyn y Anna vencieron a la peste y a los nazis”, y “Cada vez que leemos sus textos o les recordamos, encendemos una vela contra la oscuridad”.</p>
<p>	Años atrás, en texto leído en el Ateneo de Caracas me permití este comentario: Cuando se plantean “Los desafíos de la literatura ante la realidad latinoamericana”, se infiere una toma de posición por parte de los escritores, y ello se define en términos de compromiso o de indiferencia. La conciencia del compromiso puede ser teórica o vivencial; a este último caso se ha llegado entre nosotros a través –por ejemplo- de crueles dictaduras militares. Los escritores se ven afectados en unos casos por medidas de franco ensañamiento, y en otros por una suerte de operación de seducción que les aplica el sistema por vía de halagarles la vanidad y con un propósito específico de neutralización.<br />
	En Venezuela las evidencias permiten concluir que este es un Gobierno al cual la cultura no le es importante, y que es ajeno a apreciar y respetar el valor social de los intelectuales, creadores y artistas. Cuando los regímenes totalitarios perciben que la cultura no es un elemento decorativo y de mera distracción como les gustaría que fuera, sino que tiene una vigencia esclarecedora, le lanzan el típico asalto fascista y sobrevienen en tropel todas las expresiones del más primitivo hostigamiento al quehacer cultural.<br />
	Hemos asistido a la aplicación de medidas tales como el desmantelamiento de instituciones, la eliminación de talleres y escuelas, la cancelación de proyectos y la suspensión de subsidios a grupos artísticos. Como expresión del deterioro de la educación, un elevado número de bachilleres egresa sin conocer siquiera los rudimentos de una cultura básica, sin haber sido ni medianamente sensibilizados para la práctica o la degustación de las distintas manifestaciones artísticas.<br />
	El escritor latinoamericano de hoy enfrenta la certeza de que ya nadie está exento de riesgos ni goza de seguridad, el poeta o el pintor, el cantante popular o el novelista, porque a los ojos de la barbarie los creadores no conforman un núcleo humano a ser reconocido y respetado en su integridad, garantizadamente ileso; ni siquiera la fama sirve como escudo, e incluso llega a ser un riesgo adicional. Y observa Mario Benedetti que “Los países latinoamericanos en los que más duras medidas han sido tomadas  contra la cultura, son precisamente aquellos donde esa misma cultura, por su desarrollo progresivo, por su labor suasoria, por su dimensión masiva, había ido adquiriendo una función de esclarecimiento ideológico y de movilización política”. El presente de América Latina pone igualmente ante el autor, un lector que es diferente en cuanto a que rechaza la condición tradicional de marginal de la literatura y se percibe a sí mismo como tema, con derecho a una participación activa.<br />
En un agudo comentario al respecto Jorge Luis Borges señaló hace unos cuantos años lo siguiente: “Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad. Más abominable es el hecho de que fomentan la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies de líderes, vivas y mueras prefijados, muros exornados de nombres, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez&#8230; Combatir esas tristes monotonías es uno de los muchos deberes de un escritor&#8221;<br />
	Javier Marías, en el discurso que pronunciara al serle otorgado el IX Premio Internacional de Novela “Rómulo Gallegos” (1995) formuló y contestó bellamente esta pregunta: “¿Por qué seguimos leyendo novelas y apreciándolas y tomándolas en serio y hasta premiándolas, en un mundo cada vez menos ingenuo? Parece cierto que el hombre tiene necesidad de algunas dosis de ficción, esto es, necesita lo imaginario además de lo acaecido y real”.<br />
	Y Angeles Mastretta al recibir dicho galardón, en su discurso de título “El mundo iluminado” dijo: “Considero un privilegio el oficio de escribir como lo hicieron tantas mujeres y tantos hombres a quienes sólo rigió el deseo de contar una historia  para consolar o hacer felices a quienes se reconocen en ella. Aún menos certeros que los geólogos, más empeñados en la magia que los médicos, los escritores trabajamos para soñar con los otros, para mejorar nuestro destino, para vivir todas las vidas que no sería posible vivir siendo sólo nosotros.” </p>
<p>Charla de Ildemaro Torres<br />
Sala Cabrujas, Caracas, domingo 27/3/2011<br />
 Por invitación del Círculo de Escritores de Venezuela</p>
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		<title>Abrazando el Cisne negro en el mes de la mujer</title>
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		<pubDate>Tue, 08 Mar 2011 16:13:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Círculo de Escritores</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ensayo]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura Femenina]]></category>

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		<description><![CDATA[Por Ana María Velázquez El viaje femenino es un viaje hacia las profundidades del alma. Es sólo allí donde se produce el encuentro de la mujer con sus propias fuerzas arcaicas y sombrías. En esas fuerzas sombrías es donde encuentra su enorme poder creativo, ellas son las que le permiten experimentar su pasión artística y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="http://www.circulodescritoresvenezuela.org/wp-content/uploads/2011/03/Blog-Cisne-Negro-Mujer.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-837" title="Blog Cisne Negro Mujer" src="http://www.circulodescritoresvenezuela.org/wp-content/uploads/2011/03/Blog-Cisne-Negro-Mujer-300x171.jpg" alt="" width="300" height="171" /></a></p>
<p style="text-align: center;"><strong>Por Ana María Velázquez</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong> El viaje femenino es un viaje hacia las profundidades del alma. Es sólo allí donde se produce el encuentro de la mujer con sus propias fuerzas arcaicas y sombrías. En esas fuerzas sombrías es donde encuentra su enorme poder creativo, ellas son las que le permiten experimentar su pasión artística y asumir su libertad a plenitud. Como en la película El Cisne negro, del director Darren Aronofsk, lo virginal de la protagonista, Nina, su anhelo de perfección basado erróneamente en la pureza es, precisamente, lo que le impide alcanzar su máximo potencial para interpretar el papel principal en el ballet “El lago de los cisnes”, de Tchaikovsky.  Su danza es carente de pasión, de verdadera emoción. Su creación está condicionada a la <em>techné</em>, a la técnica, más que a su deseo, por eso vive totalmente dedicada a la danza, sin permitirse nada más.</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Todo lo contrario ocurre con Lily, otra bailarina que encarna su sombra, aquellos aspectos desconocidos que el ser humano no ve en sí, pero que se perciben en los demás como amenazantes y peligrosos. Lily está plenamente conectada a su sensualidad y, por lo tanto, disfruta enormemente el amor, la fiesta, el baile, su arte se basa en el disfrute del hecho estético, permitiéndose introducir el juego y la dispersión, en vez de aferrarse a la técnica. En medio de las dos bailarinas aparece la figura masculina como una figura iniciática. Thomas Leroy, el director de la compañía de ballet, es el mediador entre el mundo virginal de Nina y el mundo erótico de Lily, un individuo que impulsa constantemente a Nina hacia su máximo logro. Con aspectos de fijación con la figura materna y un final espectacular en el que Nina logra integrar dentro de sí, después de un proceso doloroso, sus energías eróticas, logrando la adoración de un público que queda impactado por sus dos interpretaciones, la del cisne blanco, hermoso, pero frío, y la del cisne negro, lleno de una energía espectacular que hace que le “nazcan alas”, una metáfora del alcance de su libertad. El director logra así recrear el viaje femenino en toda su extensión, no sólo el viaje de la mujer artista sino el de toda mujer que necesite hacer contacto con lo desconocido de sí misma  para enfrentar a un “público”, es decir, a la sociedad toda en el gran teatro del mundo, y dar lo mejor. La película es un reconocimiento del poder de lo femenino y de su capacidad de transformar la angustia, el dolor y la oscuridad en algo valioso para la mujer.</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Hoy, en especial, Día de la mujer, y en todo el mes de Marzo, mes de la mujer, es importante reflexionar sobre estos aspectos y proponernos concederle el espacio necesario a todas las fuerzas ancestrales y sagradas que conforman lo femenino.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">&amp;   &amp;   &amp;</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>*Ana María Velásquez es ensayista, poeta e investigadora. Ha obtenido un gran éxito con sus libros de relatos, <em>Creí que me besarías antes de partir y Con los ojos abiertos</em>. Es integrante del Círculo de Escritores de Venezuela.</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Ana María ganó el Premio de Poesía 2011 de <em>Latin Heritage Foundation</em>, Estados Unidos.</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Felicitamos a la escritora venezolana por haber obtenido el premio, que  consiste en la publicación del poema ganador en la antología <em>Una isla en la isla </em>a ser distribuida en Estados Unidos e Inglaterra. También fueron selccionados los autores venezolanos Pedro Segundo Yajure, Damelis Brito, Rosalinda Mariño, Urbano Antonio Durán.</strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong><a href="http://www.circulodescritoresvenezuela.org/wp-content/uploads/2011/03/Blog-Anochecer-azul1.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-830" title="Blog Anochecer azul" src="http://www.circulodescritoresvenezuela.org/wp-content/uploads/2011/03/Blog-Anochecer-azul1.jpg" alt="" width="150" height="113" /></a><br />
</strong></p>
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		<title>LOUNOJUNTOALOTRO</title>
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		<pubDate>Thu, 03 Mar 2011 13:30:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Círculo de Escritores</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ensayo]]></category>

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		<description><![CDATA[Por Atanasio Alegre Cuando la recepcionista termina de dar la información sobre las condiciones de alojamiento en el hotel añade como si se tratara del slogan de un político en campaña: Francia no es solo Paris. Francia, en el camino hacia Normandía, es, efectivamente, esa alfombra verde de una campiña festoneada por los más variados [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><strong><a href="http://www.circulodescritoresvenezuela.org/wp-content/uploads/2011/03/Atanasio_Alegre.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-816" title="Atanasio_Alegre" src="http://www.circulodescritoresvenezuela.org/wp-content/uploads/2011/03/Atanasio_Alegre.jpg" alt="" width="161" height="198" /></a>Por Atanasio Alegre</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Cuando la recepcionista termina de dar la información sobre las condiciones de alojamiento en el hotel añade como si se tratara del slogan de un político en campaña: Francia no es solo Paris.</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong> Francia, en el camino hacia Normandía, es, efectivamente, esa alfombra verde de una campiña festoneada por los más variados cultivos:, con mucho agua, con muchos puentes sobre el Sena -algunos de una belleza soberbia como el que une a la ciudad de Le Havre y la población de Honfleur-. La  Francia interior son los viñedos con los pámpanos desmelenados  al viento. Es el vino,  la industria del motor y la del perfume,  como el que usa esta moza morena que atiende  la recepción en este hotel de Le Havre.</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Pero Francia no solo es el paisaje sino <em>el paisanaje</em>, sus pobladores. ¿Qué quienes pueblan ahora esta Francia del siglo XXI? Pues, si uno quisiera reseñarlos  atendiendo a los que suben y bajan de los autobuses,  los que toman el tren en las estaciones, los que andan a pie  tendría que contar también, entre ellos, a quienes vinieron  de esas regiones del África donde el sol es tan peligrosamente amigo del hombre. Y son tantos, que uno de los políticos más pintorescamente malévolos, como es el tal Le Pen, ha anunciado que se va a vivir a  la campiña porque prefiere ver las vacas a tanto  árabe en las calles de Paris. Es el tinte moreno  que  cubre hoy  la Francia, reflejado en alguna de  esas novecientas novelas aparecidas este otoño entre las que no faltan títulos de autores de esta derivación morena de la ciudanía actual.</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Que así vaya el tema es cosa que merece una explicación, cosa que  ha hecho Michel Huellebecq,  uno de los escritores más connotados por haberse hecho acreedor este año al Premio Goncourt.  Houllebecq tiene la parroquia divida, ya  que no todo aquel que ha comprado alguno de los cuatrocientos mil ejemplares vendidos de su novela <em>El mapa  y el</em> <em>territorio</em>,  lo ha hecho en son de amigo, sino  por tener a mano,  como la niña fea, un espejo. Para tomar el pulso de la Francia  morena de hoy. </strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>La revista alemana <em>Der Spiegel</em> llama a Houllebecq el poeta francés de la  alienación. Pero lo cierto es que la critica encuentra una estrecha vinculación entre <em>El mapa y el territorio</em> con la manera cómo Balzac notarió a la sociedad de su tiempo. Su estilo es lineal, fluido, con personajes a lo Dostojewsky, con guiños al paisaje y con una originalidad que ningún novelista en la larga historia del género había acometido, a saber, convertir en tema de una novela el asesinato de su autor.  A Houllebecq lo asesinan –en la novela-  para robarle el cuadro que un pintor, el protagonista de la obra-  había hecho como gratificación  por haber escrito el texto del catálogo de una  de sus exposiciones.</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong> Sucede, por otro camino,  que desde hace ya algún tiempo circula un libro anónimo, en forma de panfleto, que lleva por título <em>La revolución que</em> <em>viene</em>,  escrito por un <em>comité invisible</em> en  el que se cuenta el trance por el que pasan las sociedades europeas. Se sabe que la obra  salió de una comuna en la localidad de Tarnac en Francia.</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Desde cualquier ángulo que se  mire –se lee allí- la llamada sociedad europea no tiene salida. Hay un acuerdo generalizado de que todo lo que hoy está tan mal, va a seguir peor. La cosa es tan grave que estamos dispuestos a fingir ante el hecho de que, teniendo un cadáver sobre la mesa, pasamos por delante sin enterarnos. ¿Cómo salir de esta situación?  Mediante la implantación de la anarquía, sin escatimar ni en la violencia y en terrorismo. Y  es aquí  donde la autoridad ha comenzado a tomar cartas en el asunto.</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>El panfleto tiene un innegable gancho literario. La primera edición de la traducción alemana  ya  vendió veinticinco mil ejemplares y se dice que el toque literario maestro  se debela pluma de Houllebecq. </strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong> Claro, que  hay que contar con otro hecho. El francés -acaba de de decir Umberto Eo en su novela <em>El cementerio</em> <em>de Praga</em>- no sabe bien lo que quiere, lo único que sabe es que no le gusta lo que tiene. Están orgullosos de tener un estado que dicen poderoso, pero se pasan el tiempo intentado que caiga. <em>Ils grognent toujours</em>. Pues bien, podría ser que esto de la revolución que viene en una Europa gobernada por la derecha con la excepción de España, no sea más que otro gruñido en el que haya colaborado un autor con tanta dinamita en la pluma y tan buena seda en la mano como Michel Houllebecq.-</strong></p>
<p style="text-align: justify;">
<p><em>Atanasio Alegre.</em></p>
<p><em>Nació en Medellín, en 1950, y comenzó a escribir a principios de la década de </em><em>los setenta, poco después de entrar a estudiar filosofía en la Universidad Nacional de Colombia. A partir de entonces no hadejado de escribir, publicando sus libros en Venezuela, Colombia y México. Aparte de algunos poemas y cuentos que se sitúan en Nueva York, el resto de su obra se centra en Colombia. Ha publicado las novelas La historia de Horacio, Para antes del olvido, ganadora del quinto Premio Nacional de Novela Plaza &amp; Janés de 1987; El mercado de los gansos y El crepúsculo del hebraísta.  La colección de cuentos El Rey del Honka- Monka y la colección de poemas Manglares.</em></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
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		<title>ANTONIO ARRÁIZ, LA REBELDÍA Y EL TALENTO</title>
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		<pubDate>Tue, 01 Mar 2011 13:06:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Círculo de Escritores</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ensayo]]></category>
		<category><![CDATA[Mundo novelas]]></category>

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		<description><![CDATA[Por Eduardo Casanova En 1938 el poeta Antonio Arráiz, barquisimetano nacido en 1903, generó un pequeño escándalo en la pacata sociedad de Caracas al publicar, en 1938, Puros hombres, una estupenda novela testimonial, construida a partir de la realidad de las cárceles gomecistas, en la que no escatimó expresiones malsonantes y todo tipo de crudezas. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Eduardo Casanova</strong></p>
<p><strong>En 1938 el poeta Antonio Arráiz, barquisimetano nacido en 1903, generó un pequeño escándalo en la pacata sociedad de Caracas al publicar, en 1938, <em>Puros hombres</em>, una estupenda novela testimonial, construida a partir de la realidad de las cárceles gomecistas, en la que no escatimó expresiones malsonantes y todo tipo de crudezas.</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Fue un escándalo parecido al que causó en Estados Unidos (y Francia) Henry Miller (1991-1980) al editarse <em>Trópico de Cáncer</em> en 1934, aunque el norteamericano no tocaba para nada la política y el venezolano sí. O, en menor grado, comparable con el alboroto que se armó en París cuando Céline (Louis Ferdinand Destouches) dio a conocer su <em>Viaje al fin de la noche (Voyage au bout de la nuit)</em>, en 1932, novela que sí tocaba el elemento político, pero en forma muy distinta a la de <em>Puros hombres</em>. </strong></p>
<p><strong>Un par de años antes se había editado en <em>Venezuela Memorias de un venezolano de la decadencia</em>, de José Rafael Pocaterra, de modo que el tema ya era conocido, pero la forma en la que lo trató Arráiz resultó demasiado para la Caracas provinciana de entonces, que a lo sumo podría tolerar una que otra “grosería” que con cierto rubor intercalaban los novelistas del realismo (los de Fantoches, Válvula o El Ingenioso Hidalgo), que preferían ser algo audaces en las situaciones a serlo en el lenguaje. De 1931 en adelante más de una matrona había fruncido la nariz porque Arturo Uslar Pietri habló de nalgas en <em>Las lanzas coloradas</em>.</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>En su mundo de poeta, Arráiz ya había quebrantado las reglas de la pequeña ciudad que siempre dormitaba “a los pies del Sultán enamorado”, cuando en 1924 dio a conocer su primer poemario, <em>Áspero</em>, en versos libres y en el que trataba temas un tanto audaces para su momento, con un lenguaje que parecía demasiado adelantado y que debe haber desconcertado a los poetas ilustres de aquel tiempo. Y como novelista sus únicos antecedentes serían Blanco Fombona y Pocaterra, pero ninguno de los dos llegó a los niveles de audacia y fuerza expresiva de Arráiz, ni tuvieron la calidad de la prosa de Arráiz.</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>No era su primera incursión en el campo de la novela: en 1931 había ganado un premio en Buenos Aires con <em>Los lunares de la virreina</em>. Sus otras novelas (<em>Dámaso Velásquez</em>, editada en 1943 y reeditada en 1950 con el título <em>El mar es como un potro</em>, y <em>Todos iban desorientados</em>, 1951, no alcanzan la misma dimensión de <em>Puros hombres</em>, aunque son novelas excelentes). Sus cuentos publicados inicialmente en la Revista Nacional de Cultura y recogidos en 1945 en el libro <em>Tío Tigre y Tío Conejo</em>, son únicos en nuestra literatura. En ellos Arráiz se apoya en la chismografía rural venezolana, tal como Uslar Pietri (que los elogió mucho) en <em>Red</em>, en <em>treinta hombres y sus sombras</em> y en las obras teatrales <em>El día de Antero Albán</em> y <em>Chúo Gil y las tejedoras</em>. Se trata de un muestrario del mundo picaresco que rodaba a Juan Vicente Gómez e integraba la nueva plutocracia petrolera caraqueña, con una notable carga de humor bien entendido. Antonio Arráiz nació en Barquisimeto el 27 de marzo de 1903.</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Luego de estudiar primaria en su ciudad natal, a los trece años entró en Caracas al Colegio Católico Alemán, luego pasó por el Liceo Caracas, en donde conoció a muchos de los que integrarían con él la Generación del 28, y a los dieciséis años (1919) se fue a los Estados Unidos, aparentemente con la idea de hacerse aviador o actor de cine. Llegó a pasar hambre, luego de desempeñar varios trabajos de poca monta, y hasta tuvo que pasar noches, como un vagabundo, en las grandes tuberías del <em>Subway</em> que aún esperaban para ser colocadas y estaban en el <em>Central Park</em>, porque no tenía ni dinero ni dónde dormir. Se enroló en la Marina, pero fue declarado no apto para el servicio militar y en 1922, a los diecinueve años, volvió a Caracas.</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>No siguió estudios formales, pero fue un gran lector y tenía una gran facilidad para absorber conocimientos. Trabajó como jefe de propaganda de los cines Rialto, Rívoli y Ayacucho y se dedicó a los deportes y a la lectura, y en 1924 se dio a conocer como poeta, influenciado tardíamente por Walt Whitman (1819-1892) y otros poetas del Norte. En su poesía defendía lo indígena y repudiaba la herencia española, en lo que incluía el catolicismo. En el carnaval del 28 se incorporó con gran entusiasmo a la protesta estudiantil, y en abril estuvo entre los que promovieron un golpe militar para deponer al general Gómez. Preso en La Rotunda inicialmente, después conoció el Castillo de las Tres Torres en su ciudad natal. Tras siete años de castigo, parte de encierro y parte de confinamiento en Barquisimeto, desde donde publicó algunos trabajos con seudónimo, especialmente en La Gaceta de América, que dirigía Inocente Palacios.</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>En ese tiempo escribió también su primera novela: <em>Los lunares de la Virreina</em>, que ganó un Premio promovido por el Diario La Prensa, de Buenos Aires. Finalmente salió hacia Ecuador y Colombia. En abril de 1936, ya muerto el general Gómez, regresó al país y fue de los que pudo aprovechar la nueva situación de Venezuela, que conducida por Eleazar López Contreras se adentraba por los caminos de la democracia. Fue redactor del diario Ahora y colaborador de otras publicaciones. Fue Secretario de la Gobernación del Estado Carabobo y ocupó brevemente un cargo en el servicio exterior. En 1943 fue llamado por otro de los miembros importantes de la  Generación del 28, Miguel Otero Silva, para que trabajara como Director del diario que los Otero crearon: El Nacional. Fue el primer director, por demás exitoso, de ese diario que cambiaría radicalmente el periodismo en Venezuela.</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>No aprobó el derrocamiento de Medina Angarita, pero repudió con más fuerza el derrocamiento de Rómulo Gallegos en noviembre de 1948. Y el 6 de enero de 1949 se fue definitivamente de Venezuela, a ocupar un cargo modesto en la ONU, un cargo en el Departamento de Publicaciones que, por lo menos, le permitía sobrevivir con su familia. Murió en Westport, NY, el 6 de septiembre de 1962. Un ataque cardíaco fulminante se lo llevó cuando apenas despuntaba el sol, sin enterarse de que él mismo era un sol en las letras venezolanas</strong>.</p>
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		<title>Pedro Grases y el Surrealismo</title>
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		<pubDate>Mon, 28 Feb 2011 15:53:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Círculo de Escritores</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Ensayo]]></category>

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		<description><![CDATA[Por Carlos Maldonado-Bourgoin Aspecto insospechado en la vida de Don Pedro Grases, erudito académico, emérito profesor y humanista, fue su cercanía con los movimientos estéticos literarios vanguardistas europeos desde su Cataluña natal. El ilustre erudito, bibliófilo y docente catalán, venezolano por adopción, Pedro Grases, llegó al país por la guerra civil española en 1937 (Publicado [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Carlos Maldonado-Bourgoin</strong></p>
<p><strong> <em>Aspecto insospechado en la vida de Don Pedro Grases, erudito académico, emérito profesor y humanista, fue su cercanía con los movimientos estéticos literarios vanguardistas europeos desde su Cataluña natal. El ilustre erudito, bibliófilo y docente catalán, venezolano por adopción, Pedro Grases, llegó al país por la guerra civil española en 1937</em></strong></p>
<p><em><strong>(Publicado por cortesía del escritor Carlos Maldonado-Burgoin y del Correo del Caroní)</strong></em></p>
<p><strong><em> </em>Su cercanía a las vanguardias lo confirma la amarillenta edición de <em>Los Cantos de Maldoror</em> (<em>arcángel del mal</em>), del Conde de Lautreamont. Traducción del francés al español de Julio Gómez de la Serna y Prólogo Ramón Gómez de la Serna. Biblioteca Nueva, Madrid, S/F. 4 pesetas. Pertenece a la biblioteca juvenil que guardó Pedro Grases hasta el final de su vida en su casa de Montaspre (Vilafranca del Penedés); hoy, en la Biblioteca que lleva su nombre en la  Universidad Metropolitana, dentro del fondo de la Fundación Pedro Grases. </strong></p>
<p><strong> La revolucionaria prosa poética simbolista del uruguayo-francés Isidoro Ducasse, Conde de Lautreamont, fue inspirada por el <em>Manfred</em> de Lord Byron, el<em>Konrad</em> de Adam Mickiewicz y el Fausto de Goethe.<br />
Su descubrimiento se debe a León Bloy en 1890. “<em>Sólo algunos hombres de letras conocieron esos primeros ejemplares (&#8230;) de imágenes delirantes, blasfemas, eróticas, grandiosas y horrendas, pero su estilo y lenguaje la convierten en un ejemplo sobresaliente de escritura que más adelante utilizarían los surrealistas</em>”. (Mónica Marchesky). La genial obra atípica y sorprendente de los Cantos&#8230;, es un gran collage que usa citas, frases de otros autores y sirvió puntal estético a los Manifiestos del Surrealismo. De los Cantos de Maldoror el propio André Bretón dijo: “<em>expresión de una revelación total que parece exceder las posibilidades humanas</em>”.<br />
Antes de la guerra civil, el exitoso profesor universitario, político y escritor Pedro Grases era promotor y co-redactor de la revista de vanguardia <em>Hélix</em>, en Vilafranca del Penedés (Provincia de Barcelona-España). Colaboraban en ella Juan Ramón Masoliver, Carlos Clavería, Guillermo Díaz Plaja (de la misma promoción de Pedro Grases). Figuran también en la revista <em>Hélix</em><em> </em>Benjamín Jarnés. Max Aub, Julio y Ramón Gómez de la Serna, Foix, Giménez Caballero, Luis Buñuel y tiene como ilustradores a Joan Miró, Salvador Dalí, Benjamín Palencia y Ángel Planells (1929-1932).<br />
Pedro Grases (1909-2004) mantuvo correspondencia desde su exilio venezolano con Juan Ramón Masoliver, hasta su deceso ocurrido en 1997. Masoliver fue ensayista, escritor, traductor zaragozano asimilado a la vida intelectual de Barcelona, quizás el último de los surrealistas.</strong></p>
<p><strong> Algunas fotografías permiten un viaje por la época de las vanguardias: Pedro Grases junto a Ramón Gómez de la Serna en tertulia de café, como en el cuadro de José Gutiérrez Solana <em>La tertulia del Café Pombo</em>. En dicha pintura está representado Pedro Emilio Coll en compañía de figuras de las letras y de las artes españolas. Pero, bastó que vieran a Don Pedro Emilio para que fueran con el chisme a Cancillería gomencista y lo removieran de su cargo en el servicio exterior en Madrid.</strong></p>
<p><strong> En el año Centenario del Nacimiento del Maestro Pedro Grases yo escribí <em>Pedro Grases y el humor</em> para este diario Correo del Caroní (Puerto Ordaz, 29 de septiembre del 2009, página de Cultura). Una faceta poco conocida del intelectual y docente, que por docente e intelectual no tenía necesariamente que ser aburrido, pedante y triste.<br />
Hoy asomamos en este artículo otro aspecto de Pedro Grases, quien estuvo piel a piel con las vanguardias y la estética contemporáneas.<br />
Pero, tuvo un cambio de su suerte y destino, a consecuencia de la tragedia nacional española, que lo trajo al Nuevo Mundo a hacer la otra América. Quizás en su inconsciente el recordado Don Pedro tuvo la máxima del Conde de Lautreamont, citada en el prefacio de sus Poesías: “<em>Reemplazo la melancolía por el coraje, la duda por la certidumbre, la desesperación por la esperanza, la maldad por el bien, las quejas por el deber, el escepticismo por la fe, los sofismas por la frialdad de la calma y el orgullo por la modestia</em>”</strong>.</p>
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		<item>
		<title>El tiempo derramado</title>
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		<pubDate>Fri, 11 Feb 2011 14:39:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Círculo de Escritores</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ensayo]]></category>

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		<description><![CDATA[(Del buen decir) Por Alberto Hernández 1.- Me inclino ante la voz de quien hizo del buen decir un acto sagrado. Me inclino ante la pureza de espíritu de quien supo que en la poesía estaba el destino humano del mundo. Me inclino ante quien sabía de la humildad y administraba el corazón para buenos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>(Del buen decir)</strong></p>
<p><strong>Por Alberto Hernández</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>1.-</strong></p>
<p><strong>Me inclino ante la voz de quien hizo del buen decir un acto sagrado. Me inclino ante la pureza de espíritu de quien supo que en la poesía estaba el destino humano del mundo. Me inclino ante quien sabía de la humildad y administraba el corazón para buenos propósitos.</strong></p>
<p><strong>Digo hoy –y siempre lo diré- de Pedro Francisco Lizardo, el poeta, el excelente periodista que Venezuela se dio el lujo de tener. Digo de un hombre a quien tuve el honor de oír desde su arcádica estrategia poética, estrechar su mano y saberme arcano a sus afectos por la vía de otros amigos quienes me indicaron el camino de su sabiduría verbal.</strong></p>
<p><strong>En estos tiempos de vulgaridades, de destemplanzas públicas, me adhiero al silencio de Pedro Francisco Lizardo, el nacido en la fronda de Bejuma, próximo a Vicente Gerbasi, el relampagueante de Canoabo. En estos tiempos precarios, engreídos y poco revelados en el buen decir, repito mi porfía por la palabra, por ese buen decir, como rezaban los antiguos del Siglo de Oro. En ese lugar está y siempre estaré el poeta que hoy es silencio, el más sencillo de los silencios, en medio de las estrellas.</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>2.-</strong></p>
<p><em><strong>Dejadme con mis fantasmas infatigables,</strong></em></p>
<p><em><strong>con mi carga de llanto brumoso,</strong></em></p>
<p><em><strong>con mis desesperación ciudadana</strong></em></p>
<p><em><strong>en esta hora que se desangra entre paredes.</strong></em></p>
<p><em><strong> </strong></em></p>
<p><em><strong>Dejadme, en lo profundo de mi tosco e inevitable silencio,</strong></em></p>
<p><em><strong>cuando todo lo que permanece, pasa, sin pasar y cae. </strong></em></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>3.-</strong></p>
<p><strong>Tanto ruido en ls hojas diarias, tanta baratura, tanta falta de inteligencia en el escribir que mancha los ojos de quienes en la calle comentan y desnudan la ciudadanía de amanuenses hechos a la medida de mensajes de empeño banal, abrumados por la viudez de ideas, las poquísimas anidadas en el más cursi de los odios, el asido del miedo y el despecho.</strong></p>
<p><strong>Muchos sufren de arrebatos pasionales proclives a la insensatez verbal. Célebres por sus germanías escritas y por un dudoso humor gráfico, quedan al descubierto, desnudos, esteparios. ¿Quién dijo que no hay manera de controversia mediante conceptos? Aquel que escribe con los mecanismos del peor de los periodismos, inmancablemente tiene como destino los olores de un tanatorio.</strong></p>
<p><strong>Por eso recurro a Pedro Francisco Lizardo, que es atender al eco de los tantos que, aparte de respetar el idioma, son dueños de una sensibilidad entregada al servicio humano. Quien mal dice o mal escribe, estropea a los demás. Pero también devela las miserias que lo habitan.</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>4.-</strong></p>
<p><em><strong>Cuando el amor desnudo de palabras erige catedrales en lo alto de la tarde,</strong></em></p>
<p><em><strong>como un mango sin luz y sin dominio que perdiera su rumbo.</strong></em></p>
<p><em><strong>Cuando no estoy para jugar al escondite,</strong></em></p>
<p><em><strong>ni escribir las curtillas cotidianas que se van a la calle inundadas de prisa </strong></em></p>
<p><em><strong>y silencios.</strong></em></p>
<p><em><strong>Dejadme mirar esta postal desteñida y gloriosa</strong></em></p>
<p><em><strong>de la infancia detenida por menos secretos,</strong></em></p>
<p><em><strong>por miradas y campanas y vitrales,</strong></em></p>
<p><em><strong>por el zumo de la sangre que no muere y se reparte,</strong></em></p>
<p><em><strong>por el aire del hueso y su prodigio,</strong></em></p>
<p><em><strong>por la pupila llena de mereces y caminos,</strong></em></p>
<p><em><strong>por el acre sabor de los recuerdos…</strong></em></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>5.-</strong></p>
<p><strong>Las bondades de la palabra del periodista tocan su casa poética, lo desdoblan para enriquecer la diaria lectura. Tanto se me parece Pedro Francisco Lizardo a Eliseo Diego, a Jesús Sanoja Hernández, a Héctor Mujica. Tanto han sido que marcan con hierro en la hondura del espíritu, en la misma superficie de los días.</strong></p>
<p><strong>Perder su presencia, la de un hombre como éste, significa perder el país que tantas veces hemos nombrado, el que soñamos inútilmente porque lo sabemos difícil de alcanzar.</strong></p>
<p><strong>Vergüenza da desconocer en estos y otros días la ciudadanía verbal de un Mario Briceño Iragorry, de todos estos señores del cotidiano horario redaccional. Por eso la pena ajena se instala con facilidad luego de “leer” tantos despropósitos y vulgaridades, esa jerga prostibularia tan bien expresada por Juan Carlos Onetti en la maravilla de sus novelas donde la decadencia social retrata la ciudad que hoy nos agota.</strong></p>
<p><strong>Invadidos por la incuria, una falsa caridad pública, vemos como se desvanecen los dueños de la petulancia, la gresca y esa dolorosa reverencia a lo ásperamente vulgar.</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>6.-</strong></p>
<p><strong>Pienso en la necesidad de retornar a nuestros muertos bondadosos e inteligentes, a los que desde lejos hablan y escriben. A los que han dejado como heredad la maestría de sus vidas. La pedagogía del silencio conduce a lo inimaginado, a ser hombres en el estricto sentido de la palabra, la poética y la cotidiana. Ser hombre es sinónimo de poder, del más sencillo poder alentado por el buen decir, el buen escribir, el saber respirar con toda la gracia de aquellos que aún hablan en nuestros adentros.</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><em><strong>Dejadme por favor, en esta puerta de resplandores y presagios,</strong></em></p>
<p><em><strong>malherido y postrado, en pleno corazón,</strong></em></p>
<p><em><strong>con mi hospital de recientes nostalgias…</strong></em></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>En estos versos, el tiempo derramado, el tiempo líquido, casi perdido entre los dedos.</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong> <a href="http://www.circulodescritoresvenezuela.org/wp-content/uploads/2011/02/Blog-canaima.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-784" title="Blog canaima" src="http://www.circulodescritoresvenezuela.org/wp-content/uploads/2011/02/Blog-canaima-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a><br />
</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
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		<title>El enemigo de la prensa, por Umberto Eco</title>
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		<pubDate>Thu, 03 Feb 2011 23:01:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Círculo de Escritores</dc:creator>
				<category><![CDATA[Actualidad literaria]]></category>
		<category><![CDATA[Ensayo]]></category>

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		<description><![CDATA[Una reflexión de Umberto Eco sobre la libertad de expresión Por Umberto Eco,  3 de Febrero de 2011 Será el pesimismo de la edad tardía, será la lucidez que la edad conlleva, la cuestión es que siento cierta perplejidad, mezclada con escepticismo, a la hora de intervenir para defender la libertad de prensa acogiendo la invitación [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2><span style="font-size: 13px;">Una reflexión de Umberto Eco sobre la libertad de expresión</span></h2>
<p><strong>Por Umberto Eco,  3 de Febrero de 2011</strong></p>
<p><strong>Será el pesimismo de la edad tardía, será la lucidez que la edad conlleva, la cuestión es que siento cierta perplejidad, mezclada con escepticismo, a la hora de intervenir para defender la libertad de prensa acogiendo la invitación del semanal L’Espresso. Lo que quiero decir es que cuando alguien tiene que intervenir para defender la libertad de prensa eso entraña que la sociedad, y con ella gran parte de la prensa, están enfermas. En las democracias que definiríamos “vigorosas no hay necesidad de defender la libertad de prensa porque a nadie se le ocurre limitarla.</strong></p>
<p><strong>Esta es la primera razón de mi escepticismo, de la que desciende un corolario. El problema italiano no es Silvio Berlusconi. La historia (me gustaría decir desde Catilina en adelante) está llena de hombres atrevidos y carismáticos, con escaso sentido del Estado y altísimo sentido de sus propios intereses, que han deseado instaurar un poder personal, desbancando parlamentos, magistraturas y constituciones, distribuyendo favores a los propios cortesanos y (a veces) a las propias cortesanas, identificando el placer personal con el interés de la comunidad. No siempre estos hombres han conquistado el poder al que aspiraban porque la sociedad no se lo ha permitido. Cuando la sociedad se lo ha permitido, ¿por qué tomársela con estos hombres y no con la sociedad que les ha dado carta blanca?</strong></p>
<p><strong>Recordaré siempre una historia que contaba mi madre: cuando tenía veinte años, encontró un buen empleo como secretaria y dactilógrafa de un diputado liberal, y digo liberal. El día siguiente al ascenso de Mussolini al poder, este hombre dijo: “En el fondo, vista la situación en que se encuentra Italia, quizá este Hombre encuentre la manera de poner un poco de orden”. Así pues, lo que instauró el fascismo no fue la energía de Mussolini (ocasión y pretexto) sino la indulgencia y relajación de este diputado liberal (representante ejemplar de un país en crisis).</strong></p>
<p><strong>Por lo tanto, es inútil tomársela con Berlusconi puesto que hace, por decirlo de alguna manera, su propio trabajo. Es la mayoría de los italianos la que ha aceptado el conflicto de intereses, la que acepta las patrullas ciudadanas, la que acepta la Ley Alfano con su garantía de inmunidad para el primer ministro, y la que ahora aceptaría con bastante tranquilidad si el Presidente de la República no hubiera movido una ceja la mordaza colocada (por ahora experimentalmente) a la prensa. La nación misma aceptaría sin dudarlo (y es más, con cierta maliciosa complicidad) que Berlusconi fuera de velinas, si ahora no interviniera para turbar la pública conciencia una cauta censura de la Iglesia (que se superará muy pronto porque desde que el mundo es mundo los italianos, y los cristianos en general, van de putas aunque el párroco diga que no se debería).</strong></p>
<p><strong>Entonces ¿por qué dedicar a estas alarmas un número de L’Espresso, si sabemos que esta revista llegará a quienes ya están convencidos de estos riesgos para la democracia, y no lo leerán los que están dispuestos a aceptarlos con tal de que no les falte su ración de Gran Hermano y que, además, en el fondo saben poquísimo de muchos asuntos político-sexuales porque una información mayoritariamente bajo control ni siquiera los menciona?</strong></p>
<p><strong>Ya, ¿por qué hacerlo? El porqué es muy sencillo. En 1931, el fascismo impuso a los profesores universitarios, que entonces eran 1200, un juramento de fidelidad al régimen. Sólo 12 (un 1 por ciento) se negaron y perdieron su plaza. Algunos dicen que fueron 14, pero esto nos confirma hasta qué punto el fenómeno pasó inobservado en aquel entonces, dejando recuerdos vagos. Muchos, que posteriormente serían personajes eminentes del antifascismo post-bélico, aconsejados incluso por Palmiro Togliatti o Bendetto Croce, juraron fidelidad para poder seguir difundiendo sus enseñanzas. Quizá los 1118 que se quedaron tenían razón, por motivos diferentes y todos respetables. Ahora bien, aquellos 12 que dijeron que no salvaron el honor de la Universidad y, en definitiva, el honor del país.</strong></p>
<p><strong>Este es el motivo por el que a veces hay que decir que no aunque, con pesimismo, se sepa que no servirá para nada. Que por lo menos, algún día, se pueda decir que lo hemos dicho. <em> Traducción: Helena Lozano Miralles</em></strong></p>
<p><strong>.<em>Fuente: Revista El Librero. Para entrar en  la revista, pulse <a href="http://www.locosporloslibros.com/" target="_blank"> aquí.</a></em></strong></p>
<p><strong> </strong></p>
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		<title>La Búsqueda: La resistencia a los totalitarismos</title>
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		<pubDate>Sun, 23 Jan 2011 21:39:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Círculo de Escritores</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ensayo]]></category>
		<category><![CDATA[Narrativa]]></category>

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		<description><![CDATA[Una lectura de la novela &#8220;La Búsqueda&#8221; de Blanca Miosi He finalizado la lectura de la novela La Búsqueda, (Roca Editorial. Barcelona. 2008) con un sentimiento de desolación. La autora es Blanca Miosi, escritora peruana residente en Caracas y Miembro Activo del Círculo de Escritores de Venezuela. He sufrido con Waldek Grodek, su inolvidable protagonista [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<blockquote><p><strong>Una lectura de la novela &#8220;La Búsqueda&#8221; de Blanca Miosi</strong></p></blockquote>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>He finalizado la lectura de la novela La  Búsqueda, (Roca Editorial. Barcelona. 2008) con un sentimiento de desolación. La autora es Blanca Miosi, escritora peruana residente en Caracas y Miembro Activo del Círculo de Escritores de Venezuela.  He sufrido con Waldek Grodek, su inolvidable protagonista el menosprecio y la crueldad, como víctima de dos de los más terribles engendros del mal, el Nazismo y el Comunismo, movimientos políticos inspirados por ideologías que buscaban la permanencia del poder totalitario y la devastación y sometimiento del ser humano. Marcado por un sino trágico, Waldek expresa su pasión por la vida mediante la capacidad que tiene para adaptarse a las situaciones trágicas y una vez superadas,  alcanzar logros desarrollando brillantes proyectos.</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>El hilo narrativo de esta obra de ficción se extiende entre dos hechos que simbolizan la violencia desmedida del Siglo XX, la invasión de Varsovia por Adolf Hitler el 1º de  septiembre de 1939 y la explosión de las torres gemelas de Nueva York el 11 de septiembre  de 1998. Ambos hechos nos enfrentan a una de las mayores desgarraduras del alma universal, al encarar la amenaza del terrorismo y del fanatismo, cuando son usados como instrumento de destrucción y de muerte. Septiembre parece ser en estas páginas, el mes  más cruel, en amplia contradicción con el poema que nombra a Abril.</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Como transeúnte de esta centuria he recordado en esta lectura de ficción, pero apegada al acontecer histórico, el drama del hombre contemporáneo. La causa de este drama se debe sin duda a los males acarreados a los habitantes de este planeta por los  gobiernos totalitarios. La peor de todas las consecuencias es la pérdida de las cualidades  indispensables para detentar la condición de ser humano: la dignidad y la compasión junto a las restricciones a la libertad y a los derechos fundamentales del hombre.</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Waldek adolescente es apresado por su trabajo en la resistencia contra los invasores alemanes, y llevado a un campo de concentración. En las citas siguientes se testimonia lo expuesto anteriormente. “Empezamos a comportarnos como animales desesperados   por    sobrevivir,   insensibles al dolor ajeno…” (pag.69) “Había perdido casi completamente la capacidad de tener sentimientos, esa fue la peor consecuencia de mi cautiverio. (pag.94-95).</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>En las situaciones límites, el hombre siempre encuentra la esperanza que le impide caer en la inconsciencia. Si bien, el narrador mantiene el relato de las vicisitudes que soportan quienes son llevados por su credo, su nacionalidad o su posición política a los campos de exterminio de una manera fiel  al horror padecido,  muestra también las experiencias, que por instantes, devolvían a aquellos seres despojados  de toda esperanza, la fe en sí mismos.</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Entre los personajes que ayudaron a mantener encendida alguna luz entre tanta oscuridad está el Tío Romatowski,  un  sastre polaco que confeccionaba los uniformes de los oficiales. El animaba a los jóvenes a recibir clases al final de la jornada y repartía entre los asistentes mendrugos de pan y otros alimentos a los que tenía acceso por su trabajo. El protagonista expresa su opinión de la siguiente manera: ”El Tío Romatowski me ayudó moralmente a conservar algo de humanidad.” (pag. </strong><strong>Uno de los rasgos que me fascinaron de quien relata la historia, es su hondo conocimiento de la condición humana.  El lector encara la historia del mal, pero no hay una línea que separe  “los buenos” de  “los malos”. Existen pequeñeces, incomprensiones egoísmo y maldad en personas del entorno cercano al protagonista, amigos y familiares. Se señala también gestos de bondad y de grandeza entre los opresores, entre los causantes del dolor y de la tragedia. Es en este caleidoscopio de pasiones donde la novela toma una gran dimensión. El universo que nos muestra la escritora, es el del mundo real. El siglo donde el hombre caminaba al borde del abismo, en el claro oscuro de la vileza y de la generosidad.</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Para quien desde temprana edad había sufrido los destrozos de la posguerra, la experiencia de los campos de concentración y una fuga del recién levantado muro de Berlín, el cual abría una incisión en Europa y en el mundo,  no podía tener otro deseo diferente al de viajar para residenciarse en un país de América del Sur. La visión que tenía este personaje de este continente era la de un “Nuevo Mundo” conformado como paraíso terrenal, con apacibles paisajes y sobre todo con la oportunidad de vivir en paz.</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Aunque es en estas tierras donde desarrolla su potencial profesional obteniendo el éxito económico, sin embargo las traiciones, las injusticias, la depresión y la muerte lo llevaron nuevamente a vivir situaciones dolorosas.  Primero en Perú  durante el gobierno del General Odría quien repitió la formula de la izquierda radical, expropiando y limitando las libertades individuales y arrastrando al país a la miseria y al atraso. Huyendo de esta realidad Waldek Grodek se traslada a Venezuela, donde es testigo de la conmoción social del 27 de Febrero de 1993. Se inicia con Hugo Chávez una supuesta revolución socialista bajo las banderas del populismo y del resentimiento La resistencia del pueblo desembocó en los fatídicos hechos de Abril del 2002 cuando una gigantesca marcha fue sorprendida por francotiradores que sembraron el pánico y la desesperación dejando las calles bañadas en sangre.</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Cómo una serpiente que se come su propia cola, el protagonista cierra su ciclo vital, no sin antes darnos una muestra de la indiferencia del hombre posmoderno y de la ineficacia de las Instituciones Internacionales. En memorable monólogo se duele de la fuerza que lo ha impulsado a huir. Seguidamente reflexiona sobre la vocación de su vida y rectifica. El jamás ha huido, desde los 14 años ha resistido al mal, se ha  enfrentado con valentía y coraje a las fuerzas que han desencadenado la destrucción de la felicidad.  Se hace una pregunta para la cual no hay respuesta: “¿Qué clase de gen de maldad comparten Hitler, Stalin, Bin Laden y otros muchos que han provocado y siguen provocando la desdicha de tantos millones de personas? Y lo más extraño de todo ¿por qué tanta gente los sigue?” (pag.316).</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>El retrato que hace la autora de los diversos personajes, la descripción de los espacios y el excelente uso de la narración y de los diálogos, enriquecen la estructura de la novela y le proporciona verosimilitud e interés a la historia. Atributos que mantienen viva la atención del lector. Literalmente devoré sus páginas sin poder abandonar aquel relato que me tocaban muy hondo.  Esta novela inspirada en la biografía de un hombre perseguido por los signos de uno  de  los tiempos  más feroces,  nos muestra el triunfo de la vida, del  valor de los sueños y del trabajo en oposición al odio, al poder desmedido causante del mal y de la muerte.</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Agradezco a Carmen Cristina Wolf, presidente del Círculo de Escritores de Venezuela,  el haber puesto en mis manos tan excelente obra y reconozco en la pluma de Blanca Miosi, el oficio y la integridad de un narrador con gran potencial. Sería interesante conocer al personaje que inspiró estas páginas.</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> Lidia Salas</strong></p>
<p><strong>Poeta y crítico.</strong></p>
<p><strong>Caracas, Enero del 2011</strong></p>
<p><strong>*Lidia Salas es Magister en Literatura de la Universidad del Atlántico, Colombia. Profesora de lengua inglesa, con una vasta obra poética publicada e importantes reconocimientos. </strong></p>
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		<title>Eso que tú y yo llamamos Libertad</title>
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		<pubDate>Sun, 23 Jan 2011 21:26:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Círculo de Escritores</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ensayo]]></category>

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		<description><![CDATA[Por Maite Ayala Ese concepto que llamamos libertad en nuestro país Venezuela ha sido muy mal entendido, convirtiéndose en su mal hijo, el libertinaje, es decir, el hacer lo que a cada quien le viene en gana, traspasando en su búsqueda derechos que son y pertenecen a otros. La generación actual padece de un egocentrismo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Maite Ayala</strong></p>
<p><strong>Ese concepto que llamamos libertad en nuestro país Venezuela ha sido muy mal entendido, convirtiéndose en su mal hijo, el libertinaje, es decir, el hacer lo que a cada quien le viene en gana, traspasando en su búsqueda derechos que son y pertenecen a otros.</strong></p>
<p><strong>La generación actual padece de un egocentrismo elevado a enésimas potencias, ellos comprenden el concepto de libertad en tanto y en cuanto significa todo lo que les otorga placer y huída de la realidad, de sus propias responsabilidades.</strong></p>
<p><strong>En suma, una generación obsesionada con la apariencia y la comodidad que se mira a sí misma como poderosa, pero en el fondo está sumergida en la inmadurez crónica y el cinismo.</strong></p>
<p><strong>Se ha venido afianzando dicho mal arrastrado desde pasadas generaciones, sin colocarse los correctivos necesarios para salvaguardar el futuro de la sociedad en su entera complejidad y totalidad; uno de estos factores fue sin duda el ya mencionado egoísmo, pero hay otros no menos importantes, como lo son el empobrecimiento del individuo en todos los órdenes de su existencia.</strong></p>
<p><strong>Al no haber utilizado el tiempo libre para mejorar la educación y con ello también la herramienta primera de comunicación que tenemos como lo es el lenguaje, hemos perdido una porción invaluable de calidad de vida.</strong></p>
<p><strong>NO DEFENDIMOS EL LENGUAJE, ya sabemos que quien no defiende y amplía lo que le es dado corre el riesgo de perderlo y a veces lo pierde irremisiblemente.</strong></p>
<p><strong>La dignidad que le ha conferido Dios al ser humano,anthropos, confiriéndole no sólo el don de la lengua, el valiosísimo poder de la palabra que lo separa del resto de los animales, sino que también le dió la capacidad de estar erguido para que pueda obtener perspectiva de su entorno y dominar para el bien de todos la creación, a diferencia del mono o del antropoide que no puede comunicarse sino con gestos y sonidos guturales, pero que además no puede erguirse y dominar el entorno en el cual vive, sino que es dominado por este, y su vida se desliza enteramente a merced de los embates de la naturaleza.</strong></p>
<p><strong>Esta dignidad de estar y mantenerse erguido, en pie, que nos ha sido dada como un don precioso y gratuito del creador,  debe entenderse también como sinónimo de dignidad espiritual que en nuestro bello país también se ha ido perdiendo junto con el lenguaje y, como consecuencia la sociedad está sometida no sólo al hampa y a un lenguaje de la más baja calidad posible, sino a un peor sometimiento: el de la mediocridad generalizada que, en consecuencia, es otro modo de esclavitud.</strong></p>
<p><em><strong>Dime como hablas, dime qué lees, con que alimentas tu espíritu y te diré quién eres…</strong></em></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Maite Ayala de Baldó</strong></p>
<p><strong>Poeta venezolana</strong></p>
<p><strong>23/01/2011</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
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		<title>TERESA DE LA PARRA, EN BUSCA DEL TIEMPO ENCONTRADO</title>
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		<pubDate>Sun, 23 Jan 2011 17:33:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Círculo de Escritores</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ensayo]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura Femenina]]></category>

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		<description><![CDATA[Por Eduardo Casanova Teresa de la Parra (Ana Teresa Parra Sanojo, nacida en París en octubre de 1889 y muerta en Madrid en 1936), no fue la primera novelista venezolana. Ni siquiera fue la primera escritora venezolana. Ess posición le corresponde a Zulima (Lina López de Aramburu), que en 1885 publicó “El Medallón”, en 1889, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Eduardo Casanova</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Teresa de la Parra (Ana Teresa Parra Sanojo, nacida en París en octubre de 1889 y muerta en Madrid en 1936), no fue la primera novelista venezolana. Ni siquiera fue la primera escritora venezolana. Ess posición le corresponde a Zulima (Lina López de Aramburu), que en 1885 publicó “El Medallón”, en 1889, año en que nació Teresa, publicó “Un crimen misterioso”, y en 1898 “Blanca; o consecuencias de la vanidad”. Pero la posición en las letras venezolanas, americanas y mundiales de Teresa de la Parra va mucho más allá. Domingo Miliani, uno de los más serios investigadores de nuestra literatura, la relaciona con Marcel Proust (1871-1922), Franz Kafka (1883-1924) y James Joyce (1882-1941), es decir, con lo más alto de la novelística mundial de su momento. <em>Fueron suficientes dos libros </em>–afirma Miliani– <em>para que su proyección en la historia de nuestra narrativa emergiera, casi insular, en un arte de la ironía finísima, del humor piadoso ante una sociedad en declive, tratada en tono de añoranza vivencial, con un tiempo lento y perdido, que la aproximó, a los ojos de una crítica más moderna, al nombre de Marcel Proust. José Rafael Pocaterra, en su revista de narrativa, </em>La lectura semanal,<em> había insertado en 1922, un fragmento de </em>Ifigenia, “diario de una señorita que se fastidia”.<em> Dos años después, aquella novela obtuvo un premio de novela en París. Su nombre era casi ignorado hasta ese momento. Vino la crítica, elogiosa. Llovieron las entrevistas y las declaraciones de prensa. Una de ellas, la colocaba como simpatizante del gomecismo y entonces, también supo del escarnio y la negación. Pero la obra, impecable, profunda, crítica de la burguesía provinciana [95] de Caracas, perduró y rompió esquemas y estereotipos.</em> (…) <em>En 1929, su segundo libro, </em>Memorias de mamá Blanca <em>completó el cuadro, menudo en número, cuantioso en hallazgos, de un relato hecho para quedar como un clásico de nuestra mejor literatura moderna. La novela europea escrita por los mismos años en que Teresa de la Parra escribía las suyas, había eliminado ya el proyecto de narrar una historia dentro de tina cronología lineal. Irónica y poética, la novela ahora comienza a “Evocar, en vez de contar, saborear en los hechos la emoción que ellos llevan en sí, más que la lógica de su encantamiento”</em> (…) <em>Ese fue el legado de Teresa de la Parra a la novela venezolana, como fue el de Gide, Rilke, Barres, o Valery Larbaud a la novela europea de los mismos años. Un mundo que Proust había de resumir y agotar en sí mismo.</em> Y en realidad, <em>Ifigenia</em> y <em>Memorias de mamá blanca, </em>son, por sí solas, suficientes para poner el nombre de su autora en la cumbre de la novelística nuestra e hispanoamericana en general.</strong></p>
<p><strong>Nació la novelista en París, en donde sus padres (Rafael Parra Hernáiz, representante diplomático de Venezuela en Berlín, e Isabel Sanojo de Parra) se encontraban de paso. A los dos años se estableció con sus padres en la hacienda de la familia, “Tazón”, que era entonces la salida de Caracas hacia los Valles del Tuy (y volvería a serlo en la década de 1960, cuando se abrió la  Autopista Regional del Centro). Con la legada del siglo XX murió su padre, y su madre decidió ir a vivir a Europa. La niña entró a un colegio de monjas, el Sagrado Corazón de Godella, en tierras de la Valencia original, en España. Allí empezó su formación literaria, especialmente por su interés en la poesía. En 1909 ganó un premio por unos versos dedicados a la beatificación de la Madre Magdalena Sofía Barat. Un año después se establecieron en Caracas, en pleno centro, a poca distancia de la  Plaza Bolívar (Torre a Veroes). En 1915 publica sus primeros cuentos fantásticos. En El Universal y en Lectura Semanal (<em>Un evangelio indio: Buda y la leprosa,</em> <em>Flor de loto: una leyenda japonesa, El ermitaño del reloj</em>, <em>El genio del pesacartas</em> y <em>La historia de la señorita grano de polvo, bailarina del sol</em>), con el seudónimo “Fru-Fru”. En Actualidades, la revista de Rómulo Gallegos, aparece en 1920 <em>Diario de una caraqueña por el Lejano Oriente</em>, que no es en realidad un Diario, sino una obra de ficción, precursora de <em>Ifigenia</em>, su primera gran novela, editada en español y francés en 1924, con la que estrenó su seudónimo Teresa de la Parra, y que le valió en París, a donde se había mudado en 1923, el primer premio del concurso literario del Instituto Hispanoamericano de la Cultura Francesa. Y además la fama, no sólo en Venezuela, sino en los círculos literarios europeos. En ese tiempo se acercó a otra de las grandes estrellas de las letras hispanoamericanas, Gabriela Mistral. Viajó por Cuba, Estados Unidos, Colombia, y dondequiera fue recibida en forma apoteósica. En 1929 publicó su segunda novela, <em>Memorias de Mamá Blanca</em>, escrita en Vevey, Suiza, y en 1931, luego de recorrer varios sitios en plan de auténtica estrella de las letras, se instaló de nuevo en Europa. Las costumbres sociales de su tiempo, especialmente las de su país, le impidieron tomar el camino que su sexualidad le pedía, y en el terreno sentimental se limitó a mantener una relación más de afecto y amistad que de amor, con el gran escritor y diplomático ecuatoriano Gonzalo Zaldumbide (1884-1965). Por los problemas pulmonares que la se le manifestaron poco después, buscó la curación en las montañas Suizas, tal como los personajes de <em>La montaña mágica</em> (1924) de Thomas Mann (1875-1955), pero la situación política de Europa la compelió a buscar otros paisajes. Finalmente la tuberculosis acaba con su vida en abril de 1936, en el Sanatorio de La Fuenfría, ubicado en la Sierra de Guadarrama, no lejos de Madrid. En sus últimos momentos la acompañaron su madre, su hermana, María, y su gran amiga cubana Lydia Cabrera (1899-1991), que le dedicó su obra fundamental: <em>Contes nègres de Cuba</em>, editados por Gallimard ese mismo año. Había empezado una biografía de Simón Bolívar que no concluyó. A pesar de la altísima calidad de la literatura escrita por mujeres venezolanas, Teresa de la Parra siempre se destacará entre todos los escritores venezolanos de todos los tiempos.</strong></p>
<p><strong>*Eduardo Casanova, escritor venezolano, novelista, ensayista, biógrafo y editor de la revista digital Literanova. Ha recibido numerosos reconocimientos por su obra literaria. Miembro del Consejo Consultivo del Círculo de Escritores de Venezuela. </strong></p>
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		<title>Helena Sassone: Búsqueda del Yo trascendental y función poética</title>
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		<pubDate>Sat, 15 Jan 2011 17:40:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Círculo de Escritores</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ensayo]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía Internacional]]></category>

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		<description><![CDATA[Búsqueda del Yo Trascendental y función poética en “Enigmas Calcinados”  Por LAURA GIMENO SASSONE   Prólogo traducido al español, de la edición francesa de Enigmas calcinados, de la poeta, novelista y semióloga Helena Sassone     “Una voz te nombra y no es tu nombre”, así empieza el primer poema del último libro de poesía publicado por Helena [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://www.circulodescritoresvenezuela.org/wp-content/uploads/2011/01/Helena-sassone.jpg"><img class="aligncenter size-thumbnail wp-image-738" title="Helena sassone" src="http://www.circulodescritoresvenezuela.org/wp-content/uploads/2011/01/Helena-sassone-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a></strong></p>
<p><strong>Búsqueda del Yo Trascendental y función poética en</strong></p>
<p><strong>“Enigmas Calcinados”</strong></p>
<p><strong> Por </strong><em>LAURA GIMENO SASSONE</em></p>
<p><em><strong>  <strong>Prólogo traducido al español, de la edición francesa de Enigmas calcinados, </strong><strong>de</strong><strong> la poeta, novelista y semióloga Helena Sassone</strong></strong></em></p>
<p><strong><em>    “</em><em>Una voz te nombra y no es tu nombre”, </em>así empieza el primer poema del último libro de poesía publicado por Helena Sassone, “Enigmas Calcinados”, marcando el preludio de lo que va a ser una búsqueda exhaustiva de su Yo Trascendental, o según sus propias palabras:<em> </em></strong></p>
<p><strong>      “<em>Busco la esencia de mi propio Ser.”</em></strong></p>
<p><em><strong> </strong></em></p>
<p><strong><em>   </em>Esta búsqueda nos planteará aparentemente una contradicción de fondo en el pensamiento de la autora, pues habiendo sido su poesía en “Diálogos de la Nada”  un reflejo de su afirmación de la Nada (<em>Nietzche, y la muerte de Dios</em>), de repente Helena Sassone apela a un “Todo” o a una especie de “suma”<em> </em></strong></p>
<p><strong>     </strong></p>
<p><strong>      <em>“Dejar a los amigos en la cripta</em></strong></p>
<p><em><strong>     vivos o muertos puede que no importe</strong></em></p>
<p><em><strong>     todos hacen uno solo eterno…”</strong></em></p>
<p><em><strong> </strong></em></p>
<p><strong>que existiría en el trasfondo de su búsqueda trascendental del “Yo” y del universo en el que vive. Este cambio casi drástico de pensamiento pierde su dramatismo y entra en el dominio de la lógica si nos atenemos a las palabras de Dubrosky.</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>      “<em>Como en toda superación verdadera, la negación es también</em>  <em>conservación.</em></strong></p>
<p><em><strong>      (¿Por qué la nueva crítica?)”</strong></em></p>
<p><em><strong> </strong></em></p>
<p><strong>      Pero, ¿cómo podríamos definir la Nada en la consciencia de Helena Sassone?</strong></p>
<p><strong>Ella misma nos dará la respuesta:</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>      <em>Existe una soledad, semejante al silencio en música, en el espacio interior del juicio”.</em></strong></p>
<p><em><strong> </strong></em></p>
<p><strong>Este silencio se verá rellenado por la “suma”:</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong><em><strong>“Oh, eternidad callada</strong></em></p>
<p><em><strong>      belleza austera que nadie ha visto todavía</strong></em></p>
<p><em><strong>      sólo eres tal vez la suma</strong></em></p>
<p><em><strong>      de quienes aquí yacemos.”</strong></em></p>
<p><em><strong> </strong></em></p>
<p><strong>y</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><em><strong>      “entre todos labramos el tumulto que nos iguala</strong></em></p>
<p><em><strong>      y determina un ritmo en la conciencia austera.”</strong></em></p>
<p><em><strong> </strong></em></p>
<p><strong>como hemos visto anteriormente, cuya idea implica una totalidad: así es como nos deslizamos suavemente desde el concepto de la Nada hacia el Todo.</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>      El silencio o en este caso la Nada va a ser colmado por las vivencias de la poetisa que en un acto de alquimia de dimensiones casi sobrenaturales llegará a invadirlo Todo. Este principio de invasión de naturaleza “oceánica” es la definición que nos prodiga Michel de Certeau en su artículo “La mystique”, (Enciclopedia Universalis): el místico se ve avasallado por un “sentimiento oceánico” en el transcurso de su experiencia.</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>      Esta búsqueda muchas veces implacable, de la esencia del Ser en el poeta va a estar compuesta por distintos elementos que serán los testigos de esta lucha interior y conformarán su realidad última: el otro (“<em>Una voz te nombra”)</em>, en su pequeña medida de individuo aislado, o en su multiplicidad, reflejando así la totalidad de la humanidad</strong></p>
<p><strong>(no exenta por otra parte de una preocupación por la lucha social: “<em>Mansos</em>”), ya sean seres desconocidos o amigos allegados; la naturaleza, sobre todo los pájaros, que retratará muchas veces el sentir interior del poeta:</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><em><strong>      “Llegas a sufrir</strong></em></p>
<p><em><strong>      de ese amigo de toda la vida</strong></em></p>
<p><em><strong>      el silencio de un día sin pájaros.”</strong></em></p>
<p><em><strong> </strong></em></p>
<p><strong>los viajes y la materia: objetos sin aparente trascendencia (“<em>Inventario</em>”) y , por supuesto, la propia creación poética, el acto de escribir, la soledad inherente del poeta:</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>    </strong><strong>2</strong></p>
<p><em><strong>      “Quisiste gritar tu voz no acudió</strong></em></p>
<p><em><strong>      nadie leyó el lenguaje de tu cuerpo”</strong></em></p>
<p><em><strong> </strong></em></p>
<p><strong><em>      </em>De esta manera, Helena Sassone va a tejer todo un mundo de dimensiones  ora inquietantes, ora apacibles, en el que el poeta, tras la inmensa lucha con y en contra de su destino, cae agotado y finalmente encuentra sosiego:<em> </em></strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>       “<em>Recordando las sombras sin ira</em></strong></p>
<p><em><strong>      perdonando</strong></em></p>
<p><em><strong>      tal vez así</strong></em></p>
<p><em><strong>      alma de amor nacida</strong></em></p>
<p><em><strong>      a ti regreses.”</strong></em></p>
<p><em><strong> </strong></em></p>
<p><strong>      Si tuviésemos que trazar esa búsqueda trascendental del Yo en el contexto de un pensamiento filosófico podríamos acudir a la India, siglo VI antes de Cristo y, más concretamente, a las Upanishads, la parte final de los Vedas. En ellas, se describe al cuerpo del Universo como no diferente de su Creador, en un proceso de “Emancipación”</strong></p>
<p><strong>y no de “Creación” del mismo propio del Cristianismo. Los pequeños objetos trascienden su condición de objetos elevando la materia y convirtiéndola en pequeñas partículas del Supremo Ser, aunque sólo sea en una condición un tanto más degradada del mismo (“Inventario”). En este poema la autora siente haber extraviado parte de su Ser trasvasándolo a los objetos perdidos que se tornan, en una extraña y prodigiosa alquimia, en un tiempo:</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><em><strong>      “Los instantes en que pude buscarme</strong></em></p>
<p><em><strong>      simple inventario son .” </strong></em></p>
<p><em><strong> </strong></em></p>
<p><strong>      Este mismo pensamiento en el que la mera materia es elevada a un reflejo de lo trascendente ha sido ya explorada anteriormente en el Hinduismo, y en Occidente en el Uno de Plotino (siglo I).</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>      Pero, por supuesto, no se puede negar el pozo que ha creado el pensamiento cristiano en la poética de Helena Sassone que así mismo habla del descenso, de la culpa, del  perdón, de la redención, etc., aunando de una manera intuitiva y extraordinaria el pensamiento de Oriente con el pensamiento de Occidente, otorgando a su poemario una belleza extraña de contrastes que estilísticamente se va a ver sumida y reflejada en el uso frecuente de la antonimia  y de la antítesis, llevada éstas a su punto culminante cuando habla de alas sin aves,</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>3</strong></p>
<p><strong>      <em>“Que signos hirientes de tu alma escapan</em></strong></p>
<p><strong>      <em>preciosas alas volando sin aves”,</em></strong></p>
<p><em><strong> </strong></em></p>
<p><strong>de “<em>un saber mutilado”</em> o, más conmovedoramente, del silencio del poeta que no tiene público:</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>      <em>“Jamás emergería indemne</em></strong></p>
<p><em><strong>      del hermetismo silábico.”</strong></em></p>
<p><em><strong> </strong></em></p>
<p><strong>      El silencio del poeta supone la muerte del poeta: es un pintor ciego, un bailarín mutilado. Eluard anteriormente había hablado del silencio del poeta. Tras la muerte de su amada Nusch, exclama en “<em>Nuestra Vida”:</em></strong></p>
<p><em><strong> </strong></em></p>
<p><strong><em>      “El pasado se disuelve, doy paso al silencio</em>”<em> </em></strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>      Este silencio, acompañado de una soledad extrema, propicia un caldo de cultivo excelente en el que el ser desnudo frente a sí mismo no tiene más remedio que iniciar la búsqueda de sí mismo, es decir, su Yo trascendental, propósito primero y último de la existencia humana.</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>      Por otra parte, si nos atenemos a la función poética del escritor tan bien descrita por Victor Hugo en “Fonction d’un poète”, comprendemos que en éste último libro de poemas Helena Sassone ha cumplido ampliamente lo preescrito: por una parte, llega a su condición de Poeta-Visionario,</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><em><strong>      “El ve cuando los otros vegetan”</strong></em></p>
<p><strong>(Victor Hugo: “<em>Función del poeta”)</em></strong></p>
<p><strong>vehículo de transmisión celestial, entre la tierra y el mundo,</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><em><strong>      “En el universo en que él es Dios,</strong></em></p>
<p><em><strong>      en el que él es el que ve en Dios.”</strong></em></p>
<p><strong>(Amrouche: “<em>D’un poète”)</em></strong></p>
<p><em><strong> </strong></em></p>
<p><strong>instándonos con su ejemplo a través de sus versos a que nosotros iniciemos también nuestra propia búsqueda</strong></p>
<p><strong>4</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>      Y sobre todo, podríamos hablar del poder curativo de la poesía y de su función terapéutica tan bien descrita por Alfred de Musset en “Les confessions d’un enfant du siècle”. Esta función terapéutica es doble en el sentido de que el poeta ofrece una vía de curación ante todo para sí mismo, pero también, y quizá sea éste el último propósito de la literatura, para con el otro:</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>            <em>“Habiendo sido aquejado joven aún, por una enfermedad moral abominable,</em></strong></p>
<p><em><strong>      cuento  lo que me aconteció durante tres años.</strong></em></p>
<p><em><strong>            Si fuese el único enfermo no diría nada, pero como hay muchos otros además de </strong></em></p>
<p><em><strong>      mí que sufren del mismo mal escribo para ellos, sin prestar demasiada atención; </strong></em></p>
<p><em><strong>      porque aunque nadie me prestase atención habré aún retirado este fruto de mis</strong></em></p>
<p><em><strong>      palabras, de haberme curado mejor a mí mismo, y como el zorro cogido en la trampa, </strong></em></p>
<p><strong><em>      habré lamido mi pie cautivo</em>.”<em></em></strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>      La poesía sería susceptible de sanar a la humanidad, al corazón, y con el corazón al cuerpo.</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>      Así pues, el poeta cumple con su doble cometido en el mundo. Al desvelar su mundo propio a través de sus versos, nos ofrece su ejemplo como posibilidad a seguir y, caso de errar el tiro, según las palabras de Alfred de Musset, siempre habrá podido embalsamar su propia herida. La palabra se convertiría en algo así como una “logorrea liberadora”, dentro de un contexto del psicoanálisis ejercido a través de la escritura: por una parte el escritor se libera de su pesadilla interior, ofreciendo al mismo tiempo una posibilidad de catarsis al lector, “<em>salvándolo de la desesperanza</em>” (Simone de Beauvoir).</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>      Helena Sassone va más allá y, trascendiendo esta realidad, eleva la palabra a Verbo, volviendo al “<em>Soñador sagrado</em>” de Hugo:</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><em><strong>      “La palabra es sagrada</strong></em></p>
<p><strong><em>      regresa a la vida eternamente.”  </em>      <em></em></strong></p>
<p><strong>* </strong><strong>Prólogo traducido al español, de la edición francesa de Enigmas calcinado </strong><strong>de</strong><strong> Helena Sassone</strong></p>
<p><strong></strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong><em>   </em></strong></p>
<p><em>                                       </em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em> </em></p>
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		<title>ARMANDO ROJAS GUARDIA: PATRIA Y OTROS POEMAS</title>
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		<pubDate>Sat, 08 Jan 2011 00:38:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Círculo de Escritores</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ensayo]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía Venezolana]]></category>

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		<description><![CDATA[Por Alberto Hernández La tierra, “la de otros muertos”, como confiesa Marguerite Duras en La mar escrita, consigue lugar en algunos de los versos que se agitan en Patria y otros poemas de Armando Rojas Guardia (Editorial Equinoccio, Universidad Simón Bolívar, Caracas 2008). Y lo afirmo con el rigor que podría conferirme una lectura donde [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><!-- 		@page { margin: 2cm } 		P { margin-bottom: 0.21cm } --><span style="font-family: 'Liberation Serif', serif; font-size: medium;">Por <strong>Alberto Hernández</strong></span></p>
<p><span style="color: #666666;"> </span><span style="color: #666666;"><span style="font-family: 'Liberation Serif', serif;"><span style="font-size: medium;">L</span></span></span><span style="color: #000000;"><span style="font-family: 'Liberation Serif', serif;"><span style="font-size: medium;">a tierra, “la de otros muertos”, como confiesa Marguerite Duras en </span></span></span><em><span style="color: #000000;"><span style="font-family: 'Liberation Serif', serif;"><span style="font-size: medium;">La mar escrita</span></span></span></em><span style="color: #000000;"><span style="font-family: 'Liberation Serif', serif;"><span style="font-size: medium;">, consigue lugar en algunos de los versos que se agitan en </span></span></span><strong><span style="color: #000000;"><span style="font-family: 'Liberation Serif', serif;"><span style="font-size: medium;">Patria y otros poemas</span></span></span></strong><span style="color: #000000;"><span style="font-family: 'Liberation Serif', serif;"><span style="font-size: medium;"> de Armando Rojas Guardia (Editorial Equinoccio, Universidad Simón Bolívar, Caracas 2008). Y lo afirmo con el rigor que podría conferirme una lectura donde el presente, éste que escuece y enferma, es el más desaforado compañero. Admito que la poeta francesa tiene en la muerte una tumba clausurada, con los datos de los enterrados, asunto que no toca la poesía de Rojas Guardia, quien recorre la carne viva de hombres vivos –ellos llevan la tumba a cuestas-, que morían a diario sin epitafio alguno o escondidos en los sótanos y catacumbas de nuestras dictaduras. O de otras ajenas, que se nos hicieron cercanas y propias. </span></span></span></p>
<p><span style="color: #000000;"><span style="font-family: 'Liberation Serif', serif;"><span style="font-size: medium;"><br />
Marguerite Duras pregunta: “Quiénes son ustedes, sin ese anonimato, esa patria reciente, moderna, la de otros muertos, la de esa infancia muerta en combate con su cuerpo”. Y deja el tema pendiente, para luego entrar de nuevo en la muerte hasta el punto final, “perfecto”, del poema. La narrativa de este texto configura la “catástrofe” que una vez anunció Lacan –citado por Jaqueline Goldberg- a propósito de la desaparición de quien escribe, para darle paso a quien lee: una muerte, un nacimiento. Así, en Rojas Guardia tanto escritor como lector se hacen una sola tragedia, un momento del lugar y del sentir por una tierra, por una gente, por una particularidad de los afectos: el padre, el loco, el insomne, el que estuvo preso, el que ya murió y ha quedado como una gota de ácido sobre la conciencia de un país. </span></span></span></p>
<p><span style="color: #000000;"><span style="font-family: 'Liberation Serif', serif;"><span style="font-size: medium;"><br />
Este libro de Rojas Guardia, con once presencias cuya fuerza y densidad forman parte de una conmoción que une a poeta y lector en una suerte de lucha por deshacerse del niño que una vez fue testigo o víctima de esa experiencia, la de haber vivido en un territorio donde la maldad política, la tortura y la prisión eran los platos fuertes de la existencia. Digo, este libro del autor caraqueño muda el tiempo: nos trae el pasado y lo coloca sobre la horma de este presente que agobia, que desfigura la palabra patria y la convierte en un ahogo.</span></span></span></p>
<p><strong><span style="color: #000000;"><span style="font-family: 'Liberation Serif', serif;"><span style="font-size: medium;">2.-</span></span></span></strong></p>
<p><span style="color: #000000;">“</span><span style="color: #000000;"><span style="font-family: 'Liberation Serif', serif;"><span style="font-size: medium;">El cuerpo que se desvanece para dar realidad a la mirada”, así lo dice Guillermo Sucre en el ensayo de su imprescindible </span></span></span><strong><span style="color: #000000;"><span style="font-family: 'Liberation Serif', serif;"><span style="font-size: medium;">La máscara, la transparencia</span></span></span></strong><span style="color: #000000;"><span style="font-family: 'Liberation Serif', serif;"><span style="font-size: medium;">, el titulado “La última lectura”, y con el que cierra con una pregunta de Lezama Lima que queda colgando en la línea final del voluminoso tomo: “¿Leer es poseer el libro de la vida, donde tiene que leerse nuestro nombre, y ya, no somos poseídos?”. Podría parecer exagerado, pero estas dos reflexiones animan la lectura, la hacen más renuente a ocultarse con el escritor, con el que escribe y se abandona al sonido lejano de las imágenes. Dos pronunciamientos, uno toca la llaga, la herida, los pies hinchados por los grillos. Otro define la fuerza de una “realidad”, para muchos desvaída, que aún late en la memoria, en la vida de quienes la regresan en versos y la hacen de nuevo vida. Poseído por la vitalidad de la memoria, Rojas Guardia rescribe el país, la patria que le ahonda, que lo subsume, que lo desfallece. “Patria” –entonces- es el poema de “había una vez” y el poema de “hoy te quedas, quizá mañana”. Son dos tiempos en dos cuerpos, en dos países que terminan en un uno. En un solo instante que hizo escribir a Gabriela Kízer: “Patria” es imagen y, como tal, revela y oculta, permite el destello de la oscura clave –el cuerpo ajeno, ávido, otro- que somos”. En efecto, esa “patria” hemos sido todos revelados o escondidos, libres o presos, pero más, un hombre, cualquiera, sometido al escarnio de cadenas alrededor de los tobillos, al ring, a la piqueta, a la electricidad en el escroto, a la burla, a la humillación en nombre de un nombre, en nombre de algún héroe, de una bandera, en nombre de la patria de quienes humillan.</span></span></span></p>
<p><span style="color: #000000;"><span style="font-family: 'Liberation Serif', serif;"><span style="font-size: medium;"><br />
El poema se lee y se duele: “Alguna vez amamos, o dijimos amar, / la terquedad sombría de su fuerza. / La voz del padre enronquecida/ al evocar calabozos, muchedumbres, / hombres desnudos vadeando el pantano,/ llanto de mujer, un hijo/ y más arriba (¿dónde arriba?)/ el trapo contumaz de una bandera./ Supimos, lenta y vagamente/, que lo imposible te buscaba/ extraviándote los pies…”<br />
La “patria”, la del poema, la de aquel país del padre torturado, tiene el mismo miedo y el sudor de ésta en la que alguien arrastra el presente y lo hace pasado.</p>
<p></span></span></span><strong><span style="color: #000000;"><span style="font-family: 'Liberation Serif', serif;"><span style="font-size: medium;">3.-</span></span></span></strong></p>
<p><span style="color: #000000;"><span style="font-family: 'Liberation Serif', serif;"><span style="font-size: medium;">El libro viaja en su interior. Una apuesta, un naufragio de quien lee y luego escribe: el libro comienza con “Patria” y termina con “La desnudez del loco”. Son los extremos de un mismo tema, de un mismo golpe. Y afirmo apuesta y naufragio porque quien busca en el resto de las páginas la continuación de la ofrenda, queda suspendido, en equilibrio, en vilo, en las imágenes del “Retén judicial” (“La soldadesca ríe y las antorchas/ iluminan mi frente, señalándome. / Ustedes somos todos, somos el/ llevado a declarar, fotografiado/ en todos los archivos, los prontuarios/, las actas judiciales de Judea”). Otra instancia de la tortura. Se trata de aquel hijo en uno de los versos del texto que le da nombre al libro, que es testigo del “paseo” que hace el padre a los tribunales. Pero después Rojas Guardia nos saca del lugar y nos lleva, una vez oído el canto del gallo, seguramente el mismo que anunció las negaciones de Pedro, a la luz, a un poema conceptual, muy del adentro, y nos deja un momento en oración musical con “el acorde” de Nuestra Señora, en pregunta a Dios por ese sonido, por ese profundo sonido de la memoria. Busca una canción, la de la despedida, pero continúa en la esencia de los objetos, de “Las cosas”, en una indagación que anuncia “la utopía/ inscrita en esa santidad/ constantemente maculada/ de la amnesia fragante de las cosas”. ¿Querrá decirnos el autor de la cercanía entre el Dios de los hombres y los mismos hombres, victimas de los mismos hombres? Otros textos pasan por el alma del lector, que ansía llegar al último donde se mirará sin ropa, en ruinas, sucio de miedo, moribundo, aquejado por la perversión, por la maldad de otros hombres que también son una patria, un estadio, un lugar en la conciencia, en la muerte y en la carne aporreada.</span></span></span></p>
<p><strong><span style="color: #000000;"><span style="font-family: 'Liberation Serif', serif;"><span style="font-size: medium;">4.-</span></span></span></strong></p>
<p><span style="color: #000000;"><span style="font-family: 'Liberation Serif', serif;"><span style="font-size: medium;">No se desvanecen los presos de Guasina, los de Palenque, los que viajaron en el mismo avión o remolcados en un camión mientras el ojo de Otero Silva los asilaba en </span></span></span><strong><span style="color: #000000;"><span style="font-family: 'Liberation Serif', serif;"><span style="font-size: medium;">La muerte de Honorio</span></span></span></strong><span style="color: #000000;"><span style="font-family: 'Liberation Serif', serif;"><span style="font-size: medium;">. No se quedan rezagados los condenados que el lector acumula en la memoria de la que nos dotó José Vicente Abreu en </span></span></span><strong><span style="color: #000000;"><span style="font-family: 'Liberation Serif', serif;"><span style="font-size: medium;">Se llamaba SN</span></span></span></strong><span style="color: #000000;"><span style="font-family: 'Liberation Serif', serif;"><span style="font-size: medium;">. Nada se pierde: “La desnudez del loco” es nuestra desnudez, la de aquellos padres que pasaron la prueba y emergieron vivos o cadáveres. Es la misma cárcel, el mismo campo de concentración, la misma tortura, la misma muerte: la de Auschwitz o Dachau, la del Retén de Catia, la misma muerte siempre, con el mismo nombre, con todos los nombres.<br />
“La desnudez del loco” es un poema hermosamente doloroso, musicalmente doloroso. Escrito con una tensión envidiable, el texto se pasea por la lengua, por los ojos, por las imágenes que van y vienen, con la piel agitada. Es un poema para dolerse en él. Hay que decirlo: somos ese poema, somos en ese poema. Rojas Guardia lo maneja con destreza, con magistral destreza. Desde la experiencia de la historia, desde los campos de la muerte de Hitler, desde la simulación del mundo, desde la desnudez de un grupo de hombres que se desvanece en “la solar ingrimitud de ser un cuerpo/ parado allí frente a los ojos/ del escrutinio ajeno”. Son seres disminuidos, castigados “en la pulpa del hombre”, en medio del “asco de tanto desamparo genital”. Son hombres en un poema, pero fueron hombres reales, mutilados, cegados, asfixiados, desnudados, ofendidos, medidos para la muerte y para el sufrimiento. </span></span></span></p>
<p><span style="color: #000000;"><span style="font-family: 'Liberation Serif', serif;"><span style="font-size: medium;"><br />
La anécdota bíblica, la parábola o la historia de quien sigue al Padre arropado por una sábana, auspiciado por el amor que siente por el Hijo del Hombre. Y así sigue, desnudo, polvoriento, alucinado, amado, pero también los otros, los que sucumben o sobreviven en las ergástulas de Hitler, Mussolini, Gómez, Pérez Jiménez, Pinochet, Castro u otros pervertidos que se solazan “en cada bocado masticando el pánico”.</span></span></span></p>
<p><span style="color: #000000;"><span style="font-family: 'Liberation Serif', serif;"><span style="font-size: medium;"><br />
Desnudo está el poema. Musicalmente desnudo, aterido por el clima en un muchacho que se niega a bañarse a las doce. Entonces aparece otro crimen: “Otra desnudez, distinta a la/ buscada para lavar el propio cuerpo en el agua lustral,/ bajo la ducha, le era ahora ofrecida dentro de aquel/ calabozo: la de estar sin abrigo en la gélida humedad,/ y la de estar excluido, siendo un réprobo”.<br />
Los presos son uno solo. Un grupo de hombres con un nombre común. Muchos en uno solo. O uno solo en muchos. Así, “éramos y aún somos aquel hombre”…”Nosotros todos éramos y somos/ aquel evangélico muchacho”. La lectura nos deja desnudos, apocados frente al mismo texto y frente a quien nos mira leernos. Al leerlos. Rojas Guardia se desnuda en él y muere en él. Vuelve desde la desnudez de esos hombres y cierra el poemario: “la libertad desnuda de Adán en el jardín/ y esa misma desnudez ya avergonzada”. Dos patrias, la primera del Génesis; la segunda de un Apocalipsis que amenaza y se trajea frente a todos con la desnudez de quien se atreva a desafiarlo.</span></span></span></p>
<p><strong><em>Alberto Hernández, escritor venezolano, poeta, ensayista y editor</em></strong></p>
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		<title>Carora es de Morón y Morón es de Carora</title>
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		<pubDate>Fri, 31 Dec 2010 17:59:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Círculo de Escritores</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ensayo]]></category>

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		<description><![CDATA[Por Enrique Viloria Vera Además de Cuicas es la villa Nuestra Señora de la Madre de Dios de Carora la población que convoca los recuerdos más sentidos y emotivos de Guillermo Morón que hizo también de ella auténtica patria chica y orgulloso gentilicio estricto. Esa ciudad habitada por “godos grandes carajos, por cara – coloradas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-family: Arial, sans-serif; font-size: small;"><strong><em>Por Enrique Viloria Vera</em></strong></span></p>
<p><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;"><strong>Además de Cuicas es la villa Nuestra Señora de la Madre de Dios de Carora la población que convoca los recuerdos más sentidos y emotivos de Guillermo Morón que hizo también de ella auténtica patria chica y orgulloso gentilicio estricto. Esa ciudad habitada por “godos grandes carajos, por cara – coloradas hijueputas”, fue la que albergó tanto las travesuras naturales como las lecturas decisivas de nuestro narrador, quien a muy temprana edad “estuvo en la tienda de Polo a buscar un libro de Historia, los libros están apilados en la trastienda, sopotocientos libros, impresos en España, impresos en una ciudad que es la más grande de todas las ciudades fundadas por los españoles cuando fundaron también a Carora, llamada Buenos Aires.” </strong></span></span></span></p>
<p><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;"><strong>Carora se jacta de conservar intactos los mismos linderos desde su fundación, el 15 de octubre de 1569, así como de exhibir el linaje de unos apellidos – Riera, Zubillaga, Perera, Oropeza, Álvarez, Herrera y los que faltan para completar los veinte recogidos por el genealogista de la villa &#8211;  que se mezclan entre sí, se entrecruzan una y otra vez, para dar origen a ese caroreño blanco, godo, colorado y peculiar, muchas veces genuino pero no legítimo: “ de sangre azul conocida, cristianos viejos probados, ni turcos ni negros ni judíos ni indios ni protestantes, Jesús amén, sólo caroreños antiguos y principales ” y nunca a los otros, los ilegítimos, los pecaminosos, “los hijos naturales ni los pardos del siglo XVIII que aunque se hacían pasar por honorables y blancos eran todos negros, descendientes de esclavos, que las familias les permitían usar sus nombres y apellidos.” </strong></span></span></span></p>
<p><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;"><strong>En fin, ese caroreño genuino, blanco y legítimo también se caracteriza por proferir palabras gruesas y agresivas, no necesariamente malas palabras, aunque sí gritadas: “como si tiraran pedrugones con la lengua.” En efecto, recuerda el escritor: “cuando un Álvarez habla por el teléfono de manigueta desde la hacienda que tienen en El Blanco, en las cabeceras del río, se escucha el escándalo en Carora y en los pueblos vecinos, no necesitan usar el teléfono ni mandar recados para los peones, se ponen a gritar y todo el mundo se entera de que no llueve en la hacienda, que los pozos de agua están secos, de que esos carajos peones son unos perezosos, que si no aumenta el precio de la leche a esto se lo llevó el diablo, que cómo va a ser eso de dejar entrar al Club Torres a ese negraje de Barrio Nuevo, Carora se acabó, no puede ser, entonces nos tendremos que ir de aquí, los vozarrones de los Álvarez aumentan el calor de la ciudad, ah buena vaina, carajo.”</strong></span></span></span></p>
<p><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;"><strong>Carora es sinónimo de agobiante e inclemente calor &#8211; “continuo, día y noche, desde enero a diciembre, apenas bate el viento por la tarde, con cierto ruido de borrasca” &#8211; sólo comparable con el de los desiertos más inclementes del planeta: el conocido Sahara, el inquieto Sahel o el más lejano Gobi: “Porque lo que pasa lo sabe todo el mundo, aquí abajo en esta maldita tierra y allá arriba en ese maldito cielo, un cielo maldito, que no hace sino relumbrar, echar sol como si no tuviera otro oficio, como si en lugar de ser el cielo fuera el infierno.” Francisco ha sudado ese calor, a chorros lo ha sentido correr por su pequeño y enjuto cuerpo de niño precoz, dotado de “unas nalgas poco atractivas, más bien flacas, los huesos se adivinan debajo del pantalón sin calzoncillos, carne magra, como un firulí el cuerpo pequeño de Francisco, pero reluciente el rostro, ágiles los movimientos, oscuros y brillantes como estrellas los ojos, el pelo negro, el perfil de su abuela materna, respingada la nariz, te pareces a Simón Bolívar le dijo la maestra Teresa Molero y desde ese día sus compañeros le pusieron chapa de oro con el está bien, Bolivita, hola Bolivita, Francisco tuvo que agarrarse de nuevo cuatro horas en El Pajón con Amorfiel Martínez para quitarse la chapa de encima.” </strong></span></span></span></p>
<p><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;"><strong>Un calor permanente y un río agazapado caracterizan a esa villa de Carora que Francisco se conoce de memoria, al dedillo, de pe a pa, en cada uno de sus detalles, de tanto recorrerla, caminando, dando brincos, saltando de una acera a la otra, a pleno sol o en la cómplice oscuridad de las sombras, volando ligero: “tomé la decisión de mirar desde arriba todas las casas, en vuelo despacio, no como los pájaros, sino agachado, agarradas las piernas con las dos manos. Pero la mano derecha, suelta para pasar por encima de las maporas de la plaza y más alto que la torre de San Juan”, en fin, vagando a sus anchas por unas calles que conoce al pelo y que puede recitar, una a una, con los ojos cerrados, visitarlas de nuevo con la imaginación como si estuviera consultando un preciosista portulano o las vías mostradas en pantalla por el más eficiente buscador satelital. Rememora Francisco las calles de la ciudad de poniente a naciente: “la calle Bolívar, la Zamora, la Torres, la Carabobo  (…) la calle de La Paz, la Miranda, la Democracia que le cambiaron el nombre, la Libertad que también le pusieron otro nombre por si acaso y no se alcen los caroreños son todos gobierneros, por eso hay que mudar los nombres federales de las calles transversales, la Calle Falcón, ¡quién ha visto! que es la primera cerca del río, paralela claro está a la calle del Comercio las dos capillas en sus puntas, luego la calle real y principal, que es la de San Juan, toda hecha con casas sagradas (…) la calle Bruzual quién será ése, la Sucre más arriba que no le han cambiado el nombre al Mariscal de Ayacucho, Monagas cuál de los dos será, debe ser el libertador de los esclavos, que nos echó ese tronco e vaina de dejarnos sin esclavos, la calle Federación ésa sí ya dejó de llamarse así (…), y la última que era la calle Independencia, porque de ahí para arriba ya es el trasandino y la carretera trasandina de tierra….” </strong></span></span></span></p>
<p><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;"><strong>Pero no hay calle verdadera, genuina, sin sus habitantes y sus moradas, esas edificaciones, esas viviendas de particular estilo que le otorgan especial identidad a Carora, verdaderas casas sagradas que el escritor visita con ánimo de urbanista del espíritu, de antropólogo de la historia caroreña. Siempre dispuesto a trasladarnos vivazmente a la villa de sus afectos a través de sus emotivas evocaciones, Morón explica minucioso, detallista, reparón, que una casa sagrada caroreña tiene: “portón y anteportón, con lo cual se da existencia de presente al zaguán. Las casas sagradas de la ciudad, donde viven los godos, tienen todas zaguán (…) todas las casas caroreñas tienen y deben tener esa entrada entre el portón que es la puerta principal de la morada y el contra – portón o segundo portón que es la puerta con acceso final hacia el interior sagrado de la casa (…) en Carora hay como mil casas, unas doscientas serán casi sagradas, donde viven los blancos de la plaza, las diversas clases de godos, que unos son llamados Chuios y otros son llamados Chuaos, eso no quiere decir gran cosa sino que unos son más godos que otros, no es que sean más blancos ni más caracolorás, sino que lo hacen para pelear los puestos públicos.” </strong></span></span></span></p>
<p><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;"><strong>El sol y el calor de la ciudad son objeto de variadas y sudorosas imágenes que dejan su indeleble mancha sobre las páginas que garrapatea el escritor. Morón advierte con estricta crudeza acerca de las consecuencias fatales que pueden producir los furibundos rayos solares del cielo de Carora sobre cualquier mortal negligente o irreflexivo. Para que estemos prevenidos aconseja: “a las diez aprieta el sol, hay que llevar sombrero aludo porque de lo contrario se achicharra la cabeza y se pueden quedar los huesos pelados entre los tejos de la playa, como huesos de chivo muerto, se mueren de sed, se los comen los zamuros y se quedan los cachos en la cabeza pelada en un sitio, más allacita las costillas y por los lados, todos regados, los huesos de las patas, todos ruyíos, desmigados por el calor, por eso hay que ponerse sombrero de cogollo bien alón, para que el sol no haga de las suyas y lo convierta a uno en chivo muerto.” </strong></span></span></span></p>
<p><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;"><strong>Las villas poseen para temor de niños y adultos sus propios espíritus, sus apariciones o aparecidos, sus fantasmas: El Silbón, La Llorona “que llora inconsolablemente la muerte de su hijo muerto sin haber nacido porque ella misma le dio un gran manotón y el hombrecito (porque era macho, veis) le gritó desde adentro, ¿por qué me matáis antes de tiempo?”, el hombre del carretón, El Salvaje, La Sayona, El Maniador, pero solamente Carora muestra con orgullo a su espanto fundamental y sin comparación: el mismo Mandinga, un demonio sin amarras, el propio Diablo que todavía anda suelto en Carora. A tenor de lo narrado por Morón, la presencia permanente y libertaria del diablo en la ciudad infernal se debe justamente al calor insoportable que la define y le es consustancial:´”El calor se aposentó en la ciudad, el calor soltó al diablo, el diablo estaba bien amarrado en el solar del convento de Santa Lucía, el convento franciscano; allí lo había dejado tuerto Santa Lucía de un bastonazo que le dio, cuando el diablo entró al oratorio donde estaba la santa dedicada a sus oraciones (…), en el convento estaba amarrado el diablo desde cuando se fundó el convento, tuerto y amarrado con fuertes cadenas en el tronco de un cují seco, con el rabo mocho, un franciscano se lo pisó, cuando Santa Lucía le saltó un ojo de un bastonazo, y entre los frailes lo dominaron a palos, lo amarraron con las cadenas de amarrar negros y lo dejaron en el solar, amarrado, sin darle de comer, más de doscientos años estuvo el diablo amarrado en el convento, hasta que se soltó y la culpa la tiene el calor, porque el día en que se soltó el diablo en Carora hacía más calor que en el propio infierno, cómo haría de calor que los caroreños, se acostaron, desnudos, empapados en sudor, a las diez de la mañana, como si fueran las dos de la tarde, que es cuando se duerme la siesta después de almorzar mondongo de chivo, cabeza de ovejo, caraotas caldúas, lomo prensado, longanizas, tajadas fritas, suero, queso raspado, arepas, y un chocolatico caliente, como hacía tánto calor, los caroreños decidieron desayunar como si fuera el almuerzo y todo el mundo se echó en sus chinchorros a dormir la siesta con ese inmenso calorón, todas las barrigas caroreñas repletas de mondongo ocuparon los chinchorros, sin una gota de aire, caliente el sol, despiadado encima de las tejas, implacable en la plaza y en las calles, los árboles se quedaron pasmados de calor, un gran silencio entró a las casas sagradas, el silencio del calor y de la siesta, todo el mundo con la barriga desnuda, la paloma apagada, los brazos colgando fuera del chinchorro, el calor se hizo dueño de la ciudad, para que el diablo soltara sus amarras, para que el diablo endemoniara el convento, nueve muertos con calor y sudor dejó el diablo en Carora el día que se soltó y ya no lo han vuelto a amarrar, porque el convento se cayó, los godos de Carora expulsaron al último fraile y Santa Lucía se quedó ciega…”</strong></span></span></span></p>
<p><strong><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">Sin embargo, otros entendidos en el asunto del Diablo de Carora como Don Pedro Nolasco de Álvarez dicen, en boca de Francisco y con los presuntos cachos del diablo bien sujetos en sus manos: “El diablo se soltó de sus cadenas. Y comenzó a realizar acciones heroicas, de muy diversa naturaleza. Para vengarse de Santa Lucía que lo había amarrado en el tronco del cují, en el patio de su convento, comenzó a poner ciegos a todos los curas de la ciudad, y principalmente al Padre Francisco Ramos, que era Doctor en cánones, para que no pudiera ver quién era quién y así mandara para el infierno a los inocentes y remitiera en sacos de lona a los culpables para el cielo; luego el diablo confundió a unas autoridades con otras, para que se mataran entre sí. A unas autoridades con otras, para que se mataran entre sí, como en efecto se mataron, los Alcaldes Ordinarios pasaron por las armas al Juez de Comisos y el teniente Justicia de la Compañía de Volante, que también era el Buenaventura, le dio de puñaladas a los presos, de tal manera que se armó la sampablera. Y también el diablo, sólo por fuñir, sin otra intención, comenzó a cogerse a todas las mujeres de la ciudad, de lo cual se aprovecharon algunos maricos viejos y sabios y otros maricos jóvenes e inexpertos para hacerse pasar por mujeres, sólo por aprovechar. De modo que el convento de la Consolación, fundado en el barrio de la Greda, donde la ciudad repetiría su propia historia, con casas y todo, tuvo muchas reclusas santas, hijas adulterinas del diablo. Nada de esto se puede decir en voz alta porque es absolutamente pecaminoso y forma parte del Capítulo Décimo titulado </span></span></span><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;"><em>De las</em></span></span></span><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;"> </span></span></span><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;"><em>Prohibiciones y Fornicaciones </em></span></span></span><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">en el Libro Secreto escrito con mucho cuidado, amor de Dios, santo celo y curiosa preocupación, por el Ilustrísimo Señor Obispo Don Mariano Martí, cuyo capítulo se refiere íntegramente  a la ciudad de Carora visitada por el Obispo, inmediatamente después  de la fecha en que el diablo se soltó en Carora.” </span></span></span><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;"><em> </em></span></span></span><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;"> </span></span></span></strong></p>
<p><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;"><strong>Sea como sea, cuéntese como se cuente, entiéndase como se entienda, nárrese como se narre, desde aquellos lejanos, confusos y aciagos días en el convento de Santa Lucía, ningún visitante de la villa pregunta por el Dios de la ciudad, sino por el distinguido, célebre, famoso y suelto, Diablo de Carora. </strong></span></span></span></p>
<p><span style="color: #000000;"><strong> <span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">Culminados con excelencia sus estudios en la ciudad donde el diablo continúa suelto: “yo soy estudiante de puros veintes en todo, también en conducta, aunque tengo que pelear en el recreo”, más adulto, más persona, más seguro, con la indoblegable esperanza puesta, desde el instante mismo en que partió de Cuicas, en el logro de un porvenir diferente, el escritor, al momento de pasar por el Trasandino con destino a Caracas, en la parte alta de Carora, no quiso divisar la villa de su adolescencia: “no quería ver las casas sagradas, cuando sea rico y doctor volveré, dijo a los catorce años Francisco, camino de la flor amarilla del araguaney, la flor del araguaney es amarilla, florea el árbol todo entero, se caen las hojas y la flor amarilla llena frondosamente las ramas. La flor del araguaney se cae al suelo a los quince días. Sólo quince días dura la flor del araguaney. Francisco no tuvo tiempo de recordar su infancia.”</span></span></strong></span></p>
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		<title>Ofrenda desde el reflejo de su faro:   Escribe un poema para mí  de Carmen Cristina Wolf</title>
		<link>http://www.circulodescritoresvenezuela.org/2010/12/11/ofrenda-desde-el-reflejo-de-su-faro-escribe-un-poema-para-mi-de-carmen-cristina-wolf/</link>
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		<pubDate>Sun, 12 Dec 2010 01:01:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Círculo de Escritores</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ensayo]]></category>
		<category><![CDATA[Libros en la Mesa]]></category>

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		<description><![CDATA[Por Milagro Haack I Gocémonos, Amado, y vámonos a ver en tu hermosura al monte ó al collado do mana el agua pura; entremos más adentro en la espesura. Juan de la Cruz &#8220;pero que algún verso perdure en la noche propicia a la memoria o en las mañanas de los hombres&#8221; Jorge Luis Borges Inicia [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><!-- 		@page { margin: 2cm } 		P { margin-bottom: 0.21cm } --><a href="http://www.circulodescritoresvenezuela.org/wp-content/uploads/2010/12/Libro-Escribe_un_poema_para_mí.jpg"><img class="aligncenter size-thumbnail wp-image-699" title="Libro Escribe_un_poema_para_mí" src="http://www.circulodescritoresvenezuela.org/wp-content/uploads/2010/12/Libro-Escribe_un_poema_para_mí-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a></p>
<p><strong>Por Milagro Haack</strong></p>
<p><strong><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">I</span></span></span></strong></p>
<p><em><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">Gocémonos, Amado,</span></span></span></em></p>
<p><em><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">y vámonos a ver en tu hermosura</span></span></span></em></p>
<p><em><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">al monte ó al collado</span></span></span></em></p>
<p><em><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">do mana el agua pura;</span></span></span></em></p>
<p><em><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">entremos más adentro en la espesura.</span></span></span></em></p>
<p><em><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">Juan de la Cruz</span></span></span></em></p>
<p><em><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">&#8220;pero que algún verso perdure</span></span></span></em></p>
<p><em><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">en la noche propicia a la memoria</span></span></span></em></p>
<p><em><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">o en las mañanas de los hombres&#8221;</span></span></span></em></p>
<p><em><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">Jorge Luis Borges</span></span></span></em></p>
<p><span style="color: #000000;"> </span></p>
<p><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">Inicia el anhelo de otra voz y da su peregrina ofrenda, dialogando con el regocijo nacido del asombro del que escucha la esencia del agasajo sellando lo originario, donde se encuentra la partida húmeda con su erótica flor, lanzando sus pétalos hacia todos los confines de palabra constante, dilatando su aroma, su febril aroma, para concebir de lo delicado del callado reflejo sobre un cielo isla, cuando desde el reflejo da su gran faro, guía los nocturnos ensortijados a una poética, libre, del alma consciente de la genialidad, y   corona su vuelo hacia un sin fin de vínculos cuando la palabra solicita de lo universal, imborrable: </span></span></span><strong><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">Si quisieras visitar mi alma:</span></span></span></strong></p>
<p><span style="color: #000000;"> </span></p>
<p><em><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">Si quisieras visitar mi alma,</span></span></span></em></p>
<p><em><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">te pasearías por su incansable costumbre de amar</span></span></span></em></p>
<p><em><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">y encontrarías el camino al éxtasis.</span></span></span></em></p>
<p><em><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">Así es mi alma, mínima y amplia, un mar</span></span></span></em></p>
<p><em><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">donde el amor tiene su casa.</span></span></span></em></p>
<p><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">Lo humano se estremece, la imagen  abraza lo mítico, el hombre revive, y su permanencia sorprendente es palpable desde el espacio creativo, cuando la poeta nos dice </span></span></span><em><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">Escribe, </span></span></span></em><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">sobre el </span></span></span><em><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;"> </span></span></span></em><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">giro por acorde con lo fraterno en  afinidad con la poesía: </span></span></span><em><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">Escribe un niño para mí /vestido con el coraje de vivir y morir por amor</span></span></span></em><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">. Versos sostenidos, versos de una visión latente, como ser útero para el nacimiento de entes que por natura pertenecen a la vida pero con la fuerza del &#8220;</span></span></span><strong><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">amor</span></span></span></strong><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">&#8220;.</span></span></span></p>
<p><span style="color: #000000;"> </span></p>
<p><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">No es simple para un escritor derramar lo sabio de un instante,  el seguimiento del rito poético, que nos muestra, &#8220;Estamos, por cierto, frente a una imaginación ofrecida con toda sencillez, en la más simple de las intimidades, la de un libro y su lector.&#8221;, como diría Gastón Bachelard.  Carmen Cristina Wolf, lo hace, da una lectura para honrar el mensaje de su respuesta a la poesía, a los labradores de la poesía: </span></span></span><em><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">Escribe una ciudad/ de altos jardines luminosos /y  una calle de sol como tus manos. </span></span></span></em><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">En estos versos integra espacios –una calle de sol-, lazo cósmico que sujeta –como tus manos-. Sólo por la gracia observadora, la metamorfosis, la lealtad hacia lo humano sensorial, nos va dando en este primer poema, lo visual de otras esferas: </span></span></span><em><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">Escribe un país/ el país que me sabía de memoria/ y lo aprendí en mi infancia. /No lo encuentro.</span></span></span></em><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;"> El retorno a lo no perdido, el deseo de la niña, -ella- con sus copas de ritmo, la herencia, lo indudable tras las ventanas, puertas del fuego en memoria del no olvido. Épocas y evocaciones, sentidas y deseando ser pronunciadas por el otro, su espejo, siendo la palabra el mágico cofre que nos ofrece: </span></span></span><em><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">Auspicia una palabra que haga cesar para siempre las guerras / y entremos otra vez al paraíso. Transforma la rama seca en bosque/ y la selva en un trazo de tinta azul marino.</span></span></span></em><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;"> Conciencia de su entorno, fidelidad hacia la evolución por la vida, siendo la natura parte de su ser  hacia la unión de voces en lo primogénito de la esencia, el azul marino, como el fuego del nacimiento de las aguas, cuando lo femenino busca a sus apariciones por todos los costados del universo en voz: </span></span></span><em><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">Tendré motivos para la hermosura/ y hallar la voz perdida en lo innombrable, / / escribe/ un poema/ para mí. </span></span></span></em><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">Núcleo y llegada, así, la poeta despunta el alma, lo creativo en este magnífico preludio.</span></span></span></p>
<p><span style="color: #000000;"> </span></p>
<p><span style="color: #000000;"> </span></p>
<p><span style="color: #000000;"> </span></p>
<p><strong><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">II</span></span></span></strong></p>
<p><span style="color: #000000;"> </span></p>
<p><em><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">Si pudieras contarme el secreto de los girasoles</span></span></span></em></p>
<p><em><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">la cayena indefensa en medio de la lluvia</span></span></span></em></p>
<p><em><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">si pudieras decirme el sabor rojo de los tulipanes</span></span></span></em></p>
<p><em><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">y el matiz verdinegro de las hojas.</span></span></span></em></p>
<p><span style="color: #000000;"> </span></p>
<p><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">Lo humano es presencia hacia la revelación que saborea de las palabras sin la jaula del entorno; se pasea por el edén con –presencias- universales humanizando la belleza de lo mágico que sólo un escritor pode alcanzar con sus ojos ilimitados a través del pasillo tenso que rehace lo luminoso del hechizo de la esencia, para luego ver salir de sus profundidades los brotes-entes, siendo reflejos de lo cotidiano en mágica presencia y continúa:</span></span></span></p>
<p><span style="color: #000000;"> </span></p>
<p><em><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">Dime cómo besan en la piel</span></span></span></em></p>
<p><em><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">sus colores de agosto</span></span></span></em></p>
<p><em><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">escribe un poema que sea ahora</span></span></span></em></p>
<p><em><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">no dejes que se pierdan tus versos vegetales</span></span></span></em><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">.</span></span></span></p>
<p><span style="color: #000000;"> </span></p>
<p><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">La voz realiza su ida, lo natural es inmediato, humanizando la natura para el crear el milagro íntimo en el instante que sorprende lo inesperado, que aspira del alma: mundo indivisible para luego salir en una realidad transformada, asumiendo el giro, del </span></span></span><em><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">girasol</span></span></span></em><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">hacia los sonidos que atraviesa  la mañana en un santiamén. Situaciones renovadas por el intercambio natural llevadas a la palabra versificada y que además, tienen la  hondura de lo femenino para despuntar el alba, amanecer, junto al hallazgo de la palabra:</span></span></span></p>
<p><span style="color: #000000;"> </span></p>
<p><em><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">Con el atavío del amanecer</span></span></span></em></p>
<p><em><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">humedecidas de mar y de tiempo</span></span></span></em></p>
<p><em><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">tus manos siempre encuentran</span></span></span></em></p>
<p><em><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">el camino hacia mí.</span></span></span></em></p>
<p><em><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">Mi camino es el verso</span></span></span></em></p>
<p><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">Se habita en templos de buen estreno, así, continuo, en esta lectura de alma, despertando otros indicios donde la poética tiene audiencia y voz firme: </span></span></span><em><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">&#8220;Mi camino es el verso&#8221;</span></span></span></em><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">, íntimo espacio para el logro de otros pedidos con búsquedas de oceánicos abrazos, junto a lo espiritual amoroso en sobrevuelo cuando </span></span></span><strong><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">&#8220;Somos la vida que comienza siempre. </span></span></span></strong><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">Carmen Cristina lo crea, cómplice de la mano tierra con amparo y defensa de la poesía desde su </span></span></span><strong><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">Casa ardiente de palabras, </span></span></span></strong><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">que está plena de sensualidad en el verso vuelto vuelo Salmo trayéndonos lo  curativo humedecido desde su propio vivero lírico:</span></span></span></p>
<p><span style="color: #000000;"> </span></p>
<p><em><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">Mi hogar es el poema.</span></span></span></em></p>
<p><em><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">Casa ardiente de palabras</span></span></span></em></p>
<p><em><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">aun sin pronunciar.</span></span></span></em></p>
<p><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">Desde el inicio de este libro, he ido recogiendo la visión futurista de permanencia, muy humana, incluso mística que transita por lo tejido en </span></span></span><em><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">Escribe un poema para mí;</span></span></span></em><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;"> es latente el lazo salino de vivencia, siendo un  libre recado para todos los telares, que desea planear con su único hilo: la palabra, ovillada a la continuidad de la misma; por ello, debemos perseverar rozando un poema, un verso, mientras sea, solicitud poética, su entorno, su pensamiento que al final se convierte en esta gran contestación digna de distinguir sin fronteras por todos los que pasamos y tratamos de miramos en la gran alfombra, mas, es la alfombra &#8211; universo &#8211; espejo del verbo, del signo, del enigma, de lo creativo regenerativo, tan leve como el vuelo del cóndor, alimentando la visión propia, observación interna creciendo con lo externo amoroso. Eso encuentro, con lo visual dado por Carmen Cristina cuando lo innova desde su cálido del silencio  para recorrerlo todo  desde la altura, dado – dadora- por este espacio con una gran reflexión muy íntima del ámbito poético.</span></span></span></p>
<p><span style="color: #000000;"> </span></p>
<p><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">Gracias, Carmen, Siempre Gracias,</span></span></span></p>
<p><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">Siempre</span></span></span></p>
<p><span style="font-size: small;"><br />
</span></p>
<p><strong><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">Milagro Haack</span></span></span></strong></p>
<p><span style="font-size: small;"><strong><br />
</strong></span></p>
<p><strong><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">Carmen Cristina Wolf</span></span></span></strong><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif;"><span style="font-size: small;">. Poeta, narradora y ensayista nacida en Caracas, Venezuela. Escribe cuentos y poemas desde la edad de 12 años. Es abogado graduada en la Universidad Católica Andrés Bello. Asistió al Taller de Narrativa de Oswaldo Trejo, impartido en el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos. Se ha dedicado al estudio de la Poesía Mística Española bajo la orientación de Armando Rojas Guardia. Participó en el curso Literatura del Siglo de Oro en la Cátedra de San Juan de la Cruz ICREA. Ha realizado estudios de Retórica contemporánea y dicta talleres de Ontología del Lenguaje y Teoría de la Argumentación. Durante diez años coordinó las actividades de la Galería de Arte del BANAP. Su poemario Canto al Hombre fue llevado al teatro por &#8220;La Máquina&#8221; en el marco de &#8220;Un mes de Poesía para Caracas&#8221; (1998). Entre sus libros publicados: <em>Canto al Hombre</em>, Cármina editores 1996; traducido al francés y editado por Venezuela Analítica en 1999. <em>Canto al Amor Divino</em>, Cármina editores 1998. <em>Escribe un poema para mí</em>, Círculo de Escritores de Venezuela. 2001. <em>Prisión Abiert</em>a, Editora Al Tanto, Colección Las iniciales del Tiempo 2002, <em>Retorno a la Vida</em>, Cármina Editores, Ensayo 2005. <em>La llama incesante, Aforismos</em> Editorial La diosa blanca 2006, publicado en 3a. edición por el Centro de Estudios Ibéricos y Americanos de Salamanca. <em>Atavíos</em>, plaquette de Editorial El pez soluble 2006. <em>Huésped del amanecer</em>, Universidad Nacional Abierta 2008.  Escribe para Literanova y para PublicArte. Dirige Cármina Editores y es Miembro fundador del Café de Sócrates de Caracas. Colabora con Temas de Literatura para revistas especializadas, venezolanas y extranjeras.</span></span></span></p>
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		<title>29 DE NOVIEMBRE DÍA DEL ESCRITOR</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Dec 2010 00:52:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Círculo de Escritores</dc:creator>
				<category><![CDATA[Círculo de Escritores de Venezuela]]></category>
		<category><![CDATA[Ensayo]]></category>

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		<description><![CDATA[Por Magaly Salazar Sanabria Texto leído en la celebración de los 20 Años del Círculo de Escritores de Venezuela y del Día del Escritor, por la poeta, ensayista y profesora universitaria Magaly Salazar Sanabria, Directora de Relaciones Institucionales del CEV Buenas tardes. Saludamos  a los distinguidos  y queridos escritores: Armando Rojas Guardia, Carlos Alarico Gómez, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Magaly Salazar Sanabria</strong></p>
<p><strong>Texto leído en la celebración de los 20 Años del Círculo de Escritores de Venezuela y del Día del Escritor, por la poeta, ensayista y profesora universitaria Magaly Salazar Sanabria, Directora de Relaciones Institucionales del CEV</strong></p>
<p>Buenas tardes. Saludamos  a los distinguidos  y queridos escritores: Armando Rojas Guardia, Carlos Alarico Gómez, Francisco Suniaga, a quienes rendimos hoy un merecido homenaje, a Enrique Viloria por su libro <strong>Predios de la Mirada,</strong> a la Licenciada Diana López, Directora del Centro Cultural Chacao, al Doctor  Guillermo Morón, Presidente Honorario, a la Presidenta del Círculo de Escritores de Venezuela, poeta  Carmen Cristina Wolf, a toda la Directiva de esta Institución, y al afable público que nos honra con su presencia. </p>
<p>Nos hemos  planteado cómo hacer para que esta dos páginas de recordación del Día del Escritor sean compendiosas y sin ningún rastro de tiesura y como esta celebración se corresponde con la fecha del nacimiento de Don Andrés Bello, quien es la figura más representativa de las letras americanas y uno de los más distinguidos proscritos de Venezuela, comenzaremos diciendo que caminando por Santiago de Chile, un ilustre jurista, profesor jubilado de la Universidad de Santiago, nos enseñó el amor y el respeto que ese país profesa a nuestro Andrés Bello, supe de anécdotas del hombre, lugares donde solía acudir, palabras venezolanísimas que dejó sembradas en sitios de la ciudad y que constituyen  recurrente convocatoria para visitantes venezolanos. Pero no hemos olvidado su Código Civil, su Gramática, su Rectoría en la Universidad. Esa obra es trascendente y la conocemos mucho. Se trata de dejar en el aire ese espíritu entrañable que saboreamos  en Santiago  y alentar un sentimiento de justicia, y de afecto hacia este gran compatriota precursor y Maestro de todos nosotros.</p>
<p>Por otra parte, si reflexionamos acerca de su poética, la concepción estética clasicista  de la Silva a la Agricultura de la Zona Tórrida, caracterizó a América desde su dimensión artística y antagónica. Don Andrés Bello quiso mostrar al mundo europeo nuestro asombroso paisaje, característico de la estética de lo real maravilloso Pero es importante señalar que ningún otro autor americano organizó de manera tan abarcante y amorosa el mundo que dejaba: “Salve fecunda zona,/ que al sol enamorado circunscribes/ el vago curso, y cuanto ser se anima/ en cada vario clima, acariciada de tu luz concibes” Eso dice en la primera estrofa y en la última, se siente la añoranza de la patria: “Se adopta nueva tierra: pero no se enrola el corazón sino una vez”. Por ese corazón que quedó en Venezuela y en honor a su obra y a la estética y ética de su escritura y del idioma que hoy nos convoca prosigo este breve camino del Día del Escritor. Quédese allí en paz y con nosotros Don Andrés Bello.</p>
<p>Entretanto, haremos algunas consideraciones acerca de la condición de escritor y del aspecto estético de la escritura. Los creadores inventan universos nuevos. La imaginación y la intuición se apoyan sólo en la palabra,  que en este caso, es un verdadero símbolo,  y se convierte en signo de sí misma. Como dice Armando Rojas Guardia en <strong>El Dios de la Intemperie:</strong> “Misterio: el espacio donde el sentido sobreabunda./ Por eso enceguece, por su propia plenitud.” También, en la ocasión del ensayo y la crónica, sus contenidos deben adaptarse a una norma estética, que por cierto no la dicta nadie, sólo la razón del escritor. Carlos Alarico Gómez describe  a Cipriano Castro en <strong>La amarga experiencia</strong> cumpliendo todos esos cánones. Cuando la mente descubre la esencia de las cosas, estamos ante un grado más alto de la creación.</p>
<p>La palabra poética o estética se libera de las cosas y pasa a ser la cosa misma. Entonces, se produce el hecho literario y la verdadera relación entre el escritor y su obra. Es importante que el pensamiento y el sentimiento se junten para fundar un lenguaje inédito que adquiere el rango de signos poéticos. Pero si nos referimos a la narración, Roland Barthes, acota: “quien narra en la obra no es quien escribe en la vida y quien escribe no es quien existe”. De esta manera, le imprime gran importancia al narrador. Por eso, ejemplos como El Quijote de Cervantes y los personajes de Cien Años de Soledad de García Márquez y de Doña Bárbara de Rómulo Gallegos, son prodigios de la palabra; los autores se esconden detrás de los personajes tal como lo hace Francisco Suniaga a la zaga de Diógenes Escalante en <strong>El pasajero de Truman.</strong> Es el narrador a quien le corresponde el hecho creativo y la demostración de esa otra realidad, allí radica el éxito</p>
<p>En este orden de ideas, en la Universidad Central y en el Pedagógico de Caracas, amadas instituciones, cuando los lingüistas se empeñan en calentarle la cabeza a los estudiantes,nos enseñaron, según Jacobson, que el cerebro se lo disputan las posibilidades sintagmáticas, propia de los prosistas. En esos meandros se desarrolla la obra  del inteligentísimo Carlos Alarico Gómez. (Aunque él debe tener su corazón poético reservado). Las posibilidades paradigmáticas metafóricas o sustitutivas propias de la poesía y de los narradores que cambian la realidad referencial por una realidad simbólica se alojan en otros espacios cerebrales, allí descubrimos al inefable Armando Rojas Guardia, al entrañable Francisco Suniaga y al prolijo Enrique Viloria. De esta manera, sabemos dónde esconden tantas palabras milagrosas a la hora de alguna averiguación de anatomía fantástica. Menos mal que tenemos un solo corazón y allí caben los cuatro. Gracias por sus excelentes y hermosas escrituras. Gracias a todos los escritores de este país y del mundo por ese legado de sabiduría y belleza. Ahora, dos líneas para San Juan de la Cruz, patrono de los poetas. En su obra la palabra se afirma en sí misma desde una dimensión trascendente, la “noche oscura” de la mística y la poesía, la oscuridad desnuda  que va hacia la claridad de Dios.</p>
<p>Hasta aquí nos hemos referido a la primerísima condición de la ética del escritor que es la estética del significante. Pero no podíamos terminar sin detenernos en un asunto vital y que la actualidad reclama: el compromiso del escritor. Se trata de un asunto difícil; ser artista y hombre comprometido a la vez. El ecuatoriano Pedro Jorge Vera, reflexionando sobre el compromiso del escritor, dice: “El escritor es un creador de belleza, pero asimismo tiene la obligación de ser un intérprete de su tiempo. Un avizorador del futuro, un investigador del hombre y de la sociedad, para contribuir a su pleno conocimiento. Y sólo podrá cumplir a cabalidad esas tareas enfrentándose a la vida, es decir, a la sociedad sin llegar a establecer polos irreconciliables”</p>
<p>Y completamos nosotros: No es necesario que el escritor se convierta en un revoltoso político, sino que descubra, revele la verdad, sin olvidar, que a partir de un mensaje humano, puede desentrañar la realidad que se oculta, la belleza que se pisotea, los valores que se pudren y lo peor, la libertad que va como el tango, fané y cuesta abajo si nosotros no hacemos algo por ella. De esta manera, comprometidos, celebramos también los 20 años de la creación del Círculo de Escritores de Venezuela, cuya relevancia en la historia literaria de este país es conocida. El Círculo de Escritores es una Asociación Civil sin fines de lucro creada con la misión de reunir a los escritores para conocer, estudiar, investigar, promover y divulgar sus obras, ideas y proyectos; propiciar la investigación y creación de una base de datos de los autores y libros publicados; promover la incorporación de escritores venezolanos y de otros países Establecer alianzas con Casas de Estudio, Asociaciones culturales, Academias, Ateneos y Organizaciones Culturales, con la finalidad de crear proyectos conjuntos y en líneas generales, proyectar la literatura venezolana e hispanoamericana, realizar foros, talleres, encuentros y seminarios en torno a temas de interés nacional e internacional, mantenerse atentos a la estética y ética de la escritura y ser un punto de referencia de la libertad y defensa de los derechos humanos. Estas condecoraciones que hoy se ofrecen: la Medalla Internacional Vicente Gerbasi, que  recibirá el poeta Armando Rojas Guardia fue creada hace algún tiempo y la han recibido autores de la talla de Lucila Velásquez, la Medalla Internacional Lucila Palacios, ofrecida a Arturo Uslar Pietri y Elizabeht Shön, se le otorgará al narrador Francisco Suniaga. Este año se creó la Medalla Internacional Tomás Polanco Alcántara, que recibirá el Biógrafo e Investigador, Carlos Alarico Gómez. Alegrémonos por las condecoraciones, por la Orden al Mérito Institucional del Centro Cultural Chacao, por el Reconocimiento a nuestra amiga, la poeta Ligia Colmenárez y por <strong>Los Predios de la Mirada. </strong>Un abrazo y muchas gracias.</p>
<p> Magaly Salazar Sanabria, Magister en Literatura, poeta, ensayista y profesora universitaria, con extensa obra publicada. Directora de Relaciones Institucionales del Círculo de Escritores de venezuela.</p>
<p>.</p>
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